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domingo, mayo 24, 2026

Pavlov … entre lo mediático, lo kitsch y lo solemne

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¿Parodia, policial o sátira? Tres preguntas que nos plantea la obra. Con reminiscencias del policial negro pues se indaga sobre el por qué del crimen. Del “comics” toma la idea para una imagen visual de los personajes. Un tinte realista en tono de melodrama kitsch es lo que mejor define la puesta de Luis Caram (director gral.) y Miguel Astudillo (director de arte).

Podríamos comenzar por otorgar puntajes a distintos aspectos, pues hay en “Pavlov, 2 segudos antes del crimen” de Gustavo Ott, estrenada por El Retiro Producciones el pasado viernes 18 de junio, diversidad de condimentos dispares dignos de análisis. Primero que nada, debo aludir al impacto mediático buscado por el elenco salteño. Se instaló una imagen de un actor capaz de convocar a la prensa en un hotel lujoso con vestiduras sobrias y elegantes, mientras lejísimos de todo el mundo quedó la imagen del actor al que le “cabe la onda” de “paz y amor”, según el malogrado imaginario popular. Lo mediático les dio la oportunidad de decir “aquí estamos” frente a una sociedad que no está preparada para bucear en sus vidas artísticas y considera al actor en una franja de pobres, trasnochados y alocados, alimentados por una suerte de fanatismo zen. O que piensa que los padres de un Colegio de Salta – amateurs- son los únicos que pueden montar una obra “cara”. Doy un sostenido aplauso a este considerando del equipo.

En este juego de valores, los realizadores echaron mano a la paradójica búsqueda de fama frente al característico bajo perfil del actor de teatro independiente con elementos que son parte del mismo universo del elenco: “estos que ven aquí también actúan en lo de Lucrecia Martel” mas nadie lo sabe. ¿Será porque Martel, cineasta salteña, en definitiva, se ocupó de buscar protagónicos en actores, también mediáticos y de cierto status televisivo? Pero qué interesante para un trabajo de sociosemiótica.

La puesta así, logra su cometido: genera interés y despierta intriga hasta esos 2 segundos antes del crimen.

Buenos ejemplos. Mujeres de radio

Quiero reivindicar a dos mujeres de la radio: Luisa Delfino y Ana María Parodi.

Luisa Delfino formateó un programa exitoso que paseó por las mejores radios porteñas bajo el título “Te escucho” , programa de autoayuda, en el que abordó en sus comienzos temas de la época en el que surgió (los 90’) como la jpg_hi_4-40.jpganorexia, la bulimia, la violencia familiar, la obesidad, el adulterio, el alcoholismo junto a otras adicciones con el slogan «yo no lo puedo superar» y también trató el sida. Luego se fue reorientando en base a los conflictos sociales y cosechó muchos elogios.

Y qué mejor que una gran actriz nuestra, que entre sus costados sociales fue locutora de radio durante aproximadamente seis años, para testimoniar el otro costado del planteo de la obra «Pavlov, 2 segundos antes del crimen» . Me refiero a Ana María Parodi quien en una entrevista del año 2003 con «La opinión de la gente», comentó que vivió una experiencia muy fuerte, entrevistó a gente de todos los días, a gente con HIV, a gente desesperada, a suicidas, a gente agradecida, entre otra, y que logró formar una gran familia con todos los oyentes. Parodi pudo transmitir belleza y poesía, rescatar valores e intercambiar respeto. Logró, entre otras cosas, formar un grupo de voluntarios para visitar presos y asistirlos en su soledad. El entrevistador le pregunta qué opina sobre los programas de radio y la actriz-locutora contesta: “algunos me dan pena, otros vergüenza, en general indignación. Con esto no digo que todo, absolutamente es malo. No, algunas cosas se salvan pero en general hay un relajo, un descuido, una falta de profesionalismo o una vulgaridad deliberada que asquea e indigna. En las radios he escuchado mala dicción, estupideces sin sentido, bromas de mal gusto, se inventan programas o espacios para vender publicidad con un contenido lamentable».

Luisa Delfino, en una entrevista para un medio gráfico, también apuntó que la mala calidad de algunos programas, la indignaban y que se daba cuenta que se jugaba con la necesidad de la gente.

En ambas actitudes de indignación de las dos conductoras, se realza el aspecto resaltado por Ott sobre la bajeza de ciertos programas radiales.

Pavlov, dos segundos después

La puesta se lleva seis puntos. El anclaje de la obra está puesto en un programa radial que conduce una locutora de nombre Amada de la noche, encarnado por Miriam Díaz. Curiosamente, no es una parodia, quizá un jocoso entrecruce de lo real “rial” en el dial, especie de salvadorismo hipócrita que más que rescatar a la audiencia de sus problemas, les da más problemas jpg_hi_4-39.jpg– y por ello quieren matarla- con la intención de salvarse a sí misma y a su co-equiper (Eduardo) para seguir alimentándose de la miseria. Vivir de los demás. No hay un jaque mate al mal periodismo pues Amada es una locutora que está más cerca de Ashira y Ludovica Squirru que de una Luisa Delfino, por ejemplo. Tira cartas y juega a la astróloga, suerte de adivina del futuro. Hay algo de lo esotérico y del fetichismo, como especie de “bastones” que necesita el oyente para soportar su vida.

En mi opinión, Miriam Díaz se deconstruye a sí misma con su actuación al desengancharse de viejos papeles actorales que la llevaron por el teatro barbeano o por la poética de la levedad. Hace poco vi a Beatriz Spelzini hacer un grandísimo papel en la obra “Rose” sólo de sentada, o a los actorazos Juan Palomino y Raúl Rizzo llevar adelante “La tentación” sin moverse de la silla. El estatismo como movimiento dramático es encantador, a mí me fascina; creo que el oficio de Miriam le permite sostenerlo, aunque este no sea el mejor papel de su carrera, pero lo logra.

Frente a una quietud de primer momento en el que el ritmo de la obra parece estancarse con una escena que coquetea con el realismo que apela a la torpeza policíaca, momentos en que uno preferiría huir del teatro, aparece Carolina Beltrán (Consuelo, la madre de Mauricio), cuyo personaje es el mejor llevado de la obra. Su peluca, su vestimenta, su voz, su registro, da con la propuesta de los directores. Y muy cerca de este registro, Belén Carballo (Pili, secretaria del Inspector), se deshace en autoerotismo y condimenta la densidad del paquete dramático, con halo trágico, de “Pavlov”. Bernabé Bustos (Mauricio), en momentos de la obra, logra dibujar mejores planos que al comienzo y su performance se revitaliza en dirección al armado de su personaje conspirador. La confesión de Guido Núñez (Paco, el Inspector) a Amada, lo coloca en mejor sintonía con su calidad actoral y rompe el envase del bruto uniformado de un primer momento. Joti Hernández (Eduardo), termina de componer este espectro de actores. Con respecto a los personajes de «sombra 1 y 2» (Sarapura y Aguierre) creo que no eran necesarios dos actores para vestir la escenografía. En un sentido participativo, está okay, no así en el plano artístico.

Por momentos, «Pavlov» nos deja un margen para que veamos un estilo almodovariano como el de “Los abrazos rotos” , especie de melodrama con estética kitsch, la mejor comparación que podemos ofrecer de esta obra.

En cuanto a la música, Manu Chao no entona muy bien con el «tipo» de obra y porque nos instala en otro espacio, descontextualiza, pero el trabajo de compaginación de sonidos y voces es adecuado y llamativo.

Falta develar aún – quizá coser los hilos de la transposición- la relación entre el pasado al que nos conduce la obra (década del 50 o 60) hasta la actual, en la que el grupo confronta con la manipulación de los medios. Me parece que debieran quedarse con la historia que, sustentada en el pasado de esos años, nos permiten mirarnos como sociedad hoy y preguntarnos si estos esquemas de comunicación enfermos han variado, se han fijado o simplemente, se ha vuelto una masa caótica de seres solitarios buscando refugio en chantas.

“Pavlov” no impresiona pero tampoco defrauda. Es una obra digna de ver, con matices, vaivenes y una destacada escenografía con buenos recursos de montaje. El vestuario sigue un look vintage con toques en accesorios, en el decorado y en las piezas de utilería donde hay una combinación estética exquisita. Me quedo con una hermosa frase del actor Luis Caram, director de la obra, cuando me dijo: «la función número 1 y la número 35 van a ser las mismas porque llego al estreno para que todos disfruten del nivel alcanzado en la primera».

– Foto 1 de Paco comunicándose con Amada (Salta 21); foto 2 Luisa Delfino (web) y foto 3, escenografía, antes del inicio de la obra (Salta 21).

– Notas relacionadas:

Imperdible estreno de «Pavlov, 2 segundos antes del crimen»

http://www.salta21.com/Imperdible-estreno-de-Pavlov-2.html

Miguel Astudillo con Pavlov, 12 horas antes de la cita en el Hotel Design Suites

http://www.salta21.com/Miguel-Astudillo-con-Pavlov-12.html

«Pavlov, dos segundos antes del crimen» llega en junio

http://www.salta21.com/Pavlov-dos-segundos-antes-del.html

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