El viernes 15 de julio, a las 19.30, en la Biblioteca Provincial Dr. Victorino de la Plaza (Av. Belgrano 1.002), se realizará la presentación del libro “Crónicas de Salta” de Francisco Centeno.
Se trata del quinto título de la colección “Biblioteca del Norte” que fue declarada de interés educativo por el Ministerio de Educación de la Nación y de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta.
Esta Colección, que impulsa la Fundación Dr. Atilio Cornejo, tiene como fin la investigación, edición y difusión de las letras del norte argentino.
Se propone fortalecer y poner en circulación al alcance de todos, obras-clave de ese patrimonio. Proyecta la edición de libros fundamentales (cuento, novela, ensayo, biografía, crónicas, libros de viaje, antologías poéticas, libros de arte, guías, y todo otro material representativo) y, en particular, la reedición de aquellos que pueden considerarse los clásicos del norte, de interés no sólo para la región sino para el país y el lector sin adjetivos.
Francisco Centeno nació en Salta en 1862. Autodidacta, confiesaba “no haber pisado los umbrales de colegios superiores ni de universidades, ni recibido lecciones de sabios profesores”.
Trabajó en el campo con su padre y, a su muerte, tuvo que ser “almacenero, mayordomo de estancia, curtidor de suelas”. Luego viajó a Buenos Aires para ilustrarse “y salir de una ignorancia vergonzosa”. Para costear el viaje, por encargo del gobernador llevó para el Jardín Zoológico “un leoncito indomable que no comía ni quería agua y un osito hormiguero al que alimentaba bien”.
Consiguió empleo en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, donde llegó a director del Archivo, Biblioteca y Mapoteca, cumpliendo su tarea “con patriotismo y animosa decisión” hasta que se jubiló en 1916.
Donó sus libros y archivo personal al Convento de San Francisco de Salta, en cuya biblioteca se leía: “La liberalidad del ilustre varón ─Francisco Centeno– enriqueció esta biblioteca”. Pero al final de sus días, afirmaba: “Yo no solamente sé escribir historia, sé esquilar ovejas, talar bosques de quebracho colorado, domar potros redomones, enlazar haciendas bravas”.
Testigo privilegiado de su época, las páginas dan cuenta de personajes como Aarón Castellanos, Francisco J. Ortiz, Victorino de la Plaza; y de hechos como la invasión de Felipe Varela, los llaneros de Colombia en Salta o un curioso conflicto entre el Estado provincial y la Iglesia, llamado “de las campanas”.
Murió en Buenos Aires en 1944.
