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miércoles, julio 28, 2021

¿Y los que no llegaron de los barcos…? Argentina y Les Luthiers

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La República Argentina, país en el que viví entre 1964 y 1968, es un lugar maravilloso. Ha sido capaz de producir a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Daniel Baremboim, Martha Argerich, Julio Bocca, Quino, Fontanarrosa y Les Luthiers, pero también a Juan Domingo Perón y Evita, los Kirchner y Alberto Fernández, el genio que creyendo que citaba a Octavio Paz, de quien no debe haber leído ni el nombre en el lomo de un libro, dijo: “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos. Y eran barcos que venían de Europa. Así construimos nuestra sociedad”.

En realidad lo que dijo lo plagió sin saberlo fue la letra de una canción no muy afortunada de un cantautor argentino llamado Litto Nebbia, tampoco demasiado afortunado. En realidad, Argentina es un gran país que tiene muy mala suerte. Un gran país en lo intelectual con muy mala suerte en lo político, especialmente desde que cayó en las garras de un militar irresponsable y populista, casado con una mujer de no muy buenas costumbres que se creyó salvadora de los pobres y logró el antimilagro, muy populista por lo demás, de arruinar del todo a un país que parecía destinado a la prosperidad, y lo estaba a la miseria. Esa mala suerte también se manifiesta en la inconsciencia de su clase alta, que parece creer a pie juntillas lo que dijo el pobre Alberto Fernández de que ellos “llegaron de los barcos” y por tanto son muy superiores a los demás, lo que generó el resentimiento de los “cabecitas negras”, los que llegaron también en barcos, aunque en tercera, o salieron de la selva o de la pampa, y no tenían (ni tienen) riquezas y veían (y ven) cómo se les negaban (y se les niegan) los derechos más elementales, por lo que bastó con que el tal Perón les hiciera un guiño para que cayeran en garras del populismo que ha terminado por secar Argentina. Secarla en lo material, porque en lo intelectual, pese a todo, sigue siendo un lugar excepcional y capaz de producir gente excepcional.

Entre esa gente excepcional hoy quiero destacar al grupo “Les Luthiers”, verdaderos genios del humorismo de buen gusto, cuyo trabajo conocí prácticamente cuando empezaron, hacia el final de la década de 1960. En esa década hubo un notable aumento de la música coral en las universidades argentinas, y en la Universidad de Buenos Aires había coros en todas las facultades. El de la Facultad de Ingeniería, que contaba con estudiantes tanto de ingeniería como de arquitectura, era especialmente bueno. Era normal, además, que se hiciera humor musical.

En septiembre de 1965 en el VI Festival de Coros Universitarios en San Miguel de Tucumán, un grupo de estudiantes presentó un espectáculo de música de humor que habían preparado por algún tiempo, y en el que intervenía un conjunto orquestal de instrumentos completamente novedosos, inventados y construidos por ellos mismos con materiales sencillos. El conjunto estaba compuesto por un solista, un pequeño coro y los mencionados instrumentos musicales no convencionales, y la obra estrenada se llamaba “Cantata Modatón”, compuesta por un estudiante de arquitectura llamado Gerardo Masana, del coro de la Facultad de Ingeniería-UBA que además era el inventor de casi todos los instrumentos no convencionales –que bautizó como “instrumentos informales”– junto con el luthier y músico bonaerense Carlos Iraldi. La música parodiaba la Pasión según San Mateo, BWV 244, de Johann Sebastian Bach, al más puro estilo de las cantatas barrocas, pero la letra estaba tomada del prospecto de un laxante (tiempo después le cambiaron el nombre a “Cantata Laxatón”, debido a que se prohibía usar nombres comerciales fuera de anuncios de propaganda. La presentación fue un rotundo éxito y tanto los asistentes como la crítica en periódicos y revistas de música elogiaron la originalidad, humor y rigor de la obra. Había nacido el grupo “I Musicisti”, integrado por Gerardo Masana (Johann Sebastian Masana), Carlos Núñez Cortez (Karl Mendelejeff Núñez), Guillermo Marín (Wilhem van Marín), Jorge Maronna (Georg Welf Maronnen), Daniel Durán (Joe Face Durante), Horacio López (Criptoballenato López), Raúl Puig (Hans Fritz Kurt von Puch), Marcos Mundstock (Mancupelánimas McCormick), Daniel Rabinovich (Simje Berl Rabinovich), y Jorge Schussheim (Giorgio Dichterliebe Winterreise). Un año después el grupo se dividió: Masana, Maronna Mundstock y Rabinovich se separaron y formaron “Les Luthiers” y los demás quedaron como “I Musicisti”, pero no por mucho tiempo. Carlos Núñez finalmente se incorporó a “Les Luthiers” y el grupo “I Musicisti” desapareció a fines de 1968, aunque en 1970 hubo un intento fracasado de resucitarlo.

Con la incorporación del director coral Carlos López Puccio y Ernesto Archer quedó definitivamente el grupo como un septeto. En noviembre de 1973 murió Masana, a los 36 años, a causa de una leucemia, y el grupo, convertido en sexteto, se consolidó, aunque necesitó someterse a terapia de grupo por mucho tiempo. Tiempo después Archer se separaría y “Les Luthiers” quedó conformado como quinteto, el más exitoso en su género en Argentina e Hispanoamérica. Pronto sería por muchos años el conjunto más exitoso del mundo en su género, asociado con el humorista Fontanarrosa y cercano al célebre Quino. Pronto apareció un personaje formidable que los acompañaría siempre: el célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero, “autor” de la mayoría de las obras que aparecen en sus presentaciones.

En 1986 el grupo se presentó con notable éxito en el Teatro Colón de Buenos Aires, y poco después ya era ampliamente conocido en toda la América hispanoparlante y en la propia España. Con el tiempo se presentaría con Baremboim, Argerich, Bocca, etcétera, y grabaría una cantidad enorme de discos y de programas.

Finalmente, la muerte de Rabinovich y de Mundstock y el cansancio de los otros hizo que el grupo desapareciera, pero no sin dejar una estela inolvidable. No mucho antes de mi salida de Argentina, que fue en febrero de 1968, vi por vez primera “I Musicisti” en televisión, y años después, en 1975, Pilar Medina, prima hermana de Natalia y dueña de un notable sentido del humor, me regaló dos discos de “Le Luthiers”, que ya eran francamente exitosos en Buenos Aires. En uno de ellos estaba la Cantata Laxatón, y en el otro el área de “opera” “Voglio entrare per la finestra”. En esos días tuve varias reuniones con importantes músicos académicos con la idea de formar una orquesta de cámara, y no pude con la tentación de hacerles oír la “Cantata”. Desde el principio todos quedaron impresionados. Era Bach, pero nunca habían oído esa obra. Cuando empezaron a sonar los “instrumentos informales” se desconcertaron del todo, y cuando oyeron los textos, “extraídos del prospecto de un conocido producto medicinal”, se desternillaron de la risa, tal como ocurrió en la “opera”, que encontraron levemente mozartiana.

Poco después el exitosísimo conjunto se presentó en el Teatro Las Palmas, en Caracas, y tuve oportunidad de disfrutar a carcajadas de sus ocurrencias y conocerlos personalmente, pues yo era Inspector General de Espectáculos Públicos del Distrito Federal. Desde entonces me he contado entre sus más fervientes admiradores, y he lamentado mucho que su país, del que también he sido y soy admirador, haya tenido tan mala suerte en lo político y haya caído en manos de personajes tan deleznables como los Kirchner y el que se puso en ridículo con aquello de que “los argentinos, llegamos de los barcos”. Un chiste barato que “Les Luthiers” jamás habrían utilizado en sus espectáculos.

– Por Eduardo Casanova

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