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martes, noviembre 24, 2020

A punto de culminar una etapa importante

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Ninfa, de corte experimental, estrenada el 3 de marzo por el grupo Kurlis Garlan recuerda a esa suerte de nihilismo en la que el hombre es un puente, la producción de un movimiento circular que no conduce a ninguna meta más que a la superación por la superación misma. Globo, estrenada en la misma sala el 4 por el Grupo Santa Rita de Rosario de Lerma, produce ese aire de frivolidad ante la muerte pero deja una luz de esperanza hacia el sentimiento del amor. Aquí, un breve comentario crítico y reflexivo del teatro que se ve en Salta apenas inicia el año, una manera de pintar la humanidad presa de falta de valores. El próximo fin de semana, los salteños podrán asistir a ambas obras en la Sala Mecano de Casa de la Cultura y sacar sus propias conclusiones

El horror de Facebook

Con mucha resistencia y miedo a lo nuevo (neofobia: se refiere al miedo irracional, anormal y persistente hacia algo nuevo).

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Si recordás a Javier, el personaje gay de “Resistiré", era él. Actuó en “Padre coraje”, en “Vidas robadas” y en “Dulce amor”, entre tantos programas televisivos. Trabajó en dos películas de cine. Su último film fue “Soldado argentino sólo conocido por Dios” (2017), largometraje inspirado en la Guerra de Malvinas. Carpintero, placero, colectivero de oficio (por su padre), del cual se enorgullece… multifacético. Nació en Quebec, Canadá, el 9 de abril de 1977 y al año y medio de edad, llegó con su familia italiana a Buenos Aires. Se alejó de su explosiva imagen de galán con el Conde de “Floricienta” hasta casi llegar a las antípodas: el anonimato y el silencio. Aunque parece imposible pasar desapercibido. Hoy, a km de “explotar” su aire a Pergolini, se busca a sí mismo y se destaca en su oficio de ser padre. Su perfil dramático creció notablemente y su nombre resuena entre los artistas más buscados. El actor subirá a escena este jueves en el Teatro del Huerto a las 22 hs. con “La Ratonera”, junto a un elenco de primer nivel.

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El primer detalle positivo de la labor del conductor Eckhardt fue la formación en grupos de tres (violín, viola y violonchelo) para la obra de Bach. Cuantitativamente así se hacía el barroco en la época del autor. Un segundo detalle es el impecable manejo del clásico estilo piano-forte.

Salta, jueves 4 de abril de 2019. Iglesia de San Alfonso. Orquesta Sinfónica de Salta. Director Invitado Eduardo Agustín Eckhardt. Johann Sebastian Bach (1685-1750): Concierto de Brandenburgo nº 3 en sol mayor BWV 1048. Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): Sinfonía nº 25 en sol menor K 183. Ludwig van Beethoven (1770-1827): Obertura Egmont op. 84 en sol mayor.

El concierto estaba programado para las 20.30 horas. No pudo ser. La feroz tormenta que se abatió sobre el centro de la ciudad impidió la llegada de músicos y público razón por la cual el inicio recién se dio poco más de una hora después. Si bien el detalle es exógeno en función de la música ofrecida, adquiere trascendencia cuando observamos que la iglesia finalmente fue colmada, seguramente por el atractivo programa pero también para apreciar la calidad de un joven salteño que está a punto de llegar al primer punto importante de su carrera.

La música de Juan Sebastian Bach, una de las columnas del edificio sonoro de occidente, es realmente inigualable en su inocultable belleza, su cualidad formativa es cima del arte musical. Su ejecución requiere un alto nivel de exigencia fundamentalmente cuando la formación interpretativa es de tipo camarística. ¿Por qué? Pues porque quienes integran el “ripieno” deben exhibir lo necesario para brindar impecable afinación y ajuste casi perfecto en su fraseo porque de lo contrario el error es muy evidente. Esto no ocurrió lo cual habla bien de intérpretes y director en lo relativo a la breve preparación que tuvo. El tercero de los seis conciertos brandenburgueses contiene un potente e incisivo allegro, una maravilla del contrapunto; luego un raro adagio de solo dos compases para terminar con otro allegro en tiempo de danza.

Luego llegó la Sinfonía nº 25 del genio de Salzburgo como se le llama a Mozart. Fue compuesta a los diecisiete años, en muy pocos días, lo cual desnuda como detalle sorprendente que a esa edad ya había escrito veinticuatro obras de género similar. Entre los años 1773 y 1774 el autor compuso siete sinfonías de carácter social o sea destinadas a un público ávido por la obra nueva y Mozart buscaba permanentemente llegar al agrado de ese público de su ciudad natal. Sin embargo y no está claro el porqué, la tonalidad elegida: sol menor, representa cierta dramaticidad en el lenguaje sonoro. Su allegro es sencillamente espectacular y se hizo famoso cuando fue la música que se oye al inicio del notable film “Amadeus” de Milos Forman fallecido el año pasado. Ese “allegro con brio” es tan atrapante que casi deja en un plano inferior al resto de la sinfonía aunque también tiene lo suyo.

Finalmente la irreprochable lectura de un dramático Beethoven. Su obertura Egmont, música incidental para la tragedia de Göethe, escrita en sol mayor tiene pasajes oscuros de corte épico pues está relatando precisamente el drama del protagonista que lucha contra la injusticia que le produce la persecución de los protestantes españoles que además de negarle un juicio justo, lo humillan hasta la muerte. Sin embargo al final, aparece el espíritu triunfal con explosivos pasajes orquestales. La elección del tempo, la marcación de esperables acentos y un volumen expresivo fueron el escenario adecuado para una página que exalta la victoria moral del caballero Egmont. Por cierto, con una orquesta grande, el resultado sonoro es más poderoso pero siguiendo con la idea original, la interpretación a mi entender persiguió la intención de mostrar cómo sonaban las obras en los tiempos en que fueron escritas. Para Bach once músicos, para Mozart veinticinco y para Beethoven treinta y cinco. Dos palabras mas sobre el repertorio: destacables el concertino Aleksandre Urushadze y los solos del oboe de Emilio Lépez Alonso.

El primer detalle positivo de la labor del conductor Eckhardt fue la formación en grupos de tres (violín, viola y violonchelo) para la obra de Bach. Cuantitativamente así se hacía el barroco en la época del autor. Un segundo detalle es el impecable manejo del clásico estilo piano-forte por parte de la orquesta y el destacar, en el sonido global, una novedad en la época de Mozart al incluir cuatro trompas a contrapelo de lo acostumbrado a fines del siglo XVIII. La labor del joven director no se limitó solo a conducir y muy bien, las diferentes formaciones para cada compositor sino que realizó una pormenorizada información de corte pedagógica para el público. Con sencillez poco habitual pero con profundo conocimiento del material que tenía entre manos, ayudó a que el oyente disfrute realmente de cada una de las obras del atractivo repertorio. Que los grandes maestros no lo hacen? Es cierto, pero a Agustín no le quedó mal y de paso le contó al oyente que sus estudios musicales no son de orden superficial sino que buscan bucear en las profundidades para encontrar los significados de cada obra.

Me voy a permitir repetir lo que dije en otra oportunidad. Charles Munch, el legendario director de la Sinfónica de Boston y creador de la Orquesta de París, solía decir: “…el resultado final de un concierto depende de la orquesta, pero todo lo hecho previamente depende exclusivamente del director cuyo éxito no surge de la belleza de su gesto sino de los elementos del arte musical, los que deben ser transmitido a los músicos con absoluta claridad durante el período de ensayos”. El repetido e infrecuente agradecimiento del joven conductor a los músicos por su entusiasmo, su entrega, sus aportes individuales y de conjunto, son pruebas de que Agustín cumplió la afirmación del maestro Munch.

Agustín Eckhardt está finalizando sus estudios en el Conservatorio Statale di Musica Giuseppe Verdi de la ciudad de Turín (Italia). Está terminando el primer tramo de una difícil profesión que a su vez es el inicio de su carrera musical. Tiene un excelente profesor en dirección orquestal: el maestro Mario Lamberto. No sé dónde llegará, pero estoy convencido que su destino está en un plano de jerarquía.

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