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lunes, septiembre 26, 2022

Buen nivel narrativo y poético en los premios literarios provinciales

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Ironía, ritmo e interés en los cuentos de “Feria Americana”, de Carlos Müller. La novela “Lluvia” de Roberto Acebo crea un mundo entre real y fantasmático desde lo onírico. Buena poesía, pero bajo nivel en teatro, ensayo y literatura infantojuvenil.

Como cada año, en este 2009 los resultados de los Concursos Literarios Provinciales despertaron interés y expectativa en el mundo de las letras y la cultura de Salta.

Carlos Müller y Roberto Acebo tienen una trayectora destacada en la literatura provincial y regional, con mayor vuelo en el campo de la narrativa -donde ahora obtienen el premio máximo en cuento y novela-, pero también con interesantes incursiones en poesía y ensayo. Estos premios consolidan ese rango, los ratifican en el canon y ayudan a difundir sus obras. (Cabe, quizá, por parte de los creadores salteños, un merecido homenaje a profesores de literatura como la querida y recordada María Teresa Polanco, porque ellos dan a conocer a los alumnos no sólo a Kafka y a Borges sino también a escritores de la provincia y la región)

En los galardones de poesía otorgados este año, los integrantes del jurado han destacado el nivel estético de un creador que ya ha forjado una sólida línea poética, como es el caso de Mario Alberto Manuel Vázquez, quien obtuvo el Primer Premio para Autores Éditos. Pero también señalaron valores destacados en las poesías de Darío Alfredo Villalba y le otorgaron un premio Accesit a sus obra Consideraciones.

En la decisión de premiar a Müller, Acebo, Vázquez y Villalba hubo unanimidad en el criterio aplicado por Ana Gloria Moya, Eduardo Robino, Miguel Espejo, Norma Ester Pérez y Zulma Palermo.

Pero los miembros del jurado, en cambio, no encontraron mérito suficiente en los trabajos presentados para aspirar a los galardones para Autores Inéditos, Ensayo, Teatro y Literatura Infantojuvenil. Estos premios fueron declarados desiertos.

Lo que dijo el jurado de las obras premiadas

De “Feria Americana” , obra de Carlos Müller que ganó el primer premio en cuento:

“Feria Americana encuentra con cierta pertinencia el ritmo necesario y propio de la narrativa breve y las historias contadas ponen en juego lecturas previas y “paisajes imaginarios” logrados. La utilización de un cierto grado de ironía, da mayor interés a algunos de los relatos, línea en la que la escritura se mueve con comodidad, particularmente al señalar los excesos y carencias de prácticas culturales y académicas en circulación. Es por ello más que pertinente la alusión inscripta en el título del volumen”.

De “LLuvia” , obra de Roberto Acebo, que fue galardonada en novela:

“Esta novela construye un mundo entre real y fantasmático– concebido desde lo onírico- en el que las voces se entremezclan en una lógica ajena a la de la racionalidad diurna y a la de la apariencia ordenada– y ordenadora- de lo real. Escrita desde el discurrir de los personajes produce un efecto de fragmentariedad, revelando un muy amplio campo de lecturas de distinta procedencia– incluyendo al perteneciente al espacio local- sin que ello produzca el efecto de una narrativa intelectualizada y solipsista. A partir de esos espacios se ponen en juego interesantes reflexiones acerca de la escritura. Al no volverse sobre sí misma, esas recurrencias textuales llevan a que la novela se proponga, centralmente, como una lectura- escritura de una historicidad y de unos acontecimientos de la Argentina de las últimas décadas desde la perspectiva de un joven que los piensa y los padece como su propia tragedia. Este entramado se construye con una estética próxima al lirismo y se postula como una propuesta innovadora del género en la producción local”.

De la obra de Mario Alberto Manuel Vázquez, “Al borde del silencio” , primer premio en poesía para autores éditos:

“Se trata de un poemario de marcada tensión lírica, desde la construcción de cada texto hasta su organización pensada alrededor de una línea de sentido que da unidad a todo el libro. En él la palabra se percibe a la vez como borde de la escritura y de la vida; hacerse cargo del silencio, de la no- palabra, es estar al borde del dolor, de la tierra y la pertenencia a ella, del pasado (sin tornarse autobiográfico), del amor, del pensamiento, de las voces de los que se fueron. Al transcurrir por todos ellos va dando forma a una poética personal con significativos hallazgos expresivos. No es propiamente la metáfora la que da valor a este campo lírico, sino más bien la alusión, la inversión, alguno que otro apropiado neologismo y, fundamentalmente, el ritmo interior como determinante de la forma poética. Las reflexiones sobre el sentido de lo poético– sintetizadas en el último poema- encuentran cauce en todo el libro pero muy especialmente en el apartado “Al borde de las ideas”, momento en que emerge en toda su plenitud la palabra “flotante”, al borde de lo inasible.”

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