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lunes, septiembre 21, 2020

Camerata Lazarte y sus conciertos didácticos

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Jueves 12 de abril a las 18 horas en la Facultad de Ciencias Naturales de la UNSA (Avenida Bolivia 5150)

Nuevamente la Camerata Lazarte continuará con su “Ciclo de Conciertos Didácticos” en Salta con el estreno de la Versión Integral de los Quintetos para Cuerdas de Wolfgang Amadeus Mozart En la oportunidad interpretarán del Ciclo los Quintetos en Si bemol Mayor K 174, en Do Menor K 406 y en Do Mayor K 515 los violinistas Franco Ruiz Falci y Gerardo Solórzano, las violistas Isabela Lemos y Marina Jara y la violonchelista Valeria Buriek Parés con el Maestro Julio Lazarte en los comentarios. El concierto está auspiciado por el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Salta.

Los Quintetos para Cuerda de Mozart nos permiten seguir paso a paso la evolución de su arte desde los 17 años hasta su madurez. Dos de ellos son obras finales, y uno (el KV 614) fue terminado poco antes de su muerte, al igual que el Requiem o La Clemenza di Tito. También están aquellos correspondientes a sus años en Salzburgo (el primero de los Quintetos, el KV 174), a sus primeros años vieneses (Serenata en Do menor KV 388, transformada luego en el Quinteto KV 406,), y a su plena actividad en la capital del Imperio (los KV 515, 516 y KV 593).

Cuando, con diecisiete años, Mozart acomete su primer trabajo destinado a esta formación, el quinteto de cuerda como género recién se iniciaba. Durante el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI y de todo el XVII, la escritura a cinco voces gozó de amplio predicamento en el terreno vocal a través de las diversas escuelas madrigalísticas italiana, alemana e inglesa, con ejemplos señeros debidos a autores como Marenzio, Gesualdo, Monteverdi, D’India, Schütz, Schein, Byrd, Weelkes y Gibbons, entre otros.

Más de un siglo antes de Mozart, las composiciones para quinteto instrumental de cuerdas sin apoyo del bajo continuo alcanzan algunas de sus cimas de expresividad y equilibrio polifónico gracias al consort de violas, género que conoce un singular apogeo en la orgullosa Inglaterra del período isabelino. A mediados del siglo XVIII, el quinteto de cuerda – tal y como hoy lo entendemos – podía aún considerarse como una forma a medio camino entre la música de cámara y la orquestal. Los ensayos primerizos del italiano Sammartini y del bohemio italianizante Myslivecek difieren poco, en esencia, de las convencionales sinfonías para cuerdas. En otros casos, su carácter extrovertido y ligero, que lo diferencia del severo cuarteto de cuerda, tiende a aproximarlo al divertimento y la serenata.

En la década de los setenta del siglo XVIII, cuando Mozart comienza su incursión en este repertorio, la distribución instrumental de los quintetos de cuerda no tiene, en modo alguno, un carácter fijo o cerrado. Algunas composiciones hacen uso de dos violines, dos violas y un contrabajo mientras otras emplean tres violines, una viola y un contrabajo. Si en Viena y en otras ciudades centroeuropeas se establece el reparto por el que optará Mozart (dos violines, dos violas y un violonchelo), en Madrid Luigi Boccherini -el mayor creador de quintetos de la época, en calidad y cantidad, hasta la llegada del salzburgués- escoge por abrumadora mayoría, entre más de un centenar de composiciones realizadas, una plantilla integrada por dos violines, una viola y dos violonchelos.

El infrecuente modelo boccheriniano resulta fácilmente explicable: el propio compositor era un soberbio violonchelista que, para uso propio, necesita disponer de un amplio repertorio susceptible de ser interpretado por él en compañía del cuarteto de cuerda (dos violines, viola y violonchelo) de que disponía en el palacio del Infante Don Luis de Borbón, su patrono. Además, en 1784 Boccherini entraba en contacto con el entonces príncipe Federico Guillermo de Prusia que, asimismo gran violonchelista, sería destinatario de buena parte de su producción posterior. Relativamente alejado de las grandes corrientes de la música europea, Boccherini no crea una escuela o descendencia que prosiga su obra. Aunque muy apreciados por los medios aristocráticos, los quintetos de Boccherini estaban demasiado ligados a las condiciones particulares que los vieron nacer y al virtuosismo del músico como intérprete de sí mismo. En los últimos años de su vida, Boccherini escribe los Quintetos Op. 60 y 62 para un efectivo de dos violines, dos violas y un violonchelo. Es ése el modelo elegido también por Michael Haydn para sus tres quintetos de cuerda de 1773, probablemente las primeras obras maestras del género y espejo en el que se mirará el joven Mozart para escribir, aquel mismo año, la primera de sus seis obras destinadas a esta formación.

Si la predilección de Boccherini por el violonchelo era comprensible, también lo es la del salzburgués por añadir una segunda viola al tradicional cuarteto de cuerda, pues era este último instrumento el que Mozart tocaba habitualmente cuando participaba en veladas camarísticas. La página que inaugura el conjunto de los seis quintetos de cuerda mozartianos es el Quinteto nº 1 en si bemol mayor, K 174 y constituye, el trabajo de un músico todavía adolescente. El comienzo de la serie coincide asimismo, en la vida del salzburgués, con la composición de otras obras, en cierto modo, pioneras en su catálogo: el primer concierto para piano verdaderamente auténtico y el Concierto para fagot K 191, posterior en unos meses, a los que deben añadirse las Sinfonías K 200, 183 y 201, que según Halbreich vuelven definitivamente la página de la infancia mozartiana. El 17 de febrero de 1773 Michael Haydn, residente también en Salzburgo, concluía el primero de sus quintetos de cuerda para dos violines, dos violas y violonchelo, escrito en la tonalidad de Do mayor. Sólo tras conocer esta obra, en marzo del mismo año, el joven Mozart – de regreso a su ciudad natal tras el tercer y último viaje a Italia en compañía de su padre – decide acometer la escritura de un quinteto de cuerda para la misma formación instrumental, que concluye en el mes de julio.

Poco después, a comienzos de diciembre, Michael Haydn compone un nuevo quinteto, esta vez en Sol mayor, cuya escucha provoca en Mozart, muy permeable a la influencia de quien fuera amigo y habitual huésped de la casa paterna, la reelaboración de dos de sus movimientos. Así, reemplaza el trío del Minueto por una nueva pieza y modifica el Allegro final para enfatizar su componente contrapuntística. El resultado definitivo es una obra heterogénea, de naturaleza híbrida, a medio camino entre el espíritu ligero y mundano del divertimento o la serenata y el más consistente e introspectivo del genuino repertorio camarístico. Catorce años habrían de transcurrir entre la primera incursión mozartiana en el terreno del quinteto de cuerda y el conjunto de dos (los K 515 y 516) en los que se desdobla la segunda: un dúo de obras maestras, absolutamente memorables, fechadas en Viena a sólo un mes de distancia y que muestran la portentosa evolución que, en el lapso de apenas tres lustros, había experimentado el genio de Salzburgo.

El Quinteto en Sol menor, K 516 – “una de las obras más trágicas de Mozart”, en palabras de Rosen y probablemente la cima absoluta de toda su producción en este terreno – fue concluido el 16 de mayo de 1787, es decir un mes después que su hermano mayor el Quinteto en Do mayor, K 515, entre dos viajes sucesivos a Praga: el efectuado en enero-febrero de ese año, para la representación triunfal de Las bodas de Fígaro, y el que transcurre en octubre-noviembre con motivo del estreno de Don Giovanni. En todo caso, el carácter sombrío, atormentado y convulso que, por momentos, deja traslucir esta obra extraordinaria no fue consecuencia, como se pensó durante mucho tiempo, del desánimo provocado en su autor por la muerte en Salzburgo de Leopold Mozart, ocurrida el 28 de mayo. Más bien cabe atribuirlo al sentimiento de tragedia y dolor que el compositor atribuirá siempre a la tonalidad de Sol menor y que esta partitura comparte con las Sinfonías K 183 (1773) y K 550 (1788), el Cuarteto con piano K 478 (1785) o el aria de Pamina “Ach, ich Fühl’s, es ist verschwunden” de La flauta mágica.

El Quinteto nº 2 K 406 en Do menor es contemporáneo, como ya se ha señalado, de los Quintetos K 515 y 516 de 1787.

No sólo la más breve de toda la colección sino también la única que, aunque su perfecta configuración sonora apenas lo delate, no fue compuesta originariamente para cuerdas. En efecto, el hoy numerado como Quinteto nº 2 constituye la transcripción de una obra anterior, la Nachtmusik o Serenata para vientos en Do menor, K 388, escrita en Viena entre el 20 y el 28 de julio de 1782, pocos días después del estreno de El rapto en el serrallo. Esta composición para ocho vientos (dos oboes, dos clarinetes, dos trompas y dos fagotes) presenta únicamente cuatro movimientos, al modo sinfónico, prescindiendo de las secciones adicionales habituales en la estructura de otras muchas serenatas de estética galante. Así como el trabajo de reelaboración tímbrica efectuado por Mozart respecto a la partitura original es magistral, también lo es la propia sustancia musical de la serenata primigenia. Quizá el propio compositor pensara que la seriedad y densidad de la obra rebasaba lo acostumbrado en este tipo de músicas desenfadadas, interpretadas por lo general al aire libre. De ahí su empeño en realizar esta revisión que, respetando la serenata casi literalmente, reubica la obra original en el territorio cerrado, estricto, de lo puramente camarístico.

1 COMENTARIO

  1. Camerata Lazarte y sus conciertos didácticos
    Soy de Corrientes y tengo la suerte de formar parte de “Camerata Lazarte”, ya que cada concierto es una experiencia enriquecedora, única e inolvidable .
    El concierto didáctico realizado en la UNSA el día 12 de Abril iniciando el estreno de la obra integral para quintetos de cuerdas de W.A.Mozart fue muy gratificante y reconfortante por la actitud hospitalaria y el trato acojedor que nos ofreció la comunidad universitaria.
    Hubo una actitud social receptiva agradable y positiva por parte de los estudiantes ante los comentarios del Maestro Julio Lazarte quien los alentó a que se aferren a la vida y a los propósitos que en ella tienen como individuos que se respetan y valoran a sí mismos creciendo y desarrollando en si la cultura del esfuerzo y el trabajo,costumbres muy poco vistas en estos tiempos, pero en las cuales creémos los miembros de “Camerata Lazarte”. Es por eso que nuestro lema es “Espiritualizar a traves de la música”, porque amamos, respetamos y valoramos lo que hacemos convencidos de que es una labor que brinda posibilidades de progreso y oportunidad a todos los que participan en nuestras presentaciones.
    Ha sido muy emocionante para mi ver el interés la seriedad y responsabilidad con la que el centro de estudiantes de la UNSA se organizó para que la Camerata brindase un concierto en sus instalaciones, un grupo de jóvenes que abre puertas de posibilidades culturales diferentes e inalcansables para muchos es un grupo de jóvenes que marca una diferencia y merece ser respetado,respaldado e imitado.
    Muchas gracias por tan bella experiencia.
    Muchas gracias Maestro Julio Lazarte por tan incansable labor con la comunidad estudiante de nuestro país.

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