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miércoles, septiembre 23, 2020

Cine mutante, lo inusual en Nino, Cabeza de pescado

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La noche de los lápices, ¿41 años de un mito?

La Argentina necesita esclarecimiento, verdad, justicia, historia y memoria. Pero verdaderas. Emilce Moler, sobreviviente de "La Noche de los Lápices" fue secuestrada, torturada y liberada durante la última dictadura militar. Escribe el diario Crónica que junto a los otros jóvenes que hoy siguen desaparecidos, participó de las movilizaciones por el boleto estudiantil. "Los lápices, esta vez, escriben ¿dónde está Santiago Maldonado?", concluyó Moler. Sin embargo, ya en 2010, El Pregón se refería a "la corrupción moral que recorre la República Argentina desde que la progresía, las derechas y las instituciones esenciales del Estado se rindieron políticamente a la ofensiva mediática de una izquierda decidida a borrar de la Historia sus crímenes, se podría seleccionar, por su especial carga de cinismo y manipulación, el caso conocido como 'la noche de los lápices'.

Sala 8 del Cine Hoyts, algunos espectadores y gente de la organización de la XIV Semana de cine argentino. El frío y el ambiente oscuro de la sala, también coadyuvaron para ambientar previamente lo siniestro del film “Cabeza de pescado”. Estuvo July Massaccesi en la presentación.

La directora del film se definió a sí misma “tímida” pero dispuesta a responder interrogantes del público. Quienes la acompañaron nos relataron a los presentes que “Cabeza de pescado” obtuvo 6 premios en el V Festival de Cine Inusual: mejor dirección July Massaccesi, mejor actriz Ingrid Pelicori – que compartió con Laura Nevole (La virtualidad), mejor actor Martín Pavlovsky, mejor guión Fernando Barrientos y Edgardo Sosa, mejor edición Rafael Menéndez y el galardón a la mejor película argentina.

Al final del film, la directora expresó que ella quiso mostrar una historia de amor. Alejandro Arroz dijo que veía “algo del universo kafkiano”. Ambas apreciaciones, discutibles.

No creo que lo central del film sea una historia de amor. Me parece que la historia de amor es una mera anécdota del protagonista, Calvino, como consecuencia de la situación que vive. Es una línea de sentido secundaria originada en la enfermedad de Nino, que se desplaza sobre el mundo que lo rodea. El virus de la mutación enmarca a la historia de amor, a la adicción de la madre, Rosie, y a la enajenación de la abuela. Cada tema contribuye a crear un ambiente opresivo y de angustia al espectador, de tensión permanente que se elabora a través del registro de las imágenes. Es más, hay ausencia de historia. Es una película de situaciones en donde está el orden de lo simbólico, que nos permite asociar los ojos humanos con la mirada de los animales petrificados del taxidermista y con los ojos de las cabezas de pescado que comen cotidianamente. Y pertenece a una estética de lo siniestro. La tensión es permanente y provoca terror frente a lo inusual.

Lo futurista no convencional que difiere por ejemplo de “Corredor nocturno” se muestra a través de una deformación de la realidad, especie de “cristal” por donde puso el ojo la directora. La mirada, en la película, es una mirada aterradora sobre el mundo, que se ve cruel y desgraciado, acentuado por el blanco y negro en tonalidades diversas. El interior de la casa huele a viejo, y el interior del laboratorio del taxidermista huele a formol. En la calle, cuando se encuentran Rosie y Calvino, no se respira aire, falta el oxígeno. Por qué, porque late el temor a la infelicidad que se precipita, porque sigue siendo gris, porque no basta la dulzura del rostro de la actriz para inventarnos un mundo mejor. Como en “La carretera” , comienza a aparecer la idea de un mundo peligroso y devastado en donde extrañas criaturas mutantes han perdido su humanidad. Y paradójicamente, no hay futuro. Y diría más: los humanos son como las bestias petrificadas en un museo de ciencias naturales, sin vida. Son espectros. Si no, analicemos las potentes imágenes que desprenden las excelentes actuaciones de los actores protagónicos. O la idea de Nino, “ya no es Nino, ya no es mi hijo”. Todos son otra cosa, todos son mutantes.

En el film hay ausencia de metáforas. Lo que hay es desplazamiento. El virus de Nino puede ser desplazado hacia otro “virus” social como es la nueva forma de esclavitud, por ejemplo, la trata de blanca. Aparece el pseudo-capo-mafia para comprar un niño mutante como se compra una mujer, con fines distintos pero con medios similares. El comprador-traficante rezuma la idea del poderoso, trabajado desde lo gestual: sus manos en las declaraciones a la prensa son como las de los políticos actuales y sus ojos, tienen un gesto falso de humanidad frente al padre del “niño”. Es ambiguo y extravagante.

Para mí en “Cabeza de pescado” no “hay algo del universo kafkiano”. Lo kafkiano recala en lo absurdo del mundo. Lo sobrenatural viene dado por esa singularización del mundo, por esa actitud extraña, por esa percepción casi natural de lo fantástico.

Andrés Ugueruaga ssotiene que “lo kafkiano es el accionar del hombre sin atributos, en permanente y estéril diáspora por el mundo, accionando allí donde nada hay por hacer… Lo kafkiano es una aspiración o acción que de antemano carece de sentido. Es una aspiración o un hecho que jamás llega a consumarse, y en la que el hombre jamás logra entrar a su historia esencial. Lo sobrenatural jamás es explícito en lo kafkiano, más bien se explaya en eventos cotidianos, eslabonados, que finalmente dan cuenta de un hecho que a lo largo del libro es extraño y sobrenatural”. Bretón asoció lo kafkiano con el surrelismo, y quizá podría servir de ilustración para entenderlo como una categoría. Personajes extraños, complicados y siniestros, por ejemplo, no bastan para definirse como kafkianos.

Veamos un ejemplo en El Ángel Exterminador de Luis Buñuel:

“Al regresar de una sesión de la ópera de Donizetti Lucia di Lammermoor, el matrimonio Edmundo y Lucía Nobile ofrece a sus amigos una cena en su lujosa mansión. El mayordomo. Julio, pronto ha de hacer frente en solitario a todos los invitados, pues algo extraño parece suceder en la casa: una serie de diálogos se repiten y la servidumbre deserta de sus funciones y abandona el recinto. Pero, sobre todo, llegado el momento en que los invitados deberían despedirse tras haber escuchado una sonata de Paradisi, se sienten impotentes para salir del salón, sin que medie aparentemente ninguna razón. A la mañana siguiente el mayordomo les trae el desayuno y, tras unirse al grupo, tampoco puede dejar la habitación.

La situación se prolonga durante varios días, mientras la convivencia va degradándose. Uno de los presentes muere y es encerrado en uno de los armarios. Otro de estos sirve como excusado, y un tercero es aprovechado por Beatriz y Eduardo para amarse. En el exterior de la casa, declarada en cuarentena, se agolpa la gente con curiosidad, mientras en el interior se dan conatos de amotinamiento contra Nobile, a quien algunos culpan de lo sucedido. Hacen su aparición un oso, que no entra en el salón, y unos corderos, que son sacrificados para mitigar el hambre. Cuando la situación se hace insostenible y los descontentos buscan a Nobile para acabar con él, Leticia —a quien apodan ‘la Walkiria’ por su castidad— sale de detrás de unos cortinajes donde parece haber tenido relaciones con Edmundo y hace una propuesta. Pide a todos que se sitúen en la misma posición en la que estaban en el momento de producirse el maleficio, hace interpretar la misma sonata del inexistente músico Paradisi y, de esta forma, logran abandonar el recinto. En agradecímiento por haber salido de su encierro, el grupo se reúne de nuevo en una iglesia para celebrar un ‘Te Deum’. Pero, al acabar la misa, no pueden salir del templo, ante el cual cruza una manada de ovejas mientras se oyen disparos y disturbios en las calles” (Sánchez Vidal, 234).

Podría quizá entenderse que hay un pequeño periplo en Calvino al intentar conseguir el dinero para fugarse, por ejemplo, pero no hay verdaderas situaciones kafkianas. Aunque es cierto que los personajes de Kafka reunen universos esperpénticos.

En mi opinión la pregunta sobre esta inusual película es ¿puede constituirse en el nuevo cine argentino de terror?

Sin dudas, la directora con su ópera prima “Cabeza de pescado” llevó al paroxismo lo monstruoso desde diversos ángulos: un padre podría eliminar a un hijo con problemas (como ocurre con Gregor Samsa, en similitud argumental, que no basta para trazar un paralelismo; sí una intertextualidad), un traficante de niños mutantes que gana dinero en exhibiciones de riña, una madre que asesina al marido para salvar a la criatura, una abuela en calidad de vida vegetativa, un marido que apaga cigarrillos en los brazos de Rosie. Y todo ello, visto, quizá, como una forma de violencia en un mundo futurista, especie de cartografía del mal, con un fuerte componente fantástico.

1 COMENTARIO

  1. Cine mutante, lo inusual en Nino, Cabeza de pescado
    El mejor y más enriquecedor texto que he leído sobre esta original, pesimista y oscura película. Sin dudas este filme se transformará en una obra de culto a seguir. Imperdible.

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