El final, siempre es un concierto dado por los maestros y muchas veces, como en esta oportunidad, acompañados por los alumnos más avanzados.
Salta, martes 4 de octubre de 2011. Teatro Provincial Sala Victoria. Celina Lis (piano). Carlos Céspedes (clarinete). Clara Baez y Valeria Bekerman (flauta). Marcelo Mercado y Paula Daffra (oboe). Elenko Tabakov (corno). Fabián Contreras (fagot). Alumnos: Belén Funes y Juliana Sivila (clarinetes). Daniela Guzmán (oboe). Enzo Zuleta (fagot). Darío Galián (corno). Aforo 100%.
Las comúnmente llamadas “master classes”, a diferencia de las clases normales, son aquellas en que los maestros dictan a un pequeño grupo de estudiantes avanzados en alguna de las bellas artes. En este caso, la música y también en esta ocasión, dada por un grupo de maestros que cada tanto se reúnen en cualquier lugar de la Argentina o del exterior, para dictarlas. El final, siempre es un concierto dado por los maestros y muchas veces, como en esta oportunidad, acompañados por los alumnos más avanzados.
Luego de tres días intensos de trabajo en común, con una impecable organización liderada por Kelly Wayar, el trabajo terminó con un concierto camerístico de muy buen nivel. Comenzó con una breve página del flautista ucraniano Franz Doppler (1821-1883) casi un adelantado para su época, al menos en el dominio técnico de su instrumento. Después llegó Mozart (1756-1791) que escribió quintetos con piano con la particularidad que los instrumentos en este caso fueron de vientos y no de cuerdas. El escuchado es una muestra de su insuperable creación donde campean motivos de buen gusto y normas constructivas del clasicismo. Aquí vale la pena mencionar que tal vez el piano, a diferencia de la página precedente, debía haber tenido su tapa semiabierta para un sonido más parejo entre el tutti de los vientos y el sonido del teclado.
Malcolm Arnold (1921-2006) compuso música para cine, televisión, pero también obras sinfónicas. Curioso escuchar en un músico inglés algunos giros piazzolisticos, pronunciadas disonancias combinatorias lo que exigieron en sus nueve minutos de duración todo un arsenal instrumental en el máximo de sus posibilidades técnicas.
El final fue para el francés Gounod (1818-1893) quien a sus sesenta años se salió del lenguaje sinfónico aunque su influencia fue notoria al contar con los tradicionales cuatro movimientos de este género. Su Pequeña Sinfonía para un noneto de aerófonos no sólo tiene una técnica brillante sino que transmite un encanto especial.
Ya lo dije antes. La música de cámara jamás tendrá públicos masivos, fenómeno no local sino mundial. No contiene el atractivo del ballet, el concierto o la sinfonía, pero vale la pena estar en alguno o algunos de ellos pues la jerarquía de un ejecutante se puede apreciar con mayor precisión. Los vientos liderados por el notable Céspedes, con la inestimable compañía de Tabakov y el resto, mas el sabio aporte de Celina Lis, entregaron un sonido culto, técnica sólida, expresión fina sin malabarismos, arrogancias o rebuscamientos inútiles. Solo hicieron música, y de la buena.