Emotivo homenaje en memoria de Zenaide Lisi

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El dúo Tarta-Anderlini consiguió un equilibrio sonoro.

Salta, lunes 3 de diciembre de 2012. Sala de Pro Cultura Salta. Recital de Ana Cristina Tarta (violín) y Javier Anderlini (piano). Siete Danzas Rumanas de Bela Bartok (1881-1945). Sonata para violín y piano nº 10 op. 96 de Ludwig Van Beethoven (1770-1827). Sonata para violín y piano nº 1 op. 75 de Camille Saint-Saëns (1835-1921). Homenaje a Zenaide Lisi (1931-2002) con palabras de Agustín Usandivaras, Claudio García Bes y quien firma esta nota.

Zenaide Lisi dejó imborrables recuerdos a quienes tuvimos el privilegio de conocerla. Los calificativos que despertó siempre su irrepetible personalidad, son tantos que estas modestas líneas no alcanzarían para señalarlos. Hoy se cumplen diez años de su desaparición física y las autoridades de Pro Cultura Salta conducidas por su presidente Don Agustín Usandivaras resolvieron ofrecer este recital en su homenaje. Los artistas elegidos en la ocasión, están entre los que ocupan lugares de alto nivel en la música actual de Salta. La violín concertino Ana Cristina Tarta y el pianista Javier Anderlini, ambos miembros de la orquesta sinfónica local.

Mucho se podría decir de Bela Bartok, el primer autor de la noche. Baste solamente mencionar que no fue un negociante de la palabra “patria”, que fue un nacionalista incorruptible, que fue un libre pensador enemigo de cualquier tiranía, que los años treinta fueron un sufrimiento para él y su familia, que fue uno de los tres pilares de la música húngara del siglo XX. Como si hubiera sido una premonición, escribió en 1915 sus segundas Danzas Populares Rumanas de ritmos agitados, vigorosos, a veces lastimeros y finalmente festivos. Su ejecución debe ser virtuosística y Tarta con Anderlini cumplieron acabadamente con ello.

Luego un gigante. Beethoven. Todas sus sonatas, para piano o para combinaciones como el violín y el piano, sirven no solo para mostrar su “corazón al desnudo” -como dijo Baudelaire- sino como construcción formativa de músicos contemporáneos y posteriores. La visión de Tarta-Anderlini fue totalmente personal lo que implica valor y una lectura apasionada de una partitura que conlleva un aire profundo del ideario sonoro de la época. Impresionó vivamente un sentimental “adagio” que mueve a pensar en el recuerdo de amores que fueron.

El final una sonata del irregular Saint-Saëns. En este caso una obra formidable, sensible, aristocrática, que termina en un movimiento primero vivaz y finalmente en una exhibición de bravura incontenible. Quién ha leído sobre la obra de Marcel Proust “En busca del tiempo perdido”, habrá advertido que el literato habla de una sonata para violín y piano y hasta describe sus características. Hasta hoy no hay acuerdo acerca de si se trata de esta Sonata o una famosa de César Franck. Esta última es bellísima, pero la de esta noche no le va en zaga.

El dúo Tarta-Anderlini consiguió, no sin trabajo previo, un equilibrio sonoro, una muestra de unidad estilística, una mezcla perfecta de matiz y color, mas el dominio técnico necesario que solo hay palabras de elogio a despecho de algún problema del piano solucionado con solvencia manifiesta. La sala llena premió largamente la presentación y entonces el bis fue una breve página de Debussy. Zenaide bien homenajeada.

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