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jueves, octubre 22, 2020

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Después de encontrar cuatro niños desnutridos y aterrorizados bajo los escombros, Navi Pillay, alto comisionado para los derechos humanos de la ONU, recomendó abrir una investigación por crímenes de guerra contra Israel. La carpa funeraria.

– Por Donald Macintyre * Desde Gaza

En un pasillo de arena flanqueado por edificios en ruinas, la familia Samouni erigió ayer una carpa funeraria para llorar a 22 de los suyos caídos bajo el fuego israelí. Los cuerpos, arrastrados desde los escombros al cabo de 15 días, fueron hallados en estado de descomposición.

Fue el primer día en que los habitantes de Gaza pudieron volver a sus hogares, o lo que queda de ellos, desde el comienzo de la ofensiva israelí. La mayor parte de los sobrevivientes de la familia Samouni volvieron para ver si quedaba algo de su granja familiar, pero, al igual que la mezquita o el depósito donde estuvieron refugiados, sólo encontraron pilas de concreto destrozado.

Para Mousa Samouni, de 19 años y aun en visible estado de shock, volver significó la culminación de un horror que comenzó a las 7.30 am el 4 de enero. Esa mañana las tropas israelíes llegaron a su barrio, Zeitoun, al sur de la ciudad de Gaza, avanzando hacia la costa mediterránea bajo un fuego intenso, apoyados por la artillería y la aviación, en lo que fue una lluvia de bombas.

El joven, estudiante de contabilidad en la Universidad Al-Azhar, dijo que las tropas, al llegar, obligaron a toda su familia a abandonar su casa y les ordenaron dirigirse al depósito de enfrente, propiedad de Wael Samouni, vendedor de verduras. Entonces la ocuparon.

Ayer regresó, sólo para encontrar un lugar apenas habitable. Los soldados, además de dejar la comida de sus raciones tirada por todo el piso, derrumbaron las paredes, destrozaron los muebles y dejaron la ropa desperdigada por todos lados. En el piso de la cocina, Mousa vio el Corán familiar con las hojas arrancadas, completamente arruinado. En las paredes dejaron graffiti. “Los árabes tienen que morir”, “Fuera del Estado de Israel” y, en el marco del dibujo de una lápida, “Arabes: 1948-2009”.

Pero la casa al menos quedó en pie. Muchas otras construcciones, hacia el este, fueron demolidas con topadoras luego de que sus ocupantes huyeron de ellas. Eso fue lo que ocurrió con el depósito donde se refugió la familia. Puesto que pensaron que era seguro, comenzaron a trasladar a más miembros de su familia hacia él. Pero el 5 de enero el lugar voló por los aires alcanzado por misiles disparados desde los F-16. Mousa se desmayó con los ataques. Cuando despertó, su madre Rebab, 36, su padre Rashed, 42, y sus dos hermanos, Walid y Mohammed, estaban muertos, junto a otros 21 cuerpos, entre ellos un bebé de 5 meses.

Después del ataque se escapó, junto con su cuñada Maysaa, flamante viuda, hacia la casa de un tío en los alrededores, donde se encontró con otros 50 miembros del clan familiar. En el interior se topó con soldados israelíes que tenían maniatados al menos a media docena de sus primos. Según los uniformados, fue una medida por si Hamas aparecía. Estos le ordenaron que se quede y también lo ataron. A él y a su primo Imad, además, les vendaron los ojos. En un momento oyó que un soldado le ordenó al otro, en hebreo, lengua que él comprende por haber trabajado doce años en Israel, que en caso de desobediencia, disparara.

Al cabo de dos días, vino un militar. “Me doy cuenta que ustedes no son de Hamas. No están comiendo nada y se van a morir. Pueden irse”, les dijo.

Talal Mousani, 22, es mecánico en un taller de autos. El también perdió a su padre y a su madre en el depósito bombardeado donde se refugiaron. Varios miembros de la familia confirmaron que, a pesar de los ataques sufridos, el movimiento islamista no operaba en la zona. Sin embargo, el ministro de Salud de Gaza informa que 48 miembros de la familia Samouni murieron en el curso de la ofensiva. En esta familia, ayer, no encontré muchas muestras de apoyo a Hamas. “¿Piensas que esto hubiera ocurrido si Hamas no hubiese estado en el poder?”, me preguntó Talal.

“Israel y Hamas deberían hacer las paces. No me importa quién salga perdiendo, lo único que me importa es que no sean nuestros hijos”, me dijo Wafa, una de las mujeres de la familia, mientras limpiaba lo que quedó de su casa.

Después de encontrar cuatro niños desnutridos y aterrorizados bajo los escombros, Navi Pillay, alto comisionado para los derechos humanos de las Naciones Unidas, sugirió abrir una investigación por crímenes de guerra contra Israel. El ejército, por su parte, insiste en que la culpa es de Hamas por operar en zonas de civiles.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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