Gran Batuta, excelente solista

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Calderón sigue en la cúspide‏.

Salta, jueves 27 de setiembre de 2012. Teatro Provincial. Solista Haydée Seibert Francia (violín). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Invitado Maestro Pedro Ignacio Calderón. Obertura Coriolano op. 62 de L.V.Beethoven (1770-1827). Concierto para violín y orquesta nº 5 en La mayor K. 219 “Turco” de W.A.Mozart (1756-1791). Sinfonía nº 7 en Re menor op. 70 de Antonin Dvoràk (1841-1904).

Con la orquesta en el escenario puesta del modo clásico, violines primeros, violines segundos, violas, violonchelos, de izquierda a derecha y detrás los contrabajos, el maestro Calderón, para muchos la mejor batuta de nuestro país, con enorme vitalidad, vino para mostrar cuanto significa su sabiduría asentada en sus dos componentes de siempre, oído absoluto y memoria fenomenal.

Primero la épica obertura Coriolano de Beethoven, a la sazón, admirador de héroes de cualquier tiempo, justo homenaje al famoso general romano que solo inclinó su férrea voluntad ante el pedido de su madre y de su esposa. La música, que no es programática, pero que tiene reminiscencias al carácter legendario del dramático personaje, fue ofrecida con brillantez en perfectos ataques y finales de frase. Como muchos ya saben, este notable militar del siglo V antes de Cristo, iba a invadir Roma y al desistir de su propósito por motivos no militares, trágicamente llega al suicidio. Todo éso está en el tema de siete notas que desarrolladas al estilo del compositor de Bonn, fue presentado por el maestro invitado.

La música de Mozart generalmente exhibe una frescura que no es sencilla de lograr. La sinfónica local está particularmente dotada para las obras de gran envergadura. Allí se siente a sus anchas pero esa circunstancia tiene un precio. Cuando tiene en sus manos una página que requiere cierta liviandad, una determinada delicadeza, su rústica fortaleza hace que no sea fácil conseguir aquellas cualidades. El maestro debió trabajar mucho para aproximarse al ideal y poder brindar el adecuado marco sonoro para el carácter dulce y etéreo que Haydée Seibert domina largamente. Por ejemplo, la cadenza del “adagio” fue un regalo de sutilezas preparando el “rondó” y la marcha, de viva energía y de carácter turco que lleva al elegante regreso al tempo di minuetto con el que termina el concierto. La afinación y el fraseo de la solista, en verdad, impecables.

Hace tres años exactamente, se tocó prolijamente en Salta la 7ª de Dvoràk. Esta noche su interpretación reunió todo lo que el oyente avezado puede esperar de esta notable página checa. El tempo no podía ser más exacto. La sinfonía, uno de las mejores composiciones del autor, exceptuadas, claro está, la Nuevo Mundo o el concierto para violonchelo y orquesta, alcanzó altas cuotas de detalles que solo pueden conseguir los que saben de verdad. Flexible, intensa, bohemia, la obra fue un adecuado vehículo para, esta vez, si, alcanzar el claro lucimiento orquestal. Calderón condujo con admirable musicalidad sin perder de vista la condición nacionalista de la obra.

Las melodías internas, enmarcadas en recios tramos orquestales conllevan cierto dramatismo que por momentos recuerda pasajes de danzas de su tierra entre las que surge una clara furiant en el “scherzo”. Finalmente no es descabellado sentir el trasfondo de pentagramas que reflejan luchas intestinas y el acendrado patriotismo del autor. Luego de cuatro años Salta recibió al maestro. Es de esperar que el próximo encuentro no demore tanto.

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