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sábado, septiembre 19, 2020

La alegría de la música: IX Festival y Academia del Nuevo Mundo (III)

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La escuela de música Zoltan Kodaly de Maracaibo era un pandemonium. En el ingreso estaban los sonidos de violines, violonchelos, pianos, flautas, etc. que surgían de sus aulas en el marco de la sección académica del IX Festival y Academia del Nuevo Mundo.

Curiosamente entraba a cualquiera de las aulas y sólo escuchaba el instrumento correspondiente. Así comenzó la última semana del Festival, con una visita al lugar donde los maestros que tocarían a la noche, impartían con generosidad y conmovedor amor su sabiduría al enorme grupo de estudiantes que asistían a sus “master classes”.

A la noche el concierto. Brahms, Cuarteto con piano op.25. Gerardo Vila (piano), Simón Gollo (violín), Santiago Garmendia (viola) y Horacio Contreras (violonchelo). Lo prepararon bien. La viola, estupenda, fue el centro sonoro del grupo. Es que en ella se asienta, al menos en esta obra, el equilibrio tímbrico. Su irreprochable toque tuvo adecuada respuesta en un piano de gran solvencia mas el notable Gollo y la expresividad de Contreras. Cuatro movimientos de estupenda construcción con un bello “allegro”, su intermezzo, la leve marcialidad del “andante” y un arrollador “rondó a la húngara”.

Luego el Quinteto con piano op. 44 de Schumann. Se agregó Richard Biaggini como primer violín -generoso Gollo pasando a segundo violín-. Su “allegro” se basa en un atractivo motivo de siete notas. Inesperadamente aparece una “marcha” casi luctuosa, un complejo “scherzo” y un “allegro” final con una poderosa fuga que permite el lucimiento de cada integrante. Otra vez el ajuste perfecto y el fenomenal trabajo de Contreras pues su diabólica parte exige al límite el tecnicismo del violonchelo.

La palabra “rapsodia” en griego significa “canto cosido”. Y de ello se trata. Es una obra musical armada con temas unidos entre ellos a pesar de sus diferencias temáticas. Así comenzó la arpista María Luisa Rayan, ese joven portento musical de Argentina que vive en Chicago (EE.UU.) con una “rapsodia” del francés Marcel Grandjany que por su tratamiento armónico se podría decir que forma parte del romanticismo tardío.

Luego la “Partita nº 1 en si bemol mayor” BWV 825 del inefable Juan Sebastián Bach. A pesar de ser una palabra italiana, los alemanes la usan en lugar de “suite” para indicar que se trata de una serie de danzas barrocas. Esta “partita” mereció un excelente arreglo de la intérprete pues está originalmente compuesta para clave o piano.

Parece mentira que estas obras hayan estado olvidadas casi cien años. Después, un salto hacia delante. María Luisa Rayan, fina, de gran técnica, sus manos parecen volar en el encordado del arpa, alta musicalidad, dominio total del cordófono, se animó a traducir “Las Cuatro Estaciones Porteñas” de Astor Piazzolla para el arpa. El trabajo es inobjetable, los cambios de tonalidad, las intensidades del “verano”, el logro alcanzado en el “otoño”, la dulce soledad del “invierno”, la calma de la “primavera” estuvieron presentes.

También lo estuvo la solidez interpretativa de esta artista que luego de sus solos, armó su labor acompañada de un muy buen quinteto de cuerdas: Antonio Núñez, uruguayo pero también residente en Europa y Víctor Vivas (violines), Adriana Virguez (viola), Mauricio López (violonchelo) y Pedro Vares (contrabajo) otro uruguayo-europeo en “Danzas Sagradas y Profanas” de Claude Debussy con sus momentos valseados y el resto dando la idea que es bueno dejarse llevar por la música del compositor francés. En resumen María Luisa Rayan deslumbró con su suave delicadeza y su dominio instrumental respetando perfecta afinación con cuerdas y pedales.

Otro recital de alta jerarquía. Una primera parte otra vez con el guitarrista Luis Quintero y la flautista Nicaulis Alliey, ambos de Venezuela, abordando un ecléctico repertorio. Los dos hicieron “Preludio Criollo” de Rodrigo Riera, compositor de Carora, la tierra de la musical familia Izcaray radicada en mi ciudad. Contiene un bello tema absolutamente nacionalista y luego una de las más famosas bachianas de Heitor Villa Lobos, la quinta, arreglada para el dúo, donde la flauta reemplaza a la soprano original.

El resto a cargo de Quintero solo. Primero un tema dedicado a Flor , su esposa, suave y nostalgioso y después tres páginas hispanas: la hermosa “Danza Española” nº 5 de Enrique Granados, “Recuerdos de la Alhambra” del catalán Joaquín Malats con una línea luminosa para cerrar con la espectacular “Asturias” de Isaac Albeniz, parte de la Suite Española op.47.

Ya hablé antes de Quintero y sus condiciones con las cuales hizo música ibérica mostrando su gracia especial. La segunda parte estuvo a cargo del pianista argentino Gerardo Vila radicado en Berna (Suiza). Magnífica interpretación de la Sonata “Patética” nº 8 op. 13 en do menor de Ludwig van Beethoven sobre todo en su famoso “adagio” de tranquila belleza. Después la “Balada nº 4” de Federico Chopin resuelta con facilidad. Es bueno recordar que el autor vivió en el romanticismo, lo que no impidió que su música sea puramente nacionalista pues toda esta llena de su Polonia natal. Al final, la “Sonata nº 3” de Sergio Prokofiev, con estilo irónico, el piano percutido, su natural desparpajo para el manejo de timbres y armonías. Óptima la labor de Vila sirviéndose de un mecanismo que asegura fraseo y articulación musical. Posee una interesante gama de toques expresivos e intensidades adecuadas con lo que su participación significó una huella en el oyente.

El penúltimo concierto del Festival tuvo como protagonista al maestro Marcio Carneiro, notable violonchelista brasileño, igualmente radicado en Suiza, donde además de concertista es un admirable pedagogo. Lo acompañaron tres violonchelistas profesionales: Germán Marcano, Horacio Contreras y Mauricio López mas cuatro avanzados alumnos de la academia del Festival. El grupo hizo una breve y barroca sonata de Giovanni Gabrielli.

Posteriormente “Recuerdos de España” de Bryan Kelly, poseedora en sus dos movimientos de una estructura armónica y figuraciones en lenguaje contemporáneo para finalizar con la Bachiana Brasileña nº 1 de Villa Lobos donde el autor juega con el contrapunto hecho sobre la base de temas cariocas que finalizan en una hermosa fuga.

El octeto naturalmente no fue homogéneo aún cuando los estudiantes tuvieron digna participación, sobre todo uno de ellos de nombre Mario Martínez. Donde sí es preciso detenerse es en la Sonata op. 8 de Zoltan Kodaly. Aquí Carneiro brindó una lección magistral basada en su enorme musicalidad, su inagotable gama de recursos técnicos como el arco trazando la línea melódica sobre las cuerdas y simultáneamente el rítmico pizzicato. Sobresaliente presentación solística de una página difícil, comprometida, asentada en motivos gitanos con un decir musical sin concesiones en sus tres movimientos. La combinación melodía-armonía no solo transita la tensión y el reposo sino que exige del oyente un notorio esfuerzo intelectual. Decir que Marcio Carneiro fue meritorio es quedarse a mitad de camino pues su toque fue de alto vuelo lo que obligó a uno de los reconocimientos públicos más extensos del Festival.

Llegó el último día, el sábado 30 de agosto. En el excelente auditorio del Banco Central de Venezuela, por la mañana, estuvieron los mejores alumnos de la academia del Festival mostrando sus progresos y los conocimientos adquiridos. Son jóvenes que tienen años de estudios previos pero que comienzan desde pequeños, por caso, una pianista de apenas ocho años de edad que abrió el recital.

Siguieron una diversidad de temas musicales distinguiéndose entre otros la flautista Fátima Velazquez con una página de Carl Philippe Emanuelle Bach, el notable violinista Alfredo Carrillo en una emocionante versión de “Introducción y Rondó Caprichoso” de Saint Saens, acompañados por el sólido pianista Aneiro Zambrano para cerrar con un poderoso Cuarteto de Beethoven con los violines de Jorge Gabriel Valbona y Moisés Pirela, la viola de Ángel Gutierrez y el violonchelo de Obadías Guerra. De estos alumnos, por supuesto, algunos llegarán y otros no, pero a estos últimos la música les servirá para enriquecer sus espíritus.

El cierre del IX Festival y Academia del Nuevo Mundo fue para recordar. Luego de las emotivas palabras de uno de sus directivos, la señora Merly Delgado, llegó una fiesta de tangos argentinos dichos con altísima calidad por excelentes músicos liderados por el bandoneonista rioplatense Luciano Jungman. Fueron al principio Simón Gollo (violín), Gerardo Vila (piano) y Pedro Vares (contrabajo). Fueron nueve páginas entre las que destaco “Melancólico” y “Nostálgico” ambos de Julián Plaza y el tango de Arturo Herman Bernstein “Don Goyo” en espléndido arreglo de ese mito viviente que es Horacio Salgán.

Luego un espectacular paseo por páginas del inolvidable Astor Piazzolla con sus fugas, su contrapunto, su particular ritmo basado en el tradicional 2 x 4 tanguero pero revolucionado con sus particular síncopa, fraseo y articulación. La incorporación de Pedro Moya (violín), Marvicpermar Urbina (viola), Horacio Contreras (violonchelo), Nicaulis Alliey (flauta) y Luis Quintero (guitarra) con quienes las cosas fueron a mayores aún.

El final, entonces, fue impetuoso, entusiasta y despertó el desborde del público que colmaba la sala, que deliró cuando escuchó “Adios Nonino” la página que Piazzolla escribió por su padre muerto. Es que el placer de hacer música de alto nivel no puede ocultar el plausible resultado de unir el academicismo, primero de Gollo y Vila con la expresión popular de Jungman y Vares y segundo, la unión del resto.

Crescendos, decrescendos, escalas que suben o bajan, polifonía, afinación precisa, “tempi” irreprochables, todo alrededor de la avasallante creatividad de Piazzolla. Recuerdo cuando lo conocí allá por la década del sesenta con su sublime quinteto, (Agri, Manzi, López Ruiz, “Quicho” Díaz y Astor), luchando por imponer esa música que se basaba en el tango pero que su autor decía era “música de Buenos Aires”. Nadie soñaba que muchos años después ese sonido, ese ritmo, irían a estar en los escenarios del mundo y también en el lujoso cierre de un gran Festival, ejemplo para Latinoamérica.

Antes del último tema, su director artístico, el joven maestro Simón Gollo, dejó abierta la puerta para la X Edición durante el año próximo. Será hasta entonces.

– Nota anterior:

https://www.salta21.com/spip.php?article1026&var_mode=calcul

– Nota relacionada: Desde La Verdad.com

https://www.salta21.com/spip.php?article1061&var_mode=calcul

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