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viernes, septiembre 18, 2020

Largas colas para jubilaciones y pensiones en Banco Nación

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La Argentina necesita esclarecimiento, verdad, justicia, historia y memoria. Pero verdaderas. Emilce Moler, sobreviviente de "La Noche de los Lápices" fue secuestrada, torturada y liberada durante la última dictadura militar. Escribe el diario Crónica que junto a los otros jóvenes que hoy siguen desaparecidos, participó de las movilizaciones por el boleto estudiantil. "Los lápices, esta vez, escriben ¿dónde está Santiago Maldonado?", concluyó Moler. Sin embargo, ya en 2010, El Pregón se refería a "la corrupción moral que recorre la República Argentina desde que la progresía, las derechas y las instituciones esenciales del Estado se rindieron políticamente a la ofensiva mediática de una izquierda decidida a borrar de la Historia sus crímenes, se podría seleccionar, por su especial carga de cinismo y manipulación, el caso conocido como 'la noche de los lápices'.

Hombres y mujeres mayores, discapacitados, mujeres embarazadas, madres con niños y personas ancianas esperan alrededor de cuatro horas en el Banco Nación de calle Florida al 500 para percibir sus jubilaciones o pensiones. Quejas de largos años y padecimiento constante.

Dos filas que llegan incluso a los 200 metros se ven durante los días de pago; alrededor de 400 personas por día pierden la mañana en el trámite. Mujeres y hombres cansados de realizar esta jornada mes a mes para percibir la jubilación o la pensión.

Gloria dice que hace años que pasa por esto, “ya vino canal 11, estuvieron los medios de prensa, pero nadie hace nada nunca”.

Paralelamente, en ANSES, las colas son interminables, desde hace años que ocurre. Mujeres que se quejan y padecen hasta de falta de memoria tienen que volver porque no recuerdan un dato, perdieron un papelito o se les pasó el número. Madrugar para recibir un número no es nada agradable, sobre todo si se sabe que después, hay que permanecer horas para tramitar algo en ANSES.

Tarde o temprano llegaremos a ser ancianos maltratados por un sistema poco operativo. Nuestros mayores pueden dar testimonio de los años que llevan en este peregrinar absurdo y decadente. En estos lugares se aprecia el tercer mundo, con tanta tecnología inútil porque no se acortan los tiempos ni se restan esfuerzos a personas que merecen otro trato.

Los transeúntes, al pasar por Banco Nación, comentan acerca de las filas, personas bajo el rayo del sol o bajo la lluvia, en el frío o en el calor, esperan horas de horas por la jubilación o la pensión, por esos pesitos que les permiten vivir después de una vida de trabajo.

El consuelo es que “todos están en eso”, atraviesan lo mismo, sienten la indignación y la falta de respeto e ineficiencia del sistema. No queda otra más que hacer la fila, no hay manera de esquivar el cansancio ni de evitar el displacer.

Ahí va la señora de rojo, viene siempre, está más decaída; allí va el señor aquel, está con su nietito, el nene está más grande; qué cambiada y qué joven se ve la señora morocha, ahora la acompaña el sobrino… Y no faltan las historias de vida, la esperanza y la desesperanza por un mundo mejor, los comentarios sobre el clima, sobre el gobierno, sobre el sistema, sobre el tiempo perdido, sobre lo mismo de siempre.

Una mujer quedó encerrada en el baño, el picaporte no funciona, otra vez habrá que llamar al cerrajero; mientras, ella se desespera y algún empleado con una pinza trata de abrir. Alguien corre por el pasillo para buscar una solución. No es la Salta que queremos, con gente encerrada en los baños del banco, con personas paradas horas en la vereda para cobrar.

La gente discute con el policía que está en la puerta, quiere pasar, quiere un número, quiere cobrar. El banco cierra pero se atenderá a todos incluso después de las 14 hs. Cuatro empleados no dan abasto para terminar con el pago de la jornada. Mañana será igual o peor.

Un señor alto se queja “esto colapsó, no da para más, desde que se dieron cerca de 7 mil jubilaciones en diciembre esto está peor”, a lo que una mujer agrega: “viene de años”.

Hace años que la gente que percibe jubilaciones y pensiones espera un trato digno. Merecido, bien merecido.

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