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jueves, octubre 1, 2020

Lucha por la identidad travesti

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La frase “En un mundo de gusanos (…)” pertenece a Lohana Berkins, coordinadora de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT), una organización que obtuvo este año el reconocimiento formal del estado, luego de una lucha que lleva más de 15 años. En el marco de la opresión del patriarcado, la lucha por la diversidad sexual e identidades de género, es una bandera de esta organización que busca conectarse con las luchas de los movimientos y sectores populares.

Marco de una lucha. Cifras de una opresión

Las luchas de los movimientos feministas pusieron en relieve la opresión de un sistema no sólo en su faz económica sino socio cultural. La referencia obligada de este movimiento es la oposición al llamado sistema patriarcal. Suele entenderse al mismo como un sistema de valores que clasifica binariamente (hombre- mujer) a los individuos, según su sexo biológico. A esta dicotomía además corresponde la asignación de roles naturales en la que la mujer cumple un rol subordinado respecto al varón.

Esta subordinación atraviesa todos los niveles de la vida, desde la cotidianeidad hasta la política y la macroeconomía. Por otro lado, el orden patriarcal impone la llamada heterosexualidad obligatoria, donde la diversidad sexual se ve como una anormalidad, que es lícito excluir y reprimir.

A mediados del siglo XX, toma forma contra esta normativa, la lucha discursiva, resumida en el famoso postulado desencializador y desnaturalizador de Simone de Beavouir “mujer no se nace, sino que se hace” , que va a dando paso a la lucha política de los movimientos de las décadas de los 60 y 70, cuando el feminismo puso en claro que “lo personal es político”. Así nace el concepto de género para nombrar a los roles culturales que una sociedad asigna al sexo biológico y a las relaciones que se establece entre ellos.

Esta lucha permitió la visiblización de colectivos e identidades a los cuales el sistema patriarcal golpea más fuerte. Entre ellos la comunidad travesti, cuyo único crimen es precisamente ser travesti. Y esto no es una frase hecha, la criminalización de su identidad es un hecho materializado en las leyes (que lejos de ser objetivas, aun se amparan en “la moral y las buenas costumbres”), en el trato que reciben en las instituciones educativas o en los hospitales, por no hablar de la fuerza policial, que encarcela, tortura y mata con total impunidad, o en la perversa asociación de travestismo-prostitución, que la sociedad y el Estado ve como sinónimos. Algunos datos hablan por sí solos. Se calcula que la esperanza de vida de una travesti es menor de 30 años, debido principalmente al VIH-SIDA, y las muertes por parte de las fuerzas policiales.

De una encuesta realizada por ALITT en gran parte del país, incluida nuestra provincia, se deduce que el 92% de ellas dejarían la prostitución si tuvieran la posibilidad de acceder a un empleo. Por otro lado, se tiene registro de que en los últimos 7 años, 640 travestis murieron por la brutalidad policial, sólo en la capital federal.

Identidad y organización

jpg_travesti_1.jpg Pero ellas no se callan, y luchan. En este sentido conversamos con Lohana Berkins, quien desde Buenos Aires coordina ALITT, una organización que viene luchando desde 1992 y que se convirtió este año en la primera organización de estas características que fue reconocida formalmente con personería jurídica, en América Latina.

“ALITT es una organización dirigida e integrada por travestis y transexuales cuyo mayor logro fue haber litigado durante cuatro años en la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que se le otorgara la personería jurídica. Marcamos este punto porque sin ninguna duda es un antes y un después en la jurisprudencia argentina ya que por primera vez el Estado reconoció el objeto social que decía que nosotras luchamos para que el Estado y la sociedad aceptaran el travestismo como una identidad propia. Somos una organización que tiene incidencia no solo regional y nacional sino internacional ya que hemos sido una de las pioneras en el tema de la identidad.” Comenta Lohana.

Luego aclara que “una de las cuestiones que tomamos como medular es asumir la identidad travesti como una identidad propia. En un mundo binario que acepta solo la correlación sexo-genero varón mujer, el tema de la identidad travesti es un inside que nosotras hicimos, porque hasta ese momento se hablaba solo de orientación sexual que definía a los varones gays o mujeres lesbianas”. En este sentido realizan un trabajo bidireccional, hacia la propia comunidad y hacia la sociedad en general.

Al preguntarle por lo que entiende por travestismo nos aclara que “una de las cuestiones que se ha producido hoy es que al travestismo se lo uniforma. Hoy tenés que ser rubia platinada, con grandes tetas, pero hay muchas maneras de vivir el travestismo también, nosotras trabajamos fuertemente sobre eso. No es sólo cuestión de ropa, son cosas muy profundas que si esta sociedad no fuera tan opresora/opresiva, tan discriminativa, seguramente se mostrarían más formas de manifestaciones del travestismo. Aún así nosotras intentamos no hacer ninguna definición, porque sino se convierten en hegemónicas y subordinantes. Simplemente entendemos que el travestismo es una persona que nace con una genitalidad y se construye y auto construye en otra identidad”.

Sobre la utilización del termino “travesti”, Lohana relata que el mismo “surge de la medicina, un hombre que se viste mujer. Cuando nosotras decidimos organizarnos, nos pusimos a pensar con que nombres íbamos a ser llamadas. El término travesti es bastante peyorativo en esta sociedad, sinónimo de negra, ladrona, sidosa, borracha, infectada, viciosa, drogona, exhibicionista. Entonces nosotras decidimos tomar el mismo término y darle un sentido más político., resignifiquémoslo en lucha, resistencia, dignidad.”

La criminalización de una identidad

Lohana es de origen salteño-boliviana. Por ello, la diferencia entre las provincias y la Capital Federal, es un tema que tiene muy presente.

Según datos que maneja su organización, el 90% de las travestis en Buenos Aires son provincianas. “En Buenos Aires existe una fachada más favorable hacia los gays, quizás por un contexto histórico político y de lucha. Ahora si vos empezás a ir a las provincias, el mismo Tucumán, todavía es punible decir públicamente que son gays y lesbianas. Ni hablar de lo que es ser travestis. Por ejemplo, una parte de la cultura y la intelectualidad de los derechos humanos tucumanos han silenciado el siniestrismo del cual fueron victimas las compañeras travestis en la dictadura nefasta de Bussi y con el famoso Malevo Ferreyra, cuando las compañeras eran brutalmente -todavía lo siguen siendo- masacradas, golpeadas y torturadas”, denuncia.

“Nosotras todavía seguimos criminalizadas, se nos imputa el ser travestis. Sin ir más lejos hace dos semanas se encarceló en Salta a 184 travestis y no vi que el gobierno nacional, el INADI, saliera a hacer un escándalo. Hay mucha hipocresía todavía, si bien es cierto que hemos avanzado muchísimo, yo creo que todavía no podemos hablar de que tenemos un marco favorable en este país. Vos fíjate que el deseo más alejado de una niña travesti del NOA es venirse a Buenos Aires, donde la pasa fatal, a vivir de manera traumática, y después con suerte irse a Europa y nunca más viene o viene con VIH o en las peores condiciones. De esto también hay que dar cuenta me parece y no sólo montar un discurso de puntillas y glamour”, reflexiona.

El derecho al trabajo y la prostitución como imposición del Estado

“Nosotras insistimos con la construcción de la ciudadanía travesti/transexual, puesto que no somos vistas como ciudadanas plenas de derechos. El Estado, a la hora de implementar distintos tipos de políticas, no nos ve como potenciales sujetas de derecho. Exigimos el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo. Cuando nosotras decimos educación no es solo que podamos ir a la escuela, sino que seamos aceptadas en el sentido amplio de la palabra, que no seamos violentadas, tratadas como varones, sino que seamos tratadas con nuestro nombre identitario”, explica la referente de ALITT.

El derecho al trabajo es otra línea fundamental. “Se ha generado un genotipo de persona de las travestis, que sólo pueden ejercer la prostitución. Se dice que nosotras asumimos el travestismo sólo para prostituirnos. Esa es una falacia, un mito degradante que se ha creado hacia nosotras. Le exigimos al Estado que genere políticas de discriminación positiva para el acceso a un empleo formal o informal, con esto no estamos manteniendo un discurso de moral victoriana en contra de la prostitución, la que quiere ejercer que lo elija. Lo que nosotras mantenemos es que la prostitución debería ser una elección y no una imposición del Estado”, asegura.

Contra las opresiones de cualquier tipo

Si las travestis hemos levantado como bandera la lucha por el esclarecimiento y el repudio de los asesinatos de Kosteki y Santillán y de todos aquellos victimas de la represión, la bandera de los/las piqueteros/as son las nuestras, la de los 18 millones de pobres también ¿Cuándo nuestras demandas serán encarnadas por todos estos grupos rebeldes a cuyas voces unimos las nuestras? Los planes sociales no nos llegan, no somos jefes ni jefas de hogar según las definiciones establecidas, no abortamos pero reivindicamos el derecho de las mujeres a hacerlo; no hay puestos de trabajo dignos para nosotras solo la amenaza de juicio o de denuncia persuade a instituciones como la escuela para que sea posible el acceso a un aula. La lista puede continuar. (…)

Desde las oscuras calles de la prostitución, desde las villas más devastadas, desde el movimiento piquetero la protesta estudiantil, desde el campo de los derechos humanos, desde los partidos políticos, las travestis seguiremos tejiendo nuestra rebeldía para conseguir un mundo gobernado por la paz, la equidad y la justicia, sin opresiones de ningún tipo. (Fragmento de “Un itinerario político del travestismo” )

La lucha de todas y todas

Uno de los objetivos que se propone es la coordinación con otros sectores en lucha. En ese sentido nos aclara que “todavía hay muchos obstáculos que hay que rever. Lo que me parece es que a esta altura del mundo, no sólo hay que dividirlo en izquierda y en derecha, sino en fundamentalismo y anti fundamentalismo. Y los fundamentalismos están en todos los órdenes. Realmente todavía la derecha y los fundamentalismos religiosos y económicos están muy presentes con discursos totalmente arcaicos; nosotras queremos dar cuenta de que como organización somos feministas, nos definimos como tal, levantamos la bandera de la despenalización del aborto, entendiendo que es una cuestión que no se puede tolerar más, que el estado debe devolverle la propiedad del cuerpo a las propias mujeres para que ellas decidan cuándo, por qué y cuántos hijos tener”.

En este sentido ella habla de “los” feminismos, “porque el feminismo en sí es la herramienta emancipadora más bella que yo haya conocido. Ahora, dentro del feminismo también hay bastantes posturas y también fundamentalismo, como en las iglesias y como en todo, hay una ortodoxia bastante arcaica que todavía se resiste a perder sus dogmas y nosotras ya sabemos lo que encierran los dogmas.” Sobre esto, nos cuenta que una experiencia de confluencia son los encuentros de mujeres. “Hace mas de 18 años que voy, es una experiencia maravillosa e invito a todas las mujeres que vayan porque es un antes y un después. Yo soy defensora de los encuentros. Es un espacio interesante donde nosotras vamos y participamos. Al primero que fui me gritaban todos, el feminismo, la derecha, la izquierda, la iglesia. Ahora con el tiempo eso ha variado, hemos logrado hacer alianzas muy importantes. Tenemos un gran consenso, taller donde las compañeras nos defienden. Es un espacio bastante interesante”, analiza.

Una cosa nos queda claro al conversar con ella, para resistir y producir un cambio hay que organizarse: “yo creo que hay que avanzar y que realmente lo que más valoramos es que nosotras somos las que tenemos que producir el cambio y convertirnos en sujetas de derecho y reclamar. Porque nadie nos va a regalar nada. Sobre todo nosotras que venimos de situaciones de tanta vulnerabilidad, de exclusión, de la calle. En una sociedad tan machista, de tanta violencia, yo creo que cualquier tucumana que lea estas palabras va a saber reconocerse en esto. Porque yo creo que realmente son heroínas anónimas, porque diariamente ir al mercado, enfrentarse a la sociedad, ir por el barrio tal cual somos es realmente una valentía que no siempre es reconocida”, finaliza.

– Fuente: CONTRAPUNTO | Prensa Alternativa (Tucumán)

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