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martes, septiembre 22, 2020

Marcelo Gutiérrez, clarinetista. Alegrías y tristezas en la Orquesta Sinfónica de Salta

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Con un campo profesional vasto en cuanto al pasaje por Orquestas Sinfónicas, Marcelo Gutiérrez dialoga con Salta 21 acerca de aspectos que opacan las cuestiones artísticas. Desde Izcaray a Roel, cómo ve la Orquesta Sinfónica, su rol dentro de ella, los concursos y el futuro.

Mediodía de sol en una casita campestre, mientras su esposa termina de preparar el almuerzo. Los niños trepan en los árboles y juegan. El contexto perfecto para hablar de lo más lindo de la vida. Pero nunca faltan aquellas vicisitudes…

A mis 65

Contáme sobre tu vida musical antes de entrar a la Orquesta Sinfónica

– Nací en Santa Fe, crecí y estudié en Santa fe, me recibí en el año 73, a los 16 años comencé a tocar en la Orquesta de Santa Fe que dirigía el Maestro Washington Castro. Tuve toda una experiencia allí hasta el año 78. En el 79 fui a tocar en la Orquesta de San Pablo… en ese tiempo vivíamos una época de terrorismo ideológico, eran momentos de mucha violencia, la gente buscaba otros horizontes y yo tuve que buscarlos también porque sufrí amenazas y todo tipo de cosas. Viví muchas contradicciones en mi vida. Fui acogido por la Orquesta Sinfónica de San Pablo, el Maestro Carballo me ofreció un puesto de Primer Clarinete y ahí permanecí hasta el año 83, que salí para Estados Unidos, donde estuve casi 20 años. Yo había escrito varias cartas a mi hermano donde le decía que me quería venir, pero quería venir y tener una situación más o menos estable en una Orquesta y ahí pensé en la Orquesta Sinfónica de Salta. Concursé, el puesto de Asistente Solista había quedado desierto y me lo ofreció Izcaray para que participara, desde ese entonces he hecho varias reválidas y concursos.

En 10 años de Orquesta, ¿cuántas veces revalidaste el cargo?

– Todas las reválidas que hubo que se hizo una cada tres años, como cuatro fueron y yo hice como dos o tres más porque se concursaba el Cargo de Primer Clarinete y siempre seguí en el puesto de Asistente.

O sea que prácticamente revalidaste más veces que los años que existe la Orquesta, ¿cómo ves esto?

– Yo creo que la situación de los concursos fue planteada con buenas intenciones y que los que crearon la Orquesta lo hicieron para tener un arma muy poderosa de que si alguien era una persona conflictiva o rebelde, tener una herramienta que les permitiera deshacerse de una persona a través del concurso.

Es decir que el nivel artístico se podría dejar de lado…

– Yo pienso que hay mucha más energía que se gasta y no se va al grano con la música. Los músicos deberíamos estar haciendo música y trabajando musicalmente y no esta situación de reválida y antagonismo que se ha creado entre las personas, porque realmente poner individuos que concursen unos contra otros a mí me parece que es completamente enfermiza e inhumana.

¿Cómo atravesaste tu historia con la Orquesta Sinfónica con cada uno de los directores?

– A todos ellos los he apoyado desde un principio hasta que me di cuenta poco a poco cómo se iban tejiendo las cosas. Yo con Izcaray prácticamente no tuve ningún problema desde el punto de vista musical ni cómo elegía los repertorios, pero sí me molestaba mucho el hecho de que pusiera personas que no estaban capacitadas en cargos muy importantes y dejara de lado a otras personas que sí estábamos capacitados para esos cargos. No se pensaba en función de la Orquesta sino en función de intereses personales. También hizo eso Alonso Crespo, en el caso de Gorelik, todos pensábamos una cosa pero creo que él no respondió a las expectativas que nosotros necesitábamos de él, un Director es una parte integrante de la sociedad, de un lugar y tiene que estar en todas las cosas, en los hechos culturales. Ningún Director se ha presentado jamás a un espectáculo que hayamos organizado y en el caso de Gorelik él tenía sus compromisos personales; en el caso de este director el hecho de que no residiera en Salta por cuestiones personales – lo cual a mí no me molestaba- ha molestado a mucha gente. Esto llegó a pesar más que lo que él podía mostrar en el podio.

Y con Enrique Roel, ¿cómo te sentís, cómo se siente la Orquesta?

– Yo creo que Enrique Roel es una persona bien intencionada – bueno no lo conocemos mucho porque hace poco tiempo está- no tengo mucho para discutirle ni refutarle algún punto de distancia. Pienso que habiendo sido Músico de Atril defiende implícitamente los derechos del músico o que los quiere defender, entonces me parece que está bien y eso parece que al Instituto de Música y Danza no le agrada mucho. Pero ya veremos qué pasa.

Marcelo, ¿cómo ves el tema del último concurso?

– El último Concurso me parece una de las cosas más insólitas que yo he presenciado porque en primer lugar, no me gusta cómo se hizo. Se lo hizo de una manera hermética, creíamos que íbamos a tener público, que todo el mundo iba a poder comentar: que este tocó bien, que este merece estar y este no… hubo la opinión de un Jurado y fue solamente eso. A mí me llamó la atención de que en mi Concurso de Clarinete no estuviera no Jorge Lhez ni Fernanda Bruno, personas que estuvieron en casi todos los Concursos. Los dos tienen excusas muy valederas para decir por qué no estuvieron. También me molestó mucho que no se supiera quién iba a ser el jurado, en el caso de Mariano Rey, era profesor de alguno de los chicos que tocan la Orquesta conmigo, yo creo que Eugenio Tiburcio era alumno de él. Y me parece que la explicación que dio fue completamente contradictoria y no me pareció justo el resultado, y no puedo hablar por otros compañeros que están en la misma situación, yo hablo por mí: fui bien preparado y pertrechado con todo lo que conocía y di mi interpretación. Según Roel, mi interpretación de Mozart no fue como al Jurado le hubiese gustado. El flautista que vino parecía una persona completamente indiferente, siguieron los pasos del presidente de mesa y del clarinetista.

Vos me hablás de interpretación, quiere decir que no sos un mero ejecutante, ¿sentís que dentro de la Orquesta se respetó y se valoró tu trayectoria como músico, como profesional en la música?

– Yo creo que sí, cuando se me evaluó, cuando se me discutía algo, yo fui e hice un racconto de mis grabaciones para escuchar con mis propios oídos lo que salía y creo que los auto requerimientos que me impuse han sido logrados. Yo no toco solamente de una manera correcta, yo interpreto la música. Eso quiere decir que a veces en los valores de la música escrita hay un lenguaje prosódico y hay un lenguaje tácito que indica cierta inflexión, y a veces se me ha criticado por eso, pero no soy una computadora, soy una persona que se maneja con emociones claras para actuar con belleza y con estilo en lo que se toca. A algunos directores no les gusta porque quieren tener todo bajo su control, eso es completamente equívoco en mi manera de pensar y hay otros directores que dejan a los músicos explayarse con total naturalidad, y si tienen que sugerir alguna cosa también los dejan interpretar de una manera libre. Somos todos profesionales. Yo viene a parar a una Orquesta en la que muchos músicos que están es en la primera Orquesta que tocan y yo vengo de una Carrera Internacional en la que he tocado bajo muchos directores. Ahora claro, no soy la persona que era entonces y uno con el tiempo crece, eso me implica a mí una autodisciplina y todo esto ha sido para mí un aprendizaje.

¿Tuviste la oportunidad de lucirte en la Orquesta Sinfónica?

– El Primer Clarinete siempre se luce como solista porque siempre hay Solos para Clarinete. Fui el Primer Solista que tocó en la Orquesta: fue el 30 de mayo del 2001. Yo creo que en parte se me dio la oportunidad porque siempre el puesto del Primer Clarinete ha quedado monopolizado al criterio del Solista de turno, pasa en mi fila.

¿Estás contento con tu desempeño o con el rol que asumiste dentro de la Orquesta en todos estos años?

– Todo el mundo que es Músico de una Orquesta se siente feliz, es una continuación de muchas voluntades, una suma. Y están sometidas al espectro de la batuta del director o a la belleza o a la rudeza de la obra, no es lo mismo interpretar un sonido de Mozart que un sonido de Stravinsky.

¿Qué cosas cambiarías dentro de la Orquesta para que todo funcione mucho mejor?

– No se puede enseñar la humildad tan fácilmente. En muchas ocasiones se ha hablado de la excelencia. La gente tiene que tener espíritu de colaboración y cuando vos tenés una historia de que cuatro individuos hemos ido a concurso a luchar uno con el otro, lo que tenemos hoy es la consecuencia de eso, es la realidad de causa y efecto que no nos ha permitido conectarnos en nuestro fuero interno con la otra persona, siempre tenemos miradas de desconfianza. Yo a la edad que tengo ya no me interesan ese tipo de cosas pero todos vivimos un poco de la aprobación o del cariño. Si una Orquesta está cargada con sentimientos de desconfianza no puede sonar tan bien, tiene que haber una vibración más armoniosa, espiritual y mental para que las personas se relajen más y confíen, en donde la aprobación uno del otro y la colaboración existan de una manera más natural y sin sentimientos ruines.

O sea que lo que habría que cambiar son los aspectos humanos más que los artísticos…

– Los aspectos humanos siempre van a existir. Yo no creo en los Concursos porque se hace un Concurso para hacer una selección o una preselección. Cuando una persona se supone que está aprobada se tienen que trabajar otros aspectos que serían la afinación que existe a través de la dinámica y se trabajan los colorees, yo no veo que en esta Orquesta se trabajen los colores. Muchas veces se han leído las obras y se ha ido el concierto, como las Obras son Monumentales y las obras tiene grandeza porque los compositores son unos genios, suenan más o menos bien. Pero siempre se puede perfeccionar, la perfección se puede logar a través de aprender una obra bien, tocarla muchas veces y tener en la historia de cada persona las veces que la ha tocado. Toqué 25 o 30 veces la Primera Sinfonía de Brahms. Cuando uno tiene incorporado ese repertorio y lo tiene resabido es cuando la Orquesta suena bien, y para que la Orquesta suene bien- es como el vino, necesita tiempo para que añeje. Muchas Orquestas que yo he visto a Nivel Internacional son personas de arriba de 50 a 70 años. Tampoco vamos a desdeñar a los jóvenes talentosos que existen.

¿Cómo te ves vos en un futuro con la Orquesta?

– Eso no se puede decir porque la sensación de incertidumbre que la Orquesta proporciona es absolutamente devastadora. Eso hace un impacto a nuestra familia y a la familia salteña también.

Cuando decís incertidumbre que tiene que ver con la inestabilidad, ¿te referís a esta revalidación por la que tenés que pasar vos y ciertos músicos?

– Yo creo que cuando cada músico toca un concierto hace una revalidación de su cargo. Eso es una cosa inherente. Todo músico sabe cómo actuó, cómo se desempeña, qué tipo de afinación y qué sonido tiene. Hay personas que yo he querido ayudar en la Orquesta pero rechazan la ayuda porque han estado impregnados de una especie de lavado cerebral de todos estos años hablándole de la famosa palabra: la excelencia. La excelencia es un camino no es un fin, el día que creamos que somos excelentes dejamos de ser excelentes al minuto. Es algo que hay que trabajar no sólo en la parte musical sino en diferentes aspectos de la humanidad de una persona, hay que nutrirse de buenas impresiones que vienen de afuera. Ya estamos invadidos por una Cultura donde prevalecen valores de mediocridad y decadencia. Entonces nosotros seríamos los anticuerpos de los otros, entonces tendríamos que luchar mucho para no caer en lo mismos aspectos.

Yo me refería a esta parte legal y burocrática que a uno lo pone en jaque y que no te permite trabajar con la distensión necesaria para sacar todo eso que vos justamente estás diciéndome

– Lo que pasa es que no todas las personas que están en la Orquesta han aprobado la reválida, yo creo que ha existido un grupo especial que ha sido previamente elegido por la historia que tenemos un grupo humano que conformamos la Sinfónica. Yo me siento así, un poco perseguido pero no me quita el sueño porque tarde o temprano la verdad impera.

Estás con AMG… cuáles son las perspectivas…

– En el caso de la Música de Cámara y la Música Sinfónica, los espectáculos que hemos promovido ya llevan una centena. AMG es un grupo creado para darle difusión a la Música de Cámara donde nosotros participamos y otras personas también. Fuimos haciendo historia de a poco, a nosotros no nos van a ver nuestros parientes o nuestros amigos compañeros de Orquesta, tenemos un público. Hemos creado un público que paga sus entradas y asiste de manera regular a cada concierto. Eso para mí es la mejor reválida.

Con el Dúo Acquaforte vas a estar seguro haciendo algo…

– Es el cable a tierra que yo tuve ante la frustración al sentir la falta de participación en la Orquesta Sinfónica y yo no creo que fuera por falta de capacidad sino porque a veces los directores son medrosos o tienen miedos, tienen recelos de las personas que tenemos nuestras propias ideas con respecto al quehacer musical. Así pasó tanto con Gorelik como con Izcaray, creo que ellos pueden poner el punto sobre la i porque son directores, nada más. O sea los que sonamos somos nosotros, los errores de ellos no se notan, son efímeros, son la interpretación general. Yo creo que todos los directores que hemos tenido han manifestado una buena intención de hacer las cosas, no puedo criticarlos porque hayan tenido defectos porque defectos tenemos todos.

Cuando decís frustración, ¿a qué tipo de frustración te referís, por ejemplo?

– La de querer tocar o elegir un repertorio para poder expresarme y no poder hacerlo porque el Primer Clarinete tiene la palabra de elegir. Me parece humillante el hecho de a los 65 años, después de haber tocado casi todo el repertorio sinfónico, tener que pedir permiso al Primer Clarinete para poder tocar, cuando realmente creo que todos estamos capacitados para poder tocar. El sistema funciona de esa manera, es un sistema más o menos castrense, pero no tendría que ser tan estricto. Pienso que el segundo clarinete tendría que tener su momento de gloria, el tercero y el cuarto también, tanto como el primero. Yo pienso que la distribución de la responsabilidad tendría que ser más equilibrada. Yo soy el Asistente, he tocado el segundo clarinete cuando alguien estaba enfermo, reemplacé a un compañero durante un año, es muy importante el segundo porque es el que cambia las armonías. Tenemos una gran presencia en la paleta orquestal.

1 COMENTARIO

  1. Marcelo Gutiérrez, clarinetista. Alegrías y tristezas en la Orquesta Sinfónica de Salta
    Estimado Marcelo: soy tu compañero de la primaria, y del primer trimestre del Nacional Simon de Iriondo.. Sos demasiado humilde al decir que iniciaste tus estudios de musica a los 16 años. Recuerdo con nostalgia y admiracion tus ejecuciones en los actos escolares en la esc. Avellaneda

    cuando tenias 10 años y hacias la lengueta de caña del clarinete. A a la distancia un abrazo , y me alegran tus éxitos. Estoy radicado en Comodoro Rivadavia. compañeros de colegio y vecinos. yo vivia en calle Vera, y vos sobre calle Crespo.

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