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sábado, septiembre 26, 2020

Revista Ñ, claves de un éxito sorprendente

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Es una revista de cultura, pero masiva: vende más de 100 mil ejemplares. Comenzó como un suplemento de Clarín y ahora tiene vuelo propio. Pensaban perder con ella un millón de pesos por año pero ganó 500 mil en su segundo año. Un fenómeno editorial infrecuente

El periodista tucumano Juan Bedoian -uno de los padres de la criatura mimada de la prensa cultural argentina- pasó por Salta para compartir las claves del fenómeno Ñ. Que él prefiere no llamar éxito sino “desafío”.

Desafío que partió de la necesidad de renovar el tradicional suplemento de cultura de Clarín. La consigna fue crear una revista de muy buen nivel, que se guarde, que no se tire con el diario del domingo.

A pesar del bajo costo de Ñ -apenas un peso-, la publicación es viable en lo económico. Clarín tenía previsto perder con ella un millón de pesos por año durante cuatro años. Pero en el segundo año ya dió una ganancia de 500 mil pesos. Y en su cuarto aniversario está sólidamente posicionada dentro del periodismo gráfico argentino.

Si las publicaciones culturales llegan a un ámbito restringido y subsisten al borde del cierre por dificultades económicas ¿cómo no marcar como exitosa a una revista que vende miles de ejemplares y se autofinancia con holgura?

Ñ no es una publicación cultural tradicional. Apela a criterios modernos y atrayentes de diseño. Tiene un contenido de alto vuelo pero atento a los intereses masivos.

jpg_Bedoian-largo.jpgUna de las claves está en la lengua. Bedoian satiriza el lenguaje alambicado y lleno de tecnicismos y neologismos de ciertas publicaciones para intelectuales. Excelente periodista, él mismo es un ejemplo de buena escritura -ágil, vivaz y clara pero no por ello menos interesante y profunda- por ejemplo en sus crónicas y comentarios del suplemento Viajes de Clarín, del que también es editor. Y es que se debe cautivar al lector, hechizarlo para que no abandone la lectura.

La variedad es otro condimento importante de Ñ, en la que el concepto de cultura es amplio y no se limita a lo libresco o a lo literario; abarca modas, tendencias, costumbres, estéticas, el mundo audiovisual y la web.

El editor de la revista destaca la importancia del debate y la confrontación de ideas. Y la necesidad de prestar un servicio al lector. Para ello, por ejemplo, cada artículo contiene una ficha en un recuadro, el “básico”, que consigna datos biográficos y las obras del autor al que se refiere y se trazan links a páginas de internet u otras publicaciones sobre el tema.
Esto no es bien visto por algunos lectores muy cultos -por ejemplo la ensayista Beatriz Sarlo– para quien publicar esos datos es subestimar al lector.

Pero el criterio de editor de Bedoian y el propio estilo pop de la revista que usa muchos blancos y trata de dar un toque muy creativo pero a la vez ligero a la gráfica de la publicación -con particular esmero en la tapa- muestra que parte del éxito de Ñ está justamente en pensar no tanto en especialistas o intelectuales (público que de por sí se sentirá interesado por una publicación de este tipo) sino sobre todo en el lector común. Es a quien se quiere seducir para que ingrese en el fascinante mundo del análisis sociológico, la creación literaria, las tradiciones de la civilización china o la explosión de los blogs en la red.

Un ejemplo de esta visión democrática: Ñ preguntó a sus lectores sobre lo que leen y puso sus rostros en una abigarrada tapa. Una publicación tradicional le hubiera hecho esa pregunta a escritores, catedráticos e intelectuales destacados.

Hay números antológicos (como el del Che, la cultura beat o el mundo musulmán), otros que son récord de ventas, y los hay también menos logrados. Pero cuando compramos una Ñ aunque no llevemos el diario, cuando la guardamos para leerla después o cuando recomendamos un artículo que leímos sobre el Cuchi Leguizamón somos parte de una aventura editorial que renovó el periodismo cultural gráfico en Argentina y lo hizo masivo.

Los mismos gestores del boom de Ñ se critican y quizá esa mirada poco complaciente sea la que garantiza la búsqueda de la excelencia. Por ejemplo -admite Bedoian- están concientes que su visión está a veces demasiado centrada en Buenos Aires. Por eso han abierto las puertas a miradas que desde el interior aportan otras perspectivas sobre lo que es la cultura argentina. Sin soslayar los reflejos de las corrientes del arte y el pensamiento de Latinoamérica y el mundo.

Todo esto se hizo con periodistas del diario ya que no se armó otro equipo de redacción especial para la revista. Pero ¿hasta qué punto Ñ no ha dejado ya de ser un suplemento de Clarín para transformarse en una revista independiente?

“Buena pregunta”, dice Bedoian. Y sonríe satisfecho, porque es el padre de la criatura. Pero un padre editorial, porque la verdadera dueña -claro- es doña Ernestina Herrera de Noble.

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