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domingo, diciembre 4, 2022

Sofovich y su comedia pasatista

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El sábado 12 de mayo se relizaron dos funciones de El champán las pone mimosas en el Teatro El Huerto-Salta. Se agregó una función más que inició a las 2 y 15 de la madrugada del 13 de mayo ante la masiva concurrencia del público. “¿Qué esperabas de Sofovich?” me decía un espectador. Lo que hace es simple: muestra los “C” de las artistas y sus “T”, le agrega letra y busca nombres taquilleros”. Ciertamente esperaba “algo” de Gerardo Sofovich dado que se muestra inteligente pero ofrece espectáculos sin una pizca de esto. Desayunando con el “ruso” el champán que no tenía ni una burbuja.

El elenco de El champán las pone mimosas está encabezado por Nazarena Vélez, secundada por Marcelo De Bellis y Claudia Fernández y que cuenta además con las presencias del Turco Naim, Betina Capetillo, Adrián “Facha” Martel, Belén Francese, Luciana Bianchi y Lisandro Dupont.

La obra es sólo para hombres, dado que las artistas son bellas, perfectas, escultóricas y muestran sus cuerpos para que el producto se venda, además de ser agradable a la vista de los hombres que sueñan con “ellas”. En otro tono están los artistas, que ni son bellos ni escultóricos, sí famosos. Dudo que alguna mujer sueñe con “ellos” salvo que los idealicen como figuras varoniles.

Mi interrogante es qué ven las mujeres en la obra; y los hombres, qué buscan de la comedia aunque la respuesta parezca una obviedad. No creo que todos vayan sólo a mirar “C” y “T”. ¿O si?

Si el texto es chato y está plagado de vulgaridades y ridiculeces actorales (como las morisquetas de Vélez), si el argumento es poco feliz por lo mediocre, queda una hipótesis: el público quiere ver gente linda y famosa.

Desde este punto de vista la ecuación no rinde, ya expresé que se trata de una comedia para hombres. ¿Cómo puede funcionar esta fórmula en nuestro público?

Las mujeres se conforman con ver famosos; los hombres ven famosas y bellas.

¿Las mujeres van a ver mujeres? Una derrota total.

De hecho, la masividad no significa que sea un espectáculo de calidad. El gusto masivo parece estar en sintonía con lo chato, al estilo de muchos programas del espectáculo en TV al que llaman de “entretenimiento”.

Otros espectadores comentan que es para reírse, para distraerse. Realmente muy conmovedora la premisa. Todos se reían de la serie de groserías. El turco cada vez que hablaba decía “hijo de puta”, Nazarena Vélez repetía cada diálogo por medio “la concha de la lora”.

¿Y dónde está el chiste?

Quizá la risa esté en ver a un hombre fingiendo ser homosexual, o en observar situaciones disfrazadas en las que la pareja (Bellis-Fernández) se las ingenia para encubrir aventuras amorosas y engaños felices.

¿Cuál es el planteo? Si el arrepentido engañador sigue queriendo engañar. Su falta de recomposición descompensa la comedia, no se resuelve nada. Todo termina en “sexo” como final feliz. Como si el sexo fuera el final o la culminación de algo que es tan natural, ¿o es para ratonear? Pero sólo a los hombres, ¿quién podría “hacerse la cabeza” con los hombres que se muestran? (Esto es lo cómico me parece). Puede que el planteo sea ante “la falta de sexo” este es el gran desenlace. Muy entusiasta. ¿Un llamado para evitar la abstinencia?

También puede ser que para ponerse mimosas con estos hombres se necesita mucho “champán”. Si lo tomaran.

El fenómeno de público que suscitó El champán es interesante dado que en Salta las comedias locales superan el nivel de estas producciones de Sofovich en la porteña calle Corrientes. En la calle Caseros, en la Belgrano y en la Güemes vimos comedias de “alto vuelo”. Con argumento, con estilo, con chicas bellas y naturales, con chicos lindos, con actores, con directores, con autores. El tema es que nadie paga ni dos mangos por nuestros actores.

Obviedades, reiteraciones, vulgaridades, gritos, lugares comunes y falta de un buen texto es la fórmula que elige el público. Pasatista, comercial, de taquilla.

Menos mal que en Buenos Aires también hay autores taquilleros como Oscar Martínez para escribir comedias, por poner un ejemplo contrario a la mediocre vulgaridad de Sofovich.

Próximamente: El champán los pone mimosos. Esperamos que los hombres concurran para hacer un empate. Pero la obra promete tener “algo” y los hombres sí beberán champán.

¿Por qué en Buenos Aires la prensa especializada no crítica estos espectáculos de Gerardo Sofovich? Dicen por estos lugares que es temible. Parece ser que quien está peleado con Sofovich está peleado con el mundo del espectáculo.

Pero si la crítica debe ayudar a construir, a mejorar, a crecer. Claro, estos son valores de lo artístico que es justamente lo que a estas comedias le falta.

1 COMENTARIO

  1. Sofovich y su comedia pasatista
    Creo que eso de que es una comedia “chata” es una opini´´on subjetiva. Sí es verdad que este genero no corresponde con las representaciones sociales de teatro cultural.
    Pero si hay que destacar que es un género teatral llamado comedia picarezca o vodevil; y además cumple con todas las bases para ser reconocida como tal.
    Lamentablemente, estimada escritora, la obra genera carcajadas y suspiros. La gente solo busca pasar un buen rato y lo conseguie con plenitud. Si no te gusta la obra lo siento por ti, pero es lo que la gente elige, lo que a la gente le gusta ver, y con lo que la gente se entretiene.
    En el escenario se conjuan los bellos cuerpos, con una texto de humor simple y eficaz, y comicos asegurados…Aunque yo recomiendo la versión de Florencia de la V debido a que su humor permite encarar la comedia con otro sentido.
    La obra es un exito, y fue escrita para eso…¿Vos creés que si traés una traviata de $60 va a llenar 4 cuatro funciones? jajaja apuesto a que no. Así que relajate, disfrutá la vida y anda a ver el champán y reite un rato que la vida es corta y esta hecha para disfrutarla.

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