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martes, septiembre 22, 2020

Un escritor rebelde en Los perfiles de Marx Tomo IV

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La Argentina necesita esclarecimiento, verdad, justicia, historia y memoria. Pero verdaderas. Emilce Moler, sobreviviente de "La Noche de los Lápices" fue secuestrada, torturada y liberada durante la última dictadura militar. Escribe el diario Crónica que junto a los otros jóvenes que hoy siguen desaparecidos, participó de las movilizaciones por el boleto estudiantil. "Los lápices, esta vez, escriben ¿dónde está Santiago Maldonado?", concluyó Moler. Sin embargo, ya en 2010, El Pregón se refería a "la corrupción moral que recorre la República Argentina desde que la progresía, las derechas y las instituciones esenciales del Estado se rindieron políticamente a la ofensiva mediática de una izquierda decidida a borrar de la Historia sus crímenes, se podría seleccionar, por su especial carga de cinismo y manipulación, el caso conocido como 'la noche de los lápices'.

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En este nuevo libro, que es el cuarto de la serie Los perfiles de Marx, con una edición muy llamativa, Adrián López habla de Física teórica y de las partículas de alta energía. Los libros I y IV de Los perfiles de Marx se diseminaron casi en simultáneo.

El Dr. López se ha propuesto escribir. Y esta tarea parace salírsele por los poros y por el alma… Freud, Hobbes, Hipócrates… son deseantes abordajes.

Libros que esperan e hijos que nacen

¿Qué tienen de común Einstein y Marx?

– El modo de publicación, que podría añadirse como un instante adicional a los conocidos “métodos de investigación” y “modo de presentación” que ejecuta el amigo de Engels…, es algo que observé en Marx mismo: por un lado, él editó textos de análisis puntuales al estilo del grandioso “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” ; por el otro, escribió en series. Así, El capital , el que es un conjunto o serie de tres volúmenes, reorganizados en gran parte, por Engels –de allí la desconfianza de algunos hacia los libros II y III de El capital, precaución que no es la mía, dado que considero que son los volúmenes más complejos en comparación con el tomo I de El capital.

Otra famosa serie es la de las citadas Teorías sobre la plusvalía pero nunca leídas a fondo. Acá, algunos ponderan que los 3 libros son una continuación de El capital, siguiendo en esa percepción a Engels, que lo interpretó de esa forma. Otros, evalúan que no, que esa serie es otro conjunto diferente a la de El capital –yo adhiero a la lectura más “ortodoxa”, que es la de Engels.

Bien; el tema es que por mi cuenta y riesgo esculpí mis penosas obras – o sobras…(risas) – atendiendo a ejes concretos, como la deconstrucción de ciertos pensadores como el historiador tenido por marxista, E. P. Thompson, cuando en el fondo es un weberiano culturalista (ir a http://www.fisyp.org.ar/WEBFISYP/CONTRATYAFORISMOS.pdf). Por añadidura, escribí libros que son teóricos como la serie acerca de Los perfiles de Marx.

El conjunto en sí no guarda esa única peculiaridad; se “distribuye” de a pares: las obras I y II de Los perfiles de Marx , son una subserie dentro del conjunto de 4; los tomos III y IV, guardan idéntica relación. ¿Por qué esos “caprichos”? En virtud de que un escritor rebelde tiene que ser capaz de innovar en los modos de redactar, en los usos del lenguaje… Hay toda una erótica y retórica en la escritura, en el lenguaje –si se me permite el “delirema” y aunque no atesore nexos obvios con lo que venimos charlando, podemos desplazarnos y enunciar que si la Historia sobrevive en la escritura y si ésta es una retórica, la ciencia de la Historia es una retórica…

Yendo a la Física, confieso que afloran algunas cositas aquí y allá, al igual que en Alucinar (en) los intersticios… (–ver http://www.eumed.net/libros/2010d/762/index.htm), que se vinculan con mi pasión por la Física y las Matemáticas, pasión que no abandoné aunque descuidé bastante por dedicarme a las Humanidades. De hecho, durante un tiempo estuve bastante esquizo porque no me decidía a elegir entre las Ciencias Sociales y las Ciencias Exactas, de la Naturaleza y Físico/químicas, hasta que finalmente, opté por las Humanidades y eso me llevó a conocer a mi flaquita, lo que de otra manera, acaso no haya acontecido –y entonces, todas las mutaciones que hubo en mí, que me impulsaron a escribir interminablemente alrededor de Marx, no se habría suscitado, ¿no?

Mi encuentro con Einstein data de cuando era un jovenzuelo y desde entonces, nunca dejó de fascinarme el maravilloso universo de la Física, a la que cultivé amorosamente, como cuando dibujaba con obsesión y como ahora, que me dedico a unos cuantos nombres, entre los que están Lacan o Derrida.

Durante años me interioricé de los aspectos cualitativos de la Relatividad, para luego abordar sus complejas matemáticas, lo que hice más tarde y lo que me condujo a su vez, a la Mecánica cuántica y a las partículas de alta energía.

Bueno, pero ¿y?, te seguirás preguntando… Marx y Engels eran seguidores de los avances científicos de su época y creo que si hubiesen vivido, habrían investigado por su cuenta sobre la Relatividad, los cuanta, el origen del cosmos y sobre partículas de alta energía. Engels era un lúcido observador de las ciencias de su tiempo y llegó a vaticinar que la Termodinámica detentaba un despliegue algo insatisfactorio, lo que en su momento le valió descalificativos, pero que luego confirmó Prigogine, que procura unificar la Relatividad y la Mecánica cuántica a partir de planteos termodinámicos –no puedo extenderme acerca de eso.

Si Marx, junto con determinado Hegel, ese viejo Titán, es uno de los iniciadores de lo que el metodólatra e insulso Morin bautizó “Paradigma de la Complejidad”, la Física no está tan lejos de cierto marxismo, de determinado enfoque en torno a Marx… –en la Ciencia de la Lógica, Hegel dice que una mota de polvo puede afectar el destino del universo, lo que es una temprana versión del “efecto mariposa”, consecuencia de la que hablan las teorías del caos y de las catástrofes…

Regreso a una sensación que tengo desde que comenzamos la serie de nuestras entrevistas, de nuestros encuentros: Derrida es una figura espectral, fantasmal en tu obra; no podés hablar de él directamente; lo anticipaste, pero no dejo de interrogarme si el Derrida que asoma en las rendijas, en los intersticios de tus libros es el “verdadero” Derrida…

– No, por supuesto que no, Romi y en primer lugar porque no existe un “genuino” Derrida, del cual uno podría hablar como si se tratara de la descripción de una catedral gótica. Tampoco hay Una catedral ni Un Marx, verdaderos o no; existen interpretaciones… Una frase hermosa de Deleuze entona que hemos errado al creer en los hechos, ya que sólo respiran interpretaciones…

De mi amado Derrida, adopté la deconstrucción porque, tal cual lo confieso en el tomo que da origen al reportaje, de niño padecí y vi mucha violencia familiar, lo que me llevó a enfrentar esa violencia con una estrategia de desplazamiento, de diferimiento, de desmantelamiento o deconstrucción para poder desarmar tal agresividad, mas, sin hacerlo de manera directa, lo que incrementaría la violencia. Es también lo que marca los límites del éxito de mis empresas, intentos que no siempre consiguen lo óptimo, es decir, no siempre logro deconstruir la violencia sin atraer sobre mí más agresividad –el hostigamiento laboral padecido en la Facultad es prueba concluyente.

Lo apuntado es una de las tantas cosas que me impiden hablar de Derrida o siquiera pronunciar su nombre, sin que se me conmueva el alma, mi tenue alma…

¿Hay un “después”?

– Por una parte, sí, habrá un “más tarde”, aún cuando ya no pudiera escribir nada acerca de Marx o de nadie porque la vida es continuar, es seguir por derroteros imprevisibles… Por el otro, sí, habrá más en torno al admirador de Engels, pero acaso no por ahora. Debo finiquitar dos libros más: uno sobre las corrientes de la Semiótica y otro viejo, viejo en torno a Foucault. Luego, puede que regrese otra vez con Marx.

En medio, habrá artículos breves: tengo pendientes por lo menos, tres –uno sobre Hobbes, otro acerca de Hipócrates y otro sobre Freud.

También están las presentaciones de mis últimos escritos, que se harán a partir de fines o mediados de octubre de 2010, presentaciones entre las que vos participarás –eso espero; de verdad, che, Romi. Las tales presentaciones se efectuarán en el marco de Jornadas o Congresos en el campus de la universidad, la que se empeña en cerrarme las puertas, lo que también hizo con Marx y con Derrida, aunque haya, of course, que salvar las distancias, no sea que me acusen de alucinar que soy Marx o Derrida, como alguien alguna vez me acusó de imaginar que era Galileo… –¿tanto espanto con eso?; me preocuparía más que la academia no se comporte como una Inquisición, antes que si un pobre tipo se cree o no tal o cual cosa, ¿cierto?

Me ocuparé de encuadernar e imprimir a mis hijitos, los nueve ó 13 obras que consiga tallar y a disfrutar de verlos traídos a existencia desde el limbo de Internet.

El otro día, me quedé hasta las cuatro de la mañana imprimiendo algunos de mis hijitos literarios y pude a la mañana siguiente, encuadernar uno de ellos, vestirlo de gala. ¡Me sentía re feliz!, como una madre que había hecho un excelente trabajo de parto –y que los psicoanalistas se hagan un “picnic” conmigo, que no me importa (risas).

Te propongo para despedirme, un poema de mi autoría, si te parece. Va…

Clarea

el día

con la bruma

del Tiempo

y se esconden

los segundos

en el gris

de las nubes

recostadas

sobre

la esperanza

del mar

– Nota relacionada:

“Heridas…”, una convergencia de géneros a través del marxismo
– https://www.salta21.com/Heridas-una-convergencia-de.html

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