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Un 5 de febrero de 1967 falleció Violeta Parra, música, cantante, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, considerada por muchos la folclorista más importante de Chile y fundadora de la música popular chilena. Era miembro de la prolífica familia Parra.

El aporte de Violeta Parra al quehacer musical y artístico chileno se considera unánimemente de gran valor y trascendencia. Su trabajo sirvió de inspiración a muchos artistas posteriores, que continuaron con su ardua tarea de rescate de la música del campo chileno y las manifestaciones constituyentes del folclore del país y de Latinoamérica. Sus composiciones propias han sido elogiadas por críticos de todo el mundo, tanto por su compleja elaboración musical como por sus letras poéticas, ingeniosas y socialmente comprometidas. Sus canciones han sido versionadas por gran cantidad de artistas en Latinoamérica y el resto del mundo. Violeta Parra nació en calle Roble de San Carlos, en una modesta casa.

Hija de Nicanor Parra y Clarisa Sandoval, junto con sus cinco hermanos y dos medio hermanos. Violeta empezó a tocar la guitarra a los 9 años, mientras que a los 12 compuso sus primeras canciones. Su hermano Nicanor la estimuló a asumir con personalidad propia la defensa de la auténtica música chilena, en contra de los estereotipos que hasta ese momento se manejaban. Es así como su repertorio, hasta entonces basado en valses peruanos, corridos mexicanos, boleros y cantos españoles, pasa a las canciones más tradicionales del campo chileno, que le permiten descubrir los valores de la identidad nacional como ningún otro artista lo había hecho antes. Esta labor de recopilación está plasmada en más de tres mil canciones, reunidas en un libro (Cantos Folclóricos Chilenos) y sus primeros discos en solitario, editados por EMI Odeón. Así, en 1953 grabó los exitosos sencillos “Casamiento de Negros” y “Qué Pena Siente el Alma”, que se convirtieron en dos de sus canciones más conocidas.

Fue particularmente provechosa su estancia en París, ya que allí grabó sus primeros larga duración (Guitare et Chant: Chants et Danses du Chili, editado en 1956, y una serie de canciones grabadas que se editarían en diversas compilaciones posteriormente), que incluían exclusivamente canciones recopiladas del folclore chileno. En 1958 regresó a Chile. Cuatro discos suyos aparecieron en ese mismo período (Canto y Guitarra, 1957; Acompañada de Guitarra, La Tonada y La Cueca, todos de 1958), en la etiqueta de EMI Odeón, con varias de sus primeras composiciones. Acá asomaba la cantante preocupada de temas sociales (“Yo Canto a la Diferencia”), la brillante constructora de décimas y composiciones poéticas (“Verso por Desengaño”) y la musicalizadora de poemas (“Cueca Larga de los Meneses”, de su hermano Nicanor). Además, su actividad artística se diversificó: trabajó en cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras.

Trabajó un tiempo en un museo de arte popular y folclórico que ella misma fomentó a crear en la Universidad de Concepción y luego viajó por casi todo Chile, ofreciendo cursos de folclore y recitales. Violeta se sentía más apreciada en el extranjero que en su propio país. Entre 1961 y 1965 residió en Francia, continuando con su intensa actividad artística y constantes recitales, siempre intentando difundir el folclore chileno. Su residencia en París le sirvió para lanzar al mundo del disco a sus hijos Ángel e Isabel, con el mote de Los Parra de Chile, y para continuar con sus grabaciones (el notable disco Recordando a Chile (Una Chilena en París).

En 1964, la chilena logró una marca histórica al convertirse en la primera latinoamericana en exponer individualmente en el famoso museo del Louvre. Escribió también un libro (Poesía Popular de Los Andes) y la televisión de Suiza filmó un documental sobre su trabajo (Violeta Parra, Bordadora chilena), que se constituyó en una de las escasas fuentes audiovisuales que hoy se conservan de la artista. Sus textos más combativos fueron “Miren Cómo Sonríen”, “Qué Dirá el Santo Padre”, “Arauco Tiene una Pena”, “Según el Favor del Viento” formarían la base de la corriente musical conocida como la Nueva Canción Chilena. La incomprensión del público chileno fue uno de los factores que desencadenó su muerte.

Las últimas canciones que escribió se reunieron en el notable disco Las Últimas Composiciones, lanzado ese mismo año, grabado junto a sus hijos y al músico Alberto Zapicán, y que incluye sus himnos humanitarios “Gracias a la Vida” y “Volver a los 17”, además de otras canciones igualmente importantes y conocidas, como el “Rin del Angelito”, “Pupila de Águila”, “Cantores Que Reflexionan” y “El Albertío”, famosas hasta el día de hoy. El 5 de febrero de 1967, a los 49 años de vida, y tras varios intentos fallidos, Violeta Parra se suicidó en la carpa de La Reina, dejando un legado de esfuerzo y sacrificio a Chile y el mundo.

– Fuente: Boletín del Colegio de Psicólogos de la Prov. de Salta

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