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miércoles, diciembre 7, 2022

“Blonde”, la genial película sobre la Afrodita rubia

Blonde, la película de Andrew Dominik, se convierte en la auténtica estrella del año

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Ana de Armas es Marilyn y Marilyn es cualquiera de nosotros. O al revés. Lo que logra Andrew Dominique con su monumental e hipnótico retrato de un mito –que no un personaje ni una actriz ni un icono ni simplemente un sueño– se parece en su intención y ganas a lo ideado por James George Frazer en ‘La rama dorada’, o, ya que estamos exagerando, por Ernst Cassirer en su ‘Filosofía de las formas simbólicas’. O, por qué no, por cualquier obra de arte con el espíritu del tiempo que le ha tocado. Marilyn es en Blonde la representación (ésta es la idea) de casi todo lo que somos, de las humillaciones padecidas, de los anhelos indescifrables, de los deseos legítimos y de los ilegítimos (además de muchos de ellos ilegales), de la miseria, de la gloria, de la transcendencia y del caos. Marilyn es Blonde, Ana de Armas es Blonde y Blonde, dígase ya, es la película del año.

Basada en la novela de Joyce Carol Oates del mismo título (“Soy prisionera de este maniquí rubio con esta cara”, se lee), la película es vocacionalmente lo contrario a un ‘biopic‘, lo opuesto a la devoción rendida a lo que la pantalla consume y nos consume. La cámara se detiene en todo momento sobre el rostro, el cuerpo y mucho más adentro de la protagonista Ana de Armas y allí, sin complejos, se queda a vivir. La propuesta, extrema hasta lo revelador e impúdico, no busca tanto contar nada como acercarse a la intimidad no de nadie ni de nada sino del propio deseo. Marilyn como encarnación desnuda de todas las aspiraciones, miedos, mentiras y extravíos de su tiempo y de cualquier tiempo. Marilyn como un nombre vacío a la vez extraño e profundamente íntimo. La pregunta de ¿quién fue en verdad Marilyn Monroe? se transforma en ‘Blonde‘ y ante la mirada del espectador en un cuestionamiento radical y hasta carnal de sí mismo: ¿qué vemos en ella que tan crudamente nos define?

La cinta, claro está, se detiene en los episodios más notables de su vida. La niña Norma Jeane, llamada así porque su madre admiraba a las actrices Norma Talmadge y a Jeane Harlow, es abandonada; la joven que se sigue llamando Norma y que aspira a ser actriz es violada en un sofá cualquiera de los estudios que la contratan; la mujer ya Marilyn Monroe conoce a Joe DiMaggio, y se casa con él; y luego enamora al dramaturgo Arthur Miller, y también… Y triunfa. Y todos la admiran. Y busca a su padre. Y lo de Kennedy. Todo sucede entre el vértigo y la fiebre en un ejercicio de funambulismo casi suicida, sonámbulo. ‘Blonde‘ imita o directamente copia algunas de las escenas míticas de la propia Marilyn y del cine entero y la pantalla asiste al milagro de la transubstanciación: Ana de Armas, decíamos, es ya más Marilyn que la propia Marilyn.

Marilyn Monroe es Blonde
Marilyn Monroe es BlondeNetflix/EFE

Si se quiere, y desde la micropolítica de los gestos diminutos pero decisivos, ‘Blonde‘ puede contar como retrato de una industria, la del cine, levantada enteramente sobre la necesidad del engaño, de la mentira, del comercio de los anhelos, del deseo del propio deseo. De golpe, lo que podría parecer análisis arqueológico, puesto que se habla de los años 50, se convierte en un perfecto reflejo de este tiempo aquí y ahora. Que la película sea producida por Netflix no hace más que añadir perplejidad a la propuesta. Un paso más allá, por lo que tiene de puesta en claro y salvaje del horror y el abuso, también vale como sátira descarnada de todo lo patriarcal, de todo lo machista, de todo lo que, pese a todo, aún sigue con nosotros. Y dado el caso, ‘Blonde‘ puede pasar como una inmisericorde reflexión sobre la maternidad y el abandono.

Sin embargo, y aún siendo cierto todo lo anterior, la película, en su declarada irresponsabilidad, aspira a más. Y esa certera y justa pretensión no es más que la nada, la puntual descripción del hueco creado por un nombre. Detrás de Marilyn nunca estuvo Norma Jeane. No deja de ser relevante que esta película haya tardado tanto para ver la luz. Han sido diez años de producción y un estreno permanentemente retrasado con la productora y el director a la gresca y a la vista de todos. La primera la calificó de demasiado explícita y exigió un corte radical. Llegó a comentar como inadmisible “un cunnilingus sangriento”. El realizador contraatacó y exigió un todo o nada. Al final, gana Dominik, pero tiene que transigir con la calificación comercial de NC-17 que la acerca peligrosamente al porno. Se diría que todo esta teatral disputa en red no sea más que un capítulo añadido de la propia película. Coherente con ella en cada una de sus incoherencias. Y así.

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Ana de Armas: “Tu etnicidad no es una limitación”EL MUNDO

En 1922, cuatro años antes de que naciera Marilyn, James George Frazer tuvo una intuición. ¿Y si todas las religiones y creencias se basaran en lo mismo? ¿Y si todos lo mitos compartieran la misma historia, la misma carne? Un mito, por definición, explica el mundo, le da sentido. Un mito, para entendernos, calma del vértigo de estar vivo. Sin embargo, y por la misma razón, un mito también puede ser la representación perfecta de su fea condición de misterio, de fabulación para esconder lo obvio: el más elemental vacío. Blonde‘ es la crónica perfecta de este abismo

El título es de Salta 21 y refleja nuestra opinión sobre el film

FuenteEL MUNDO

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