Hoy, en las calles de Buenos Aires, Harris se siente como en su casa, más aún ahora que su silenciosa misión ha sido reconocida por el Gobierno Nacional, que le otorgó la Orden del General San Martín.
La realidad tiene una direccionalidad inconfundible, irreductible. Son tiempos de TODO O NADA, en que se está con la Nación o con cualquier otra cosa, definidamente, antinacional.