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domingo, septiembre 27, 2020

Ciudad pánico o el Censo “del miedo”

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Teatro del desencanto en dos obras salteñas

Ninfa, de corte experimental, estrenada el 3 de marzo por el grupo Kurlis Garlan recuerda a esa suerte de nihilismo en la que el hombre es un puente, la producción de un movimiento circular que no conduce a ninguna meta más que a la superación por la superación misma. Globo, estrenada en la misma sala el 4 por el Grupo Santa Rita de Rosario de Lerma, produce ese aire de frivolidad ante la muerte pero deja una luz de esperanza hacia el sentimiento del amor. Aquí, un breve comentario crítico y reflexivo del teatro que se ve en Salta apenas inicia el año, una manera de pintar la humanidad presa de falta de valores. El próximo fin de semana, los salteños podrán asistir a ambas obras en la Sala Mecano de Casa de la Cultura y sacar sus propias conclusiones

Desde el miércoles en algunas radios de Buenos Aires, se insistió que las cifras “del crimen” podrían poner en jaque el próximo Censo del día 27 de octubre, ante la posibilidad de que la ciudadanía, en particular, la que vive en las grandes urbes, se niegue a atender a los censistas por el temor de ser asaltados, vejados, asesinados, etc.

En uno de los programas, el del Sr. Víctor Hugo Morales, se enunciaba que la “Corpo mediática” trataba de boicotear el Censo por estar enfrentada a la Presidente y que buscaba generar miedo a propósito. En el programa posterior, el del animador Fernando Bravo, se intentaba mostrar que los “números del espanto” son reales y que no es cierto que exista una mera sensación de inseguridad.

Por su lado, un noticiero del mediodía francamente detestable, que más se asemeja a una telenovela mexicana de pésima factura que a un programa televisivo de noticias, trataba de apoyar la idea de que no hay una “simple” sensación de inseguridad, sino que la diseminación del “delito” es real y “alarmante”. El “publicista”, como llamaba el Sr. Sergio Poma a quienes no eran a su criterio, periodistas de fuste, decía que las cifras de 2008 eran muy cercanas a las de 2002, que fue el año posterior al derrocamiento parcialmente popular del ex Presidente, Fernando De la Rúa –enuncio “parcialmente”, en virtud de que hubo otras fuerzas, como las del peronismo de derecha, nunca ausente en nuestra Argentina contemporánea, que también hicieron lo suyo para la fuga en helicóptero de De la Rúa…

Desembrago. Es conocido que Foucault, un pensador francés, imaginaba que los Estados se dedican a implementar lo que denominó un control de la vida, lo vivo y las poblaciones, que bautizó con el nombre extraño de “biopolítica”. Compartiendo el aserto y entendiendo que el Censo es parte de esa “biopolítica” que instrumenta un Estado de clase, no venimos a defender al Estado en la crítica que haremos de lo que hemos relatado al comienzo de lo que aspira a nota periodística.

Hecha la salvedad, podemos afirmar que en el machaque mediático del “crimen”, lo que se percibe o se puede vislumbrar es mucho más de lo que se dijo de uno y otro “lado”, en uno y otro programa.

De primera, lo que se trata de reforzar es una terrible campaña de derecha y de la derecha, por la cual se pretenden justificar penas cada vez más espantosas contra los “delincuentes” pertenecientes a los grupos subalternos empobrecidos. Se anhela bajar la imputabilidad de menores a lo máximo posible, criminalizando la pubertad y parte de la niñez –si seguimos así, no sólo encontraremos a Edipo detrás de cada infante, sino a un “feroz ‘criminal’”…

En segundo término, se procura continuar con unos de los viejos ejes de la Dictadura que es la de desmantelar la solidaridad social: en aquellos años de plomo, se lo hizo, en el plano del lenguaje, con el “no te metás”, con el “por algo será” y frases similares; ahora, con la sospecha de “¡todos son delincuentes!” O como escupieron algunos de la farándula porteña, con slogans como “¡nos están matando a todos!”, “¡estamos peor que en Colombia!”, etc.

Lo que se busca es no únicamente que no se le abra la puerta al censista, sino que nadie salga jamás de los jamases a la calle, a movilizarse por nada ni por nadie y que quede el campo orégano para que los grupos hegemónicos –clases dominantes y otros sectores acomodados– puedan seguir usufructuando del Estado como de su nodriza y puedan continuar agrediendo a las mayorías con políticas recesivas.

También se intenta que la solución del “delito” y del “crimen”, pase por una pseudo discusión por más cárceles, más policías, menos “tolerancia”, menos “demora” en las sentencias, etc., en lugar de resolver la miseria, el hambre, la desocupación, la exclusión, la marginalidad, que son las causas del “delito” y del “crimen” –así las cosas, no existen “delincuentes” ni “criminales”, sin hacer por ello una apología del “delito”…, sino que en cualquier circunstancia, casi todos somos más o menos responsables por el “auge” del “crimen” (con nuestras prácticas insolidarias, anti colectivistas, pro capitalistas, etc.).

En tercer lugar, se quiere paranoizar a la ciudadanía porque así como alguien empobrecido y mutilado por el hambre es más sencillo de dominar, de esa misma suerte alguien enloquecido por el temor al otro, a los otros, es más fácil de manipular y de adormecer para que no reaccione frente a cuestiones que sí serían prioritarias –al menos, más urgentes que el mambo por la “inseguridad”. Viene entonces a cuento, el título de la nota, que remeda el de una obra del arquitecto francés Paul Virilio: se está creando a sabiendas y a propósito, la sensación de que habitamos una “ciudad pánico” que en cualquier momento puede estallar en una “invasión” de “delincuentes”, “adictos”, “ladrones”, anarquistas y por caso, soñadores de un mundo distinto al que nos desea acostumbrar el dios capital –porque se trata de eso, del Deseo, de lo que la sociedad capitalista actual quiere inyectarnos para que seamos consumidores y cómplices de esta etapa histórica/histérica. Existe un “malestar en la ciudad”…

En consonancia con lo anterior, la reiteración constante de “noticias” de vejaciones, asaltos, muertes distrae a las mayorías con el morbo, canalizando las energías de resistencia y de rebelión, para que se dilapiden en la silla del comedor, mientras el otro, el que está al lado, revienta de soledad, angustia, pobreza, hambre, miseria. A la par, la programación televisiva refuerza la pasividad y la inmadurez política, con programas basura donde lo más interesante, son las intimidades del inefable Fort.

Quizá en quinto orden, vendría el ataque de la “Corpo mediática” a una política de Estado de clase –el Censo en una comuna anarcosocialista, tendría tal vez, otro carácter que el de una “biopolítica”, que el de un control de la vida, lo vivo y las poblaciones…

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