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martes, septiembre 21, 2021

Drácula

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El público consagró a Drácula de Cibrián-Mahler, en la primera función que se dio en el Teatro El Huerto.

Dicen los entendidos y fanáticos del género de esta dupla, que se trata de una de las mejores obras por ellos realizada. “Me gusta Rodó, haga lo que haga”– dijo una espectadora que sigue de cerca al artista. Otros espectadores decían “precioso”. Lo cierto es que el musical abrió a las 22: 15 y terminó a la 1:15 de la madrugada, con el fervor de un público que aceptó colocarle un 10 al espectáculo mientras en las butacas las señoras comentaban los vestidos de las artistas, alababan las voces y suspiraban con las mordidas del vampiro.

Musicalmente la comedia es excelente; buenas voces e interpretaciones ricas; muy buen despliegue de luces; un vestuario colorido y fino, hicieron del espectáculo Drácula, interpretado por Juan Rodó, una buena opción para los amantes del género.

Una mujer, en los pasillos del teatro dijo: “tenemos la oportunidad de ver lo que ven en Bs. As., esto es valorable”. Sin duda, el público es el mejor indicador. Les pregunto qué cosas les gustan y contestan que en general “todo”.

Con una visión un poco más crítica, rescato las actuaciones de Juan Rodó (Drácula), Lucy Yacianci (Mina), Florencia Benítez (Lucy) y Adriana Rolla (Nani). Las mujeres del vampiro estuvieron muy bien en su interpretación, frágiles, bellas, delicadas y con buenas voces; hizo su parte Nani, la nana de Mina, mujer por quien el vampiro es capaz de morir, de renunciar a la inmortalidad.

Por detrás de las representaciones, hay una señal que se envía a los espectadores: el amor es la única fuerza que sobrevive. Este es el gran valor de la obra, la hazaña de los escritores y compositores de este Drácula.

Juan Rodó, un Drácula pasional, hizo retumbar el teatro con su voz varonil. Otro crédito para el espectáculo. Marcaba una gran presencia en la escena y sin duda, logró el cometido vampiresco al seducir a los espectadores.

Aunque el público hablaba de dinamismo en referencia a las estructuras metálicas que se mueven en el escenario, estas en realidad- desde mi opinión- forman parte de casi todos los musicales de Cibrián-Mahler e instauran monotonía. Algunos efectos, como la aparición de Drácula detrás del espejo, pierden un poco de fuerza ante la reiteración; algo también marcado en las coreografías del musical. Movimientos repetitivos que a veces suenan a relleno. Innecesarios. Creo que la condensación ganaría en estilo para acentuar la contundente sensación de subyugamiento frente a tan magna figura vampira.

La pasión del puestista y del director, muestra que se enamoraron de las figuras populares que aparecen en sus obras, tales como los gitanos y la prostituta. Es como una especie de mística que mejor lograda, daría un aire tipo cinematográfico y hasta de ensueño, van muy por el límite con sus apuestas. En este sentido me parece un musical desafiante. Salen de algunos monoritmos, de algunas estructuras y hasta de algunos prejuicios para hacer vivir a simples pobladores. Son personajes más que creativos, recreativos, allí la falla por decirle de alguna manera.

Drácula de Rodó es un personaje que seduce a hombres y mujeres, el conde exhibe un condimento viril que conquista, más allá del monstruo que desafía la inmortalidad, hay un ser que gobierna la oscuridad, la lujuria, el misterio y la prohibición. Un ser torturado. Es dramático ver a Mina besando a Drácula con amor, pura condena.

Según la leyenda popular, el vampiro sale de la tumba durante la noche, en forma de murciélago, y se alimenta de la sangre de sus presas. Contra su poder existen talismanes y hierbas que los alejan y sólo pueden ser destruidos por cremación o clavándoles una estaca en el corazón. La existencia mítica de este ser sombrío se remonta a la antigüedad y estuvo muy extendida entre los eslavos.

La novela Drácula (1897) del escritor irlandés Bram Stoker cuenta la historia del conde Drácula, un vampiro de Transilvania, que se convirtió en uno de los personajes más famosos de las películas de terror.

Hay en este personaje, actos de rebeldía juvenil y de antiquísimo resentimiento. Lo más cruel de su historia es que jamás podrá poseer la mujer que ama.

Con otra lectura, se trata de un asesino sofisticado que se adapta a las formas urbanas pero mantiene su aristocrático castillo. También diríamos que se trata de un millonario que no escatima en gastos para seducir con el lujo.

El escritor Stephen King propuso una versión mucho más tradicional, respetuosa con las convenciones marcadas por Bram Stoker y su libro Salem’s Lot (1975); el libro de King fue uno de los más vendidos y valió como antecedente de la revisión nostálgica planteada por otros narradores en los años sucesivos.

La historia del vampiro fue llevada al cine por décadas, con distintas performances hasta que Drácula (1992) de Francis Ford Coppola, presentó una visión dramática que conciliaba el romanticismo del personaje con una nueva estética.

Así, hasta nuestros días, el vampiro del cine y de la literatura del siglo XX consolidó un estereotipo distante del Drácula de Stoker.

El planteo de Cibrián-Mahler suena a conjunción con el de Francis Coppola porque además de mostrarse débil ante el amor, parece confundir al público quien prefiere al vampiro más que al verdadero amor de Mina.

El final de la historia en este musical es estremecedor y al mejor estilo de una película de terror, este efecto produjo una especie de espeluznamiento y cerró cualquier objeción a la obra en cuanto lo romántico y pasional del vampiro no quita lo monstruoso y terrorífico en la dimensión artística, que tiene sus propias limitaciones para llevar a escena esta gran pasión de algunos grandes del cine, la literatura y el teatro.

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