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sábado, septiembre 19, 2020

Gamboa, el sitiador sitiado

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El juez Dubois entendió que “no hubo amenaza valedera” y sobreseyó al profesor Víctor Gamboa, acusado penalmente por anunciar un sitio a Salta en Semana Santa como parte de la lucha docente. En el siglo XIX Salta afrontó el asedio de criollos y de realistas en pugna por el control de la ciudad. Hay sitios célebres: el de Troya, el de Stalingrado, el de La Paz y el de Mesada.

El sitio anunciado por Víctor Gamboa fue un malentendido, una exageración o un fracaso, si lo tomamos desde el punto de vista literal que movió al secretario de Seguridad Gustavo Ferraris a radicar una denuncia penal.

Porque en realidad el sitio de Gamboa se limitó a la acción de maestros y profesores que detenían por lapsos breves de tiempo en Güemes y Metán a vehículos en tránsito hacia la ciudad capital de la provincia para explicarle a los visitantes que además de la Salta turística que venían a ver existe una Salta Social que no es precisamente linda y atractiva. El momento más duro del “sitio” docente a Salta fue -en el pico de la crisis- el corte de seis horas en la autopista de acceso a la capital de la provincia.

El presunto sitiador terminó -judicialmente- sitiado: el vocero de la Asamblea Provincial Docente afronta denuncias penales por coacción, lesiones en banda, y privación ilegítima de la libertad agravada por la violencia. Es que también lo acusan de sitiar la Legislatura, tomar como rehenes a los diputados y atacar sus flamantes 4×4 y sus automóviles de lujo.

Otros sitios

Salta afrontó acosos más importantes. En la época de la guerra por la independencia hubo verdaderos sitios que sí eran una amenaza valedera para los vecinos de la ciudad. Cuando la dominaban los realistas la sitiaban los criollos y cuando estaba en poder de los patriotas la jaqueaban los españoles. Pero hoy los detalles de esos sitios sólo los conocen los historiadores.

Hay otros sitios más famosos, extraños o crueles. Es el caso de una Buenos Aires aldeana apenas titilante con su grupo de casas precarias en la inmensidad de la pampa, acosada y aislada por los indígenas. Dicen que para sobrevivir los desesperados colonos, resto de una población diezmada, tuvieron que recurrir a la antropofagia.

Tal vez el más célebre de los sitios -que alcanza categoría de mito- es el de la ciudad de Troya. Mucho tiempo se pensó que era sólo una leyenda, hasta que un arqueólogo alemán encontró los restos de la ciudad en las costas del Asia Menor.

El sitio fue provocado por el rapto de la bella esposa de un rey griego y terminó con la ciudad de Troya en manos de los sitiadores -cuando ya parecía inexpugnable- gracias al ardid del enorme caballo de madera con un grupo de asalto escondido en su interior, dejado como señuelo y supuesto regalo de los acosadores que parecían admitir su fracaso y alejarse.

Stalingrado y Mesada

El sitio de Stalingrado es tal vez el punto más crítico de la Segunda Guerra mundial y el momento clave en el que el poderío alemán comienza a desplomarse luego de un cruento y infructuoso acoso bélico que prácticamente destruyó a la ciudad rusa pero también a las huestes de los frustrados invasores.

Y no hay que olvidar el sitio de Mesada, ese episodio trágico y heroico en la historia del pueblo judío que deja una enseñanza extrema: es preferible la muerte al sometimiento. Un poblado hebreo levantado en lo alto de un risco a modo de fuerte resistió valientemente el acoso de las legiones romanas. Cuando sus pobladores vieron que sus esfuerzos por resistir desfallecían y la ciudad caería en manos del enemigo se arrojaron -hombres, mujeres, ancianos y niños- desde lo alto de los peñascos hacia el abismo. Los romanos finalmente ingresaron a Mesada para encontrarse con una ciudad fantasma.

La Paz: de Katari a Evo

Hoy que Bolivia tiene un presidente indígena gobernando desde el Palacio del Quemado, en la ciudad de La Paz, son muchos los que recuerdan el dramático sitio a la ciudad que protagonizaran -a fines del siglo XVIII- indígenas en rebelión contra el dominio español bajo el mando de Tupaj Katari y su esposa Bartolina Sisa.

El 14 de marzo de 1781 cerca de 40.000 indígenas iniciaron un cerco a la ciudad que duró 109 días y que sería continuado por un segundo sitio de 73 días. El sitio a La Paz se consolidó luego de un mes. La ciudad, con 52.000 habitantes, no estaba lista para un cerco tan largo y pronto la falta de alimentos hizo mella en los sectores cholos y criollos. En junio las calles estaban vacías, los niños pedían ayuda en las esquinas, no había agua ni alimentos.

Los sitiadores finalmente se alejaron. “Fue un error, tendrían que haber tomado la ciudad”, me dijo convencido un joven aymara en un foro callejero de discusión en el que se debaten problemas culturales, políticos y económicos de Bolivia y América Latina en la Plaza de los Héroes, en el centro histórico de una ciudad ideal para sitiarla puesto que -a diferencia del pueblo hebreo de Mesada, sitiado por los romanos, que estaba en lo alto- La Paz se encuentra en una hoyada.

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