Estudiantes de antropologĂa de la Unsa recogieron testimonios de una cultura ancestral que perdura -y se modifica- no muy lejos de la ciudad de Salta. Hacia allĂ partieron hoy a llevarles el libro a sus pobladores porque -explican- es de ellos.
Memorias de la Quebrada del Toro, San Bernardo de las Zorras y el Rosal es un libro -con láminas fotográficas a color de paisajes y moradores- editado por Eunsa, la Editorial de la Universidad Nacional de Salta, a travĂ©s de la SecretarĂa de ExtensiĂłn Universitaria.
Estas «Memorias» son el fruto del proyecto generado dentro de la Escuela de AntropologĂa «Mirando el pasado, pensando el futuro», que se desarrollĂł a lo largo de dos años y medio en las comunidades San Bernardo de las Zorras y El Rosal, de la Quebrada del Toro.
Los autores: Norma Naharro (coordinadora), Gretel EchazĂş, Mariana Ilarri, Luz Pastrana, Paolo Sanguineti, Mario Raspa, Daniel Yazlle y Florencia Soraire.
Se trata de una compilaciĂłn de relatos de personas que viven en esas dos localidades de la Quebrada del Toro con vistas a la recuperaciĂłn y el registro de las vivencias y costumbres de los pobladores.
Los temas: El ayer y el hoy; los lugares de los antiguos; el ferrocarril; las minas; las vueltas de la vida; cĂłmo producimos; criarnos y curarnos; las fiestas; la escuela; otras cosas que pasan; historia de la recuperaciĂłn de historias.
El equipo de jóvenes universitarios se trasladarán hoy sábado hacia las comunidades de San Bernardo de las Zorras y el Rosal para entregar el libro a las personas de esas comunidades.
AsĂ se cierra el ciclo de presentaciones de la obra, que se realizĂł en el Complejo de Bibilotecas de la Provincia y en la sede de la Universidad Nacional de Salta.
La entrega de ejemplares en las comunidades de la Quebrada del Toro se hace en el marco de un festejo en el que los investigadores de la Unsa compartirán una jornada comunitaria con quienes son considerados por los autores del trabajo como «los verdaderos co-autores» de la obra.
Tan cerca y tan lejos…
«A partir de Campo Quijano y hasta Puerta Tastil se extiende la Quebrada del Toro, donde aparecen diversos pueblos, parajes y yacimientos arqueolĂłgicos muy particulares; en los 59 kilĂłmetros de esta Quebrada el RĂo Blanco bordea el camino, cruzándolo varias veces por debajo de vados, y por ello en Ă©poca de lluvias transitar este camino es muy dificultoso», dice el portal de la cámara de diputados, tomando como fuente la página www.guianoroeste.com.ar.
Si consideramos que Quijano, al pie de la Quebrada del Toro, es un pueblo que está a apenas unos 30 km de la capital de la provincia -ciudad que cuenta hoy con cerca de 700 mil habitantes- vemos que las comunidades donde trabajaron los antropólogos están muy cerca geográficamente de la cultura urbana en su grado más extremo a nivel provincial (si bien para llegar a ellas hay dificultades y no son de fácil acceso). Pero son parte de un universo cultural muy distinto al de nuestra cotidianidad citadina: un mundo que pendula entre la continuidad de lo ancestral y la erosión y modificación de costumbres, creencias y forma de vida.
¿Cómo, por qué y para qué vamos a interesarnos por la forma de vida de esas comunidades y los recuerdos y experiencias de sus moradores?
Los jĂłvenes estudiosos de la Unsa nos explican:
«La memoria es la huella de lo sucedido, que le da sentido al presente. Existe en el lugar donde se mezclan los recuerdos personales y las vivencias colectivas. Se transforma con el tiempo y toma un color particular en la voz de cada persona…
Este libro es una compilación de distintas vivencias que tienen lugar en la Quebrada del Toro, en las comunidades de San Bernardo de las Zorras y El Rosal».
Esas pequeñas historias de vida que fueron contadas por las personas del lugar desde su cotidianidad y recuperadas por un equipo de estudiantes de la Universidad Nacional de Salta tienen un valor que va más allá de lo acadĂ©mico y lo cientĂfico y tocan lo humano y lo cultural; porque son parte de ese cosmos desconocido que conforma la Provincia, una realidad propia y a la vez extraña que a menudo olvidamos o ignoramos.
Algunos testimonios:
“Ahora la juventud ha cambiado, igual ha cambiado el tiempo. Ahora ha dejado de llover mucho, los cerros eran nevados todos”. Elisa Lamas (San Bernardo).
“Antes no habĂa apuro, la gente… todos sabĂan, no va a decir que estaban preguntando quĂ© falta. No hay ya toda esa gente de edad de aquĂ, por lo menos ya no están, otros se han ido a Salta a vivir, los hijos los han llevado. AquĂ esa señora Clara de acá abajo. Ella todavĂa está, doña Juana, más abajo. Ellos han sido buenos cantores, ella era coplista cantora, ahĂ está don Luis. No hay gente por allá, hay otros jĂłvenes. Esos no saben nada… asĂ han hecho aquĂ… canten, canten, den vuelta al corral, despachen la hacienda… nadie quiere cantar nada, quieren tar machado pa cantar, pero cuando hay voluntad y sanito ya se canta…” Anacleta Siñanis (El Rosal).
«La gente tiene la costumbre de guardar las patitas de cabra, las patitas de vaca, cabezas. Las hacen hervir, hacen picante. TambiĂ©n hacen hervir mazorca y despuĂ©s todo lo que se cosecha en la tierra, papa, habas, maĂz.
Para la siembra se convida, un poco de gaseosa, un poco de vino, o en ocasiones comidas.
Igual, cuando nosotros vamos a los cerros, en la Apacheta hacemos lo mismo. Se da agua, se descansa un poco y como de costumbre siempre dicen los abuelos, cuando uno va a dar de comer se trae una piedrita de otros lado, y la pone en la Apacheta…. ., y eso se hace siempre…”
Hugo Vilca (San Bernardo)
“Mucho más retirados somos entre vecinos, antes se llegábamos por cualquier cosa o sino ya se venĂa el otro para acá por alguna cosa. Pero ahora no. Ya se la aguantamos, parece que ya somos una gente más dura, más caprichosa…” Anacleta Siñanis (El Rosal).
“…Antes plantábamos flores, claveles, estatĂ. Lo trabajabamos con mis hermanas. TambiĂ©n plantábamos habas y las llevábamos en carro hasta Puerta de Tastil, ahĂ habĂa una estaciĂłn grande. VendĂamos seiscientos kilos.
Ahora es triste, se fueron yendo o muriendo todos. Ya no hay jĂłvenes, los jĂłvenes se van. Yo no me voy para no dejar botando la finca y por mi padre, que está enterrado en el cementario de San Bernardo. El muriĂł en el cincuenta y tres, cuando (yo) tenĂa 13 años….” Melanio Choque (San Bernardo).
Gracias por este libro, gracias por esos universos que allĂ confluyen -el de los antropĂłlogos de la Unsa y el de los pobladores de San Bernardo de las Zorras y El Rosal-, gracias Gretel, gracias Norma, gracias Mariana, gracias Luz, gracias Paolo, gracias Mario, gracias Daniel, gracias Florencia, gracias Hugo, gracias Elisa, gracias Anacleta, gracias Melanio… Gracias por todo ese fuego vital , y desde Salta 21 sĂłlo pedimos esto: que, a pesar de todo, nunca, nunca se apague!
Gracias por ese fuego: un libro, la Quebrada del Toro
Los antropòlogos tienen ese fuego, siempre buscando, investigando, interesà ndose por historias de historias tan increìblemente cercanas y desconocidas. Siento una profunda admiraciòn por todos ellos. Gracias por la nota Milucho!