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martes, diciembre 1, 2020

La Inquisición, azote de Dios que aún conmueve a la humanidad

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El licenciado De la Vega, de la Universidad de Santander -un reconocido especialista en el tema- dio en Salta un panorama general sobre La Inquisición y se refirió luego a los problemas de fuentes, enfoques, corrientes y bibliografía.

La conferencia – a la que asistieron unas 30 personas- tuvo lugar el miércoles 26 de septiembre en la sala José Luis Cabezas del rectorado de la Unsa (Buenos Aires 177) de la ciudad de Salta, ubicada al norte de la República Argentina (*).

Entre el público había alumnos universitarios de letras, historia y antropología, profesionales e integrantes de la colectividad judía local.

En cuanto a la Inquisición como aparato represor de ideas en la sociedad europea medieval, el catedrático comenzó atacando la costumbre de asociarla solamente al estado español, ya que -dijo- también existió en Portugal y en Italia. La Inquisición comienza a operar -oficialmente, con actas documentarias- alrededor del año 1481 por mandato de la monarquía española encabezada por Isabel la Católica en forma conjunta con la Iglesia Católica. Pero como práctica social, religiosa y penal tenía ya por entonces mucho tiempo de aplicación en forma secreta.

Aniquilar las ideas exterminando a las personas

Lo que buscaba la Inquisión -explica De la Vega- era aniquilar las ideas contrarias o diferentes al dogma católico eliminando a quienes las portaban. De este modo el temor impregnaba toda la sociedad y la disciplinaba.
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Este aparato de control, persecusión y penalización impide el desarrollo intelectual formando una barrera mental al aniquilar ideas y eliminar a quienes las tenían. En España esto produjo una actitud refractaria hacia el pensamiento creativo y libre. La consecuencia: retraso, estancamiento cultural y social.

El inquisitorial era un complejo mecanismo religioso y estatal que tenía un fin claro: eliminar a quienes pensaban distinto para consolidar el poder hegemónico de la monarquía y de la Iglesia Católica. Había un gran temor de los papas y los monarcas al nacimiento de nuevas doctrinas que pudieran cuestionar su estructura política e ideológica. Ambas instituciones se proclamaban y legitimaban como voceras e intérpretes de la voluntad de Dios.

Sexo y chismes, altamente peligrosos

El delito más grave de cuantos se penalizaban era tener sexo antes del matrimonio debido a que tal acción inutilizaba todo el plan posterior de censuras y prohibiciones sobre el que se asentaba el corpus moral de la iglesia.

Curiosamente, según lo expuesto por De la Vega, no se tienen datos de que hayan eliminado a muchos pensadores: oficialmente hubo solamente 12 filósofos ajusticiados por la Santa Inquisición, otros 6 fueron eliminados por ideas humanísticas -tradujeros obras antiguas prohibidas-, 6 por misticismo y sólo 2 por ideario revolucionario. Artistas prácticamente no murieron en las manos del Tribunal. Era prioritaria la persecusión y destrucción de la obra considerada herética antes que al autor.

La masa de los penalizados eran gente común del pueblo, comerciantes, labriegos, campesinos, artesanos. El aparato represor se ponía en marcha a partir de denuncias o chismes que llegaban a los oídos de algún agente de la Inquisición. Así por ejemplo, que determinada persona había tenido sexo prematrimonial, que judíos conversos seguían a ocultas con sus ritos judaicos o habían dicho que seguían celebrando el sabat, o que alguien ponía en duda la divinidad de Jesús, la virginidad de María o la misma existencia de Dios.

Si una persona tenía -por ejemplo- una enemistad con otra, podía aducir que la había observado practicando cultos satánicos. Así por celos, envidia o problemas entre vecinos, una persona podía terminar incinerada en la hoguera.

Sin derecho a defensa

La acusación equivalía a la condena. Porque sólo quedaba la posibilidad de la confesión de la herejía. No había modo de demostrar la inocencia ni tampoco existía la figura del defensor. La tortura estaba orientada a que el condenado admita que tenía contactos con el diablo, o sexo extramatrimonial, o practiba ritos judíos a ocultas.

Pero si un fiel católico torturado por la culpa moral se presentaba ante un dignatario eclesiástico a confesar por ejemplo que había caído en el adulterio la situación podía ser distinta. Ante la grave accción de infidelidad que ponía en riesgo la sagrada institución del matrimonio, el inquisidor preguntaba primero que nada: “¿Lo sabe alguien? ¿alguien se ha enterado de esto?”. Si no había trascendido la acción todo quedaba en un plano de la moral personal y el adúltero era perdonado -tras la confesión- con la sola recomendación de una penitencia (por ejemplo rezar un cierto número de padrenuestros o ave marías)

En cambio si el adúltero era acusado públicamente como tal o la acción había trascendido a través de chismes y comentarios, su situación era muy grave y su vida estaba en peligro: la Inquisición no tardaría en caer sobre él.
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Con esto se ve que el Santo Tribunal actuaba como mecanismo de control social e ideológico más allá de la dinámica moral individual del fiel o súbdito en su relación personal con un Dios benevolente que lo perdonaba si había pecado. En realidad la acción penalizada era aquella que ponía en riesgo el poder absoluto de la Iglesia y la Monarquía.

Videla y Von Wernich: ¿contradicción o coherencia?

Tras la conferencia del profesor De la Vega, hubo preguntas, opiniones y una suerte de debate no previsto. Una persona se fue porque el disertante no le aceptó una relación que hizo con los desaparecidos de la dictadura.

“La Inquisición no era oculta, se registraba el proceso y se documentaba el número de los condenados”, dijo el catedrático; en cambio El Proceso de Reorganización Nacional -como se conoció a la última dictadura argentina- creó un sistema totalmente oculto y secreto para cometer el delito de lesa humanidad conocido hoy como sistema de desaparición de personas.

De todos modos resulta interesante estudiar la Santa Inquisición Católica de la época medieval en momentos en que el cardenal Ratzinger -que encabezaba el órgano eclesial que deriva de aquella, llamada hoy Sagrada Congregación para la Fe- se ha convertido en Papa.

También se podría estudiar hasta qué punto regímenes totalitarios como el nazismo y el estalinismo bebieron de la experiencia inquisitorial de exterminio de personas opuestas al dogma ideológico y político imperante.

Que el dictador Jorge Rafael Videla asistiera regularmente a misa y comulgara mientras su gobierno hacía desaparecer a miles de argentinos, o la presencia del sacerdote Christian Von Wernich en las sesiones de torturas a muchos le parece contradictorio con los valores cristianos. Pero también podrían verse esas conductas como coherentes dentro de la mentalidad represiva instaurada en Occidente por la Santa Inquisición Católica.

Informe: Leandro Méndez

Redacción: Miguel Brizuela

Obras del artista León Ferrari http://www.leonferrari.com.ar

(*) NdR: hacemos esta aclaración porque comprobamos que este artículo se está leyendo también fuera de la Argentina

2 COMENTARIOS

  1. Eliminar al herético y su obra
    Quisiera aclarar que las personas que pecaban o no seguían los 10 mandamientos, cuando eran “procesadas” en el “tribunal ordinario”(integrado por obispos o curas que no actuaban para la inquisición) se les daba una penitencia, pero cuando estas se negaban a que habían pecado o mejor dicho a que su accionar no correspondía a un pecado, entonces se las consideraban heréticas trasfiriéndolas al “tribunal inquisidor”, en el cual eran eliminadas o enviadas a una cárcel donde nadie sobrevivía.

  2. La Inquisición, azote de Dios que aún conmueve a la humanidad
    Un articulo excelente. Revisar la historia, no siempre nos evita repetirla pero ayuda a muchas personas para abrir los ojos. En esos raros tiempos, donde periodistas son encarcelados por hacer su trabajo (Informar), donde los que tienen plata pueden comprar gente y voluntades, articulos como el suyo no ayudan a tener los ojos bien abiertos, mis felicitaciones.
    Jaro Godoy.

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