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lunes, enero 18, 2021

Los vértigos de la noche, la escritura

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Hace ya diez años que expuse en un noviembre no tan caluroso como el que nos toca respirar ahora, mi tesina de Licenciatura, que fue merituada entonces, por el Tribunal que se hizo cargo de algo que incomodaba en la academia y que nadie deseaba evaluar, con la distinción Summa Cum Laude.

“Hay […], cuando se tiene hambre y sed, alguien que [nos] acecha”

Arthur Rimbaud

“Por fin vivimos y [existiremos], a pesar de todas las desgracias con que la fortuna ha peloteado nuestra vida […]”

Hercule de Savinien Cyrano de Bergerac

“[… Existen pensadores a los que no] se supera […], en la medida en que marcan la dirección de una búsqueda, [de] una […] orientación”

Jacques-Marie Émile Lacan

La distinción Summa Cum Laude, es un antecedente que hasta el momento de leer* hoy frente a Uds., pacientes escuchas, nadie alcanzó todavía en la Carrera de Historia, que es en la cual no ejerzo cargo alguno, como si allí habitara una paradoja y/o una consecuencia inevitable, en absoluta armonía con la “lógica” institucional.

El Jurado de ese lejano 1998, cuando parecía que no lograría graduarme a raíz de la furiosa oposición que existía al respecto y que sigue con otras “caras” o máscaras y por otros senderos, también aconsejó que, con los agregados que se efectuaron en la Defensa Oral de La dialéctica base-superestructura en Karl Heinrich Marx, la Facultad la publicara, cosa que nunca tuvo lugar y en más de un polifónico sentido: ni se concretó en los hechos, ni mi palabra encontró espacio, tal cual continúa “sin tierra” en medio de lo que se alberga en el campus, en este topos (no ciertamente, “este lugar”, el que podría enunciarse como “mío”, que es el topos de la escritura, de sus vértigos, de las noches de insomnio por tallar signos…, sino el campus de la academia –y otra vez, en un múltiple sentido: en el de determinado Bourdieu y en el de “espacio físico” de la institución).

Recuerdo que la esculpí, porque tuve que lidiar con un material opaco, resistente, que son las obras atribuidas a un tal amigo de Engels, entre amaneceres, sin saber si iba a clarear un día, hasta que la finalicé, exhausto, por una y con una tensión acumulada, no al igual que el ciclo iterativo del capital y del capitalismo, sino por una contracción propia de los obsesos y de los posesos, según lo que gubiaron, cada uno a su tiempo, Derrida y Marx.

Luego de la exposición de mis pobres ideas, quedé casi convaleciente, sin poder mucho luego de eso, como cuando a uno lo circuncidan, que es lo que me ocurrió, también en mi décimo cumpleaños, de acuerdo a la fatalidad que son los relojes, los calendarios, los relojes. Poco a poco, pude ir delineando otros asuntos; pude en simultáneo, regresar, sí, regresar a lo que había escrito con una pasión que no me fue permitida desplegar en mi Tesis Doctoral, que continuó aquél primer tema. No dejé de volver sobre la obra que uno redacta para obtener “un grado”, para hablar supuestamente “apoyado” con lo que titula la academia, hasta que la pequeña tesina se convirtió en Las sombras de Marx, que ahora nos conjuran, llaman o convocan.

Después de meditar cómo bautizar ese libro, me enteré a través de Internet que en España se había publicado impreso, una obra en singular denominada A la sombra de Marx. Pero no intento ni pretendí nunca estar cobijado, abrigado, protegido, aliviado por una especie de lugar reconfortable que serían los escritos del compañero de Engels; no aspiré jamás estar a la sombra de un padre; el mío, el biológico u otro, simbólico, como la institución, Marx, el marxismo o lo que se hizo con ellos y de ellos. Siempre digo que, aunque puedan asignárseme hijos a los que amo, no tengo familia ni aire de familia, por ejemplo, leninista, en nombre de lo cual pudieran bloquearse mis devenires, mis derrames, mis desvíos (verdaderamente, para ciertos leninistas, para determinado Lenin, Interpretantes suyos, para cierto “marxismo”/leninismo, yo sería un revisionista, un “torcido”). Rechazo y no el epíteto, en el mismo escenario, en igual juego: acepto ser un “curvo” en la escala en que prefiero los rodeos, el girar en torno; de ahí mi cariño por Derrida, Proust o Lacan.

Repelo ser un “revisionista” en la medida en que se escupe lo indicado como una acusación descalificatoria y sostengo temerariamente, que acaso el primer “revisionista” del suegro de Aveling, luego de determinado Engels, fue precisamente, Lenin, lo que trajo desgraciados efectos, peores que los que yo hubiera podido gestar con la re lectura “desviada”, curva, de las obras de Marx, de sus sombras.

No enuncio por consiguiente, sobre lo claro y la claridad en Marx y por Marx, sino que aprecio sus libros en tanto sombras a las que cuesta trabajo leer, en particular, por una tradición y por un modo de lectura militante al que le digo “no”, aunque las más de las veces, no lo explicite.
El asunto es que mi obra estaba ausente en el mundo, a pesar de estar ya en él, dado que no la conocían sino un puñado de interesados en los conejos que sacaba de los escritos del suegro de Lafargue, habiéndolos puesto allí, aunque no siempre. Por azares y casualidades, azahares, que no puedo desempolvar, me encontré con los miembros de la Universidad de Málaga, que se encargaron generosa y amorosamente, de editar en formato digital, lo que imaginé alrededor del refugiado en Inglaterra, procurando no caer en la compulsión de repetición que incubó determinado leninismo. Se ocuparon de tramitar el ISBN, se encargaron del diseño de la tapa y del depósito legal, incluyendo mi libro en la Biblioteca Nacional de España.

En paralelo aunque no “en paralelas” que nunca se tocan o cruzan, rompiéndose unas en las otras para dar, ofrecer curso a hechos, a acontecimientos, integrantes de CLACSO, impactados por lo que les surgía cuando menos, “curioso”, me preguntaron por e-mail si los “autorizaba” a subir mi obra en una de sus innumerables bibliotecas virtuales; sorprendido por el honor que se me concedía, siendo como hasta hoy, un “‘ilustre’ desconocido” (más re/negado –en el polifacético sentido de “tachado”, doblemente negado y contestatario- que “ilustre”…), acepté. Incluyeron no sólo el libro que ya se comentó, sino los otros tres, algunos de los cuales los presenté en Chile, en enero de 2009, mientras me desanillaba de la vida, de mi tenue vida, una tarde, en el mar de Antofagasta, en el instante de inocencia en que se pierde el sol como una moneda de oro o metal al rojo, en la alcancía del inmenso mar, en el infinito océano de las horas –extraviadas, perdidas, sí (ver http://www.fisyp.org.ar/modules/tinycontent/index.php?id=8).

¿Qué seré hábil para estampar, negro sobre blanco, de acá en más, cerca o no de mi obsesión, de mis obsesiones con cierto Marx? No lo sé; aguardo no aburrir ni aturdirme yo mismo con mis torpezas; espero la luna opalina en un costado de la eternidad, para que haga de faro de mis vacilantes pasos.

– * Comentario realizado en ocasión de la presentación de Las sombras
de Marx, en el Aula Virtual de la Facultad de Ciencias Exactas.

– Nota relacionada:

“25 watts” o el escaso brillo de las “luminarias”

https://www.salta21.com/spip.php?article2642

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