Otra de las grandes zarzuelas, esta en dos actos y seis escenas. La Rosa del Azafrán se estrenó en Madrid (España) en marzo de 1930, aunque la acción ocurre setenta años antes.
Salta, miércoles 16 de mayo de 2012. Teatro Provincial. Patricia González (soprano-Sagrario). Luciano Garay (barítono-Juan Pedro). Graciela Oddone (soprano-Catalina). Mariano Fernández Bustinza (barítono-Moniquito). Fabián Mignani (tenor-Carracuca). Lucrecia Ramos, Alfredo Alonso, Guido Núñez, Inés Montaranini, Daniel Chacón, Javier Zamarián (Actores). Cantantes y actores comprimarios. Ensamble Arte Coral de la Sociedad Italiana conducido por Luis Fernando Benavidez. Ballet Sol de Portocarrero dirigido por la Mª Daniela Perez. Orquesta Sinfónica de Salta. Director Musical Mº Jorge W. Lhez. Ensayo General de la Zarzuela “La Rosa del Azafrán” con música de Jacinto Guerrero y adaptación libre de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw sobre “El Perro del Hortelano” de Lope de Vega. Director de Escena, Diseño Escenográfico y Vestuario: Mº José Darío Innella. Iluminación: Betina Robles. Asistente de Dirección: Zulema Villalonga. Realización Escenográfica de Guillermo Pucci – Jorgelina Collar. Realización de Vestuario: Raúl Aquenes Agüero – Inés Montanarini. Equipo Técnico del Teatro Provincial de Salta.
Otra de las grandes zarzuelas, esta en dos actos y seis escenas. La Rosa del Azafrán se estrenó en Madrid (España) en marzo de 1930, aunque la acción ocurre setenta años antes. Como sucede casi habitualmente en el género se alternan partes cantadas con las habladas teniendo la primera poco más de una hora de duración sobre un total de casi dos horas y media. El argumento se basa en el amor entre dos personajes de diferentes clases sociales Juan Pedro, criado de la hacienda cuya dueña es Sagrario a quienes rodean una serie de personajes que luego de idas y regresos, arriban a un final feliz no exento en sus pasajes medios de situaciones jocosas, dramáticas y hasta olvidables, que no voy a contar aquí para no perder la posibilidad de ser descubiertas por aquellos que concurrirán a sus tres recomendables presentaciones.
El gran atractivo de esta famosa zarzuela, cuyo nombre se debe a la flor del azafrán que como se sabe, nace antes de la salida del sol y se deteriora o muere al caer la tarde, se debe a la música de Jacinto Guerrero, de comprensión directa por parte del oyente, donde deliberadamente se dejan de lado complejas construcciones armónicas para dedicarse de lleno a la creación de líneas melódicas verdaderamente deliciosas. Nunca le importó al autor, las acusaciones de endeblez de su música pero en este asunto es bueno señalar que para llegar a tal situación de síntesis y sencillez, justamente se requiere no solo talento sino conocimiento profundo del arte musical.
Los solistas, con ligeras diferencias de rendimiento, son todos no solo adecuadamente elegidos sino que muestran un grupo de cierta homogeneidad en sus actuaciones. Excelente la conocida Graciela Oddone; muy buena la actuación de Luciano Garay, barítono de timbre atenorado y eficaz Patricia González en su convincente Sagrario. La parte actoral fue lúcida y aplomada. El coro de la Italiana de notable preparación; otra vez se lució el ballet que conduce Daniela Pérez. Dignos de alabanza, por la inteligencia de Innella y Pucci, el diseño y realización escenográfica, como así también plausible el vestuario de cantantes y actores. La iluminación de Betina Robles irreprochable y si bien hubo un par de momentos vacíos en el movimiento escénico, la instancia fue bien pensada para un escenario que tal vez pedía mayor espacio. La letra de las canciones fue comprendida con la ayuda de las letras superiores pero otra vez se sufrió un tema recurrente ya que pasó en años anteriores: los parlamentos, con micrófonos portátiles fueron de muy mala calidad y no por culpa de quienes los decían sino por que el sonido artificial, decididamente, debe ser mejorado.
La orquesta no tuvo fallas y la dirección del Mº Lhez, de envidiable preparación, permitió que cantantes, instrumentistas, bailarines y coreutas tuvieran todos el marco sonoro preciso como para que la obra recibiera la aprobación de un público que llenó el teatro. Prolongado y merecido aplauso premió la labor artística.