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sábado, septiembre 26, 2020

Pobres estructurales en el sistema educativo

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Teatro del desencanto en dos obras salteñas

Ninfa, de corte experimental, estrenada el 3 de marzo por el grupo Kurlis Garlan recuerda a esa suerte de nihilismo en la que el hombre es un puente, la producción de un movimiento circular que no conduce a ninguna meta más que a la superación por la superación misma. Globo, estrenada en la misma sala el 4 por el Grupo Santa Rita de Rosario de Lerma, produce ese aire de frivolidad ante la muerte pero deja una luz de esperanza hacia el sentimiento del amor. Aquí, un breve comentario crítico y reflexivo del teatro que se ve en Salta apenas inicia el año, una manera de pintar la humanidad presa de falta de valores. El próximo fin de semana, los salteños podrán asistir a ambas obras en la Sala Mecano de Casa de la Cultura y sacar sus propias conclusiones

La otra cara de Salta a treinta minutos de la ciudad. Niños con escasez total de recursos. Las políticas compensatorias no son suficientes o no alcanzan a cubrir las necesidades mínimas. El frío, la falta de agua y de alimentos condenan a nuestros niños a un futuro de indigencia. Las condiciones de pobreza les impiden estudiar y crecer en escalas sociales. No ingresarán al sistema. Qué hacen nuestros candidatos, cuáles son sus propuestas. Sólo se miran en el espejo de los alrededores del centro de la ciudad, mientras, la otra Salta espera en silencio.

Ángel tiene seis años y una carita redonda y colorada. Un delantal casi gris, prendido con un sólo botón y una remera que alguna vez fue roja lo protegen de “la ola invernal”. Explica, sin culpa, que no hizo la tarea porque todos se fueron al “rastrojo” y él también debía ir para no quedarse solo. Dice que cuando siente frío “se pega una corridita” y ya está. La manguera que les proveía de agua se incendió en una quema de pastizales y ya no se pudo lavar.

Débora tiene once años, es robusta y de gran talla para su edad. Tiene una voz agradable y le gusta cantar. No le gustan los feriados ni los fines de semana. En esos días la familia debe recoger la leña para el resto de la semana. A veces los troncos son tan pesados que le dejan marcas en el cuerpo y dolores musculares por varios días.

Josué recibe callado el reto de su maestra por su falta de higiene el día lunes. Ella vive en el barrio, no sabe que del otro lado del canal la gente espera el “aguatero” y que no pasó y vaya a saber uno por que cuestión.

No son historias inventadas. Ni se trata de algún pueblo perdido en la Puna, en el Chaco Salteño u otro lugar remoto.

Están aquí a treinta minutos de centro de “Salta, la linda”. No son parte de las imágenes que muestran nuestros políticos en sus campañas electorales . Pero son reales, de carne y hueso, son nuestros niños “el futuro de nuestro país”; si no está convencido dé una vueltita por las orillas de la ciudad.

En Argentina, la asistencia escolar en áreas urbanas de los sectores más desfavorecidos es del 98% en niños de7 a 12 años, del 61% en niños de 13 a 19 y de sólo el 11% en jóvenes de 20 a 24. es decir, que apenas un poco más de la mitad termina sus estudios secundarios.

Por el contrario, en las clases altas el 100% concurre entre los 7 y12 años. El 92,5% entre los 13 y los 19 y el 60,4% entre los 20 a 24 (Datos de la CEPAL).

Las políticas compensatorias de los gobiernos liberales consisten en dar una base mínima y común a la mayoría de la población. A medida que se escala en el sistema educativo, este se hace más restringido y va dejando de lado a niños como Ángel, Josué o Débora.

Los estadistas le llamaran “pobres estructurales” condenados de antemano a mantener las condiciones de vida de sus padres.

Sólo una minoría llega a la cúspide del sistema educativo argentino y esto tampoco le asegura una movilidad social ascendente. El sistema está pensado para pocos, para la élite gobernante.

Nuestro sistema educativo solo convalida un sistema económico de exclusión, donde la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor; y lo que es peor; la brecha entre los que reciben esa base mínima y los que pueden acceder a bienes culturales de calidad es abismal.

Por eso deje nuestro casco histórico, el paseo peatonal, el paseo de Los Poetas y la zona de la Balcarce. No vaya a ver la Sinfónica, ni el Ballet Taller de la Provincia y salga, recorra la otra Salta, la que no tiene publicidad estatal, mire, piense y luego decida a quién votar.

Piense qué país estamos construyendo porque estoy segura, que ésta realidad se da en la cosmopolita Buenos Aires, en Santa Cruz, en Córdoba (escandalizada por la muerte dudosa de una mujer adinerada y no por la muerte de toda una familia que vivía en un vagón abandonado y que se incendió con un bracero). En cada rincón de la Argentina.

¿No le parece alto el costo social que estamos pagando por ser parte de un mundo globalizado? Mundo del cual siempre seremos un país periférico.

Nuestros candidatos nunca hablan de políticas alternativas que impliquen una mejor distribución de las riquezas, menos aún, de distribución del poder. Por eso siempre son los mismos postulantes a los cargos electivos.

No hay igualdad. Menos equidad. No hay igualdad ante la ley porque con los últimos casos de dominio público vemos como se juzga a ricos y a pobres.

No hay igualdad ante la propiedad. No todos tenemos las mismas oportunidades ni accedemos a los mismos beneficios (si no pregúntele a Ángel, Débora o Josué).

Y es de marginalidad y desesperanza que surgen quienes alteran su tranquilidad (llámele patoteros, delincuentes o marginales).

Si usted tiene un talento empiece a usarlo, si tiene una oportunidad de participar, aprovéchela. Si puede tomar decisiones hágalo. Por seguridad personal o por altruismo, es necesario construir un país de todos y para todos. Ahora, porque el próximo que quede fuera del sistema, puede ser usted.

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