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jueves, octubre 1, 2020

Recordando a José Juan “Coco” Botelli

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Falleció en la madrugada de hoy el escritor, poeta, periodista, músico, compositor, tipógrafo, fotógrafo, pintor… En la contratapa de mi libro “La Música que yo viví” , escribió José Juan Botelli, allí están sus pensamientos.

Entre las páginas 299 y 302 figura lo que dije en la presentación de su disco compacto el 17 de junio de 2000 en el Museo de la Casa de Hernández.

Así recuerdo y rindo homenaje al penúltimo hombre del grupo de grandes de la literatura, música, pintura y de la cultura en general, que llevaron a Salta al lugar que en esta materia tiene en el país.

EL DISCO COMPACTO DE JOSÉ JUAN BOTELLI

Junio 17 de 2000. Museo de la Ciudad Casa de Hernández

Desde la presentación, sencilla, íntima, en la voz de Cástulo Guerra (h), con sus recuerdos de niño, estilo que trae a mi memoria mi propia vivencia pues el amor que por la buena música siento, también se lo debo a mi padre, este disco compacto que hoy se presenta, promete ser distinto. Y lo es sin duda.

La Felipe Varela (1956) y La Juana Figueroa (1959)

hi_6-134.jpgJosé Juan Botelli, no Juan José como algunos lo llaman, el “Coco” Botelli, abre la puerta de la música tocando dos zambas con un decir pulcro, carente de inútiles afectaciones, con la belleza de lo simple. ¡Qué importan que hayan pasado más de cuarenta años desde su creación! Es música de la llamada “de tierra adentro”. Es música que no tiene antigüedad.

Suite nº 1

La Suite es una forma instrumental que viene del barroco. Con los años el nombre fue usándose para diversas composiciones que si bien no reunían los requisitos de la suite original, tenían como denominador común el hecho de que sus movimientos eran danzas, música para bailar primero, para escuchar después. Botelli usa bien el término para este tercer tema del disco, pues aún cuando se inicia con un preludio construido sobre la base de acordes preparatorios de lo que ha de venir, aparece el baile con su sugerido zapateo viril, la línea triste y morosa de la vidala -¡cuánto parentesco tiene con el blue!- hasta que llega la milonga, uruguaya de origen pero adoptada por casi todas las regiones argentinas.

Me atrevo a firmar que el pianismo de Botelli es localista por donde se lo mire. Su decir musical es igual que el decir hablado del salteño con su silabeo marcado, sin ligaduras. En este detalle hay cierta similitud con Bela Bartok. No con su estructura armónica sino con su base rítmica. La música de Bartok tiene el particular ritmo magyar, con su acento esdrújulo, igual al idioma húngaro. La música de Botelli recuerda el hablar salteño, sobre todo el hablar del valle.

En el medio, antes y después de la suite, hay dos poesías del libro De la Tierra y el Cielo, bellas, profundas, magníficamente dichas por Cástulo Guerra otra vez. Las escuchamos y concluimos en que este hombre cumple una de las funciones del escritor: dar esplendor al idioma. Hay escritores que escriben para sí. Hay escritores que escriben para otros escritores y los hay los que escriben para la gente. Botelli es de los últimos. Y ésto ya muestra su rara faceta ¿Es un escritor que hace música o un músico que escribe? Manuel José Castilla, el más grande vate de Salta, al menos para mí y también para muchos, definió a Botelli con dos palabras que lo sintetizan todo: “creador” y “artista”.

Cantaré cuando me muera (1963), La lluvia en tus ojos (1980), Chacarera de los loros (1972), La querendona (1949), El zapatero (1958).

Aquí tenemos una zamba, escrita después de sortear la muerte. El texto tiene una frase que pinta a Botelli de cuerpo entero cuando dice: “cuando la muerte venga a golpear, yo me iré sin llorar…sin llorar”. Botelli siempre fue así, sin estridencias, con la elegante introspección del hombre profundo que sin querer deja la huella de lo importante. Esta zamba tiene la hermosa voz del barítono Julio César Oliver, afinado, claro, musical, acompañado en la oportunidad por la orquesta que dirigía Eduardo Storni. Después hay dos zambas, más una chacarera y un gato con el piano del mismo Botelli o el de su hijo Arturo al que se une la guitarra de Anibal Alfaro, buen dúo sin duda.

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El pesebre (1950)

La base de esta composición son villancicos populares que orquestó con su reconocido talento el maestro José Alberto Sutti.

Danza Irregular (1952), Toccata (1960)

El joven pianista salteño, Daniel Soruco, rescata una extraña composición de corte casi impresionista llamada Danza Irregular, apropiado nombre que describe perfectamente una estructura musical variable que a sugerencia del inolvidable Alberto Ginastera, devino en la Toccata escrita ocho años después.

Andante Vidalero (1961)

Esta es una típica página que bien podría haber tenido letra pero hay veces en que la conjunción de la palabra y la música no se puede concretar. La música es seria, bien elaborada, con un cierto aire francés de fines del siglo XIX o principios del XX aunque subyace la impronta de nuestra tierra. Esta escrito para violín o flauta con piano. En este compacto Julio Quinteros y Alicia Carbonell honran sus pentagramas.

Sonatina (1960)

La misma pianista, Alicia Carbonell, aborda lo mejor del compacto, al menos en mi opinión. La Sonatina compuesta en 1960 es una obra que puede estar en cualquier sala del mundo. Dura poco más de siete minutos pero su idea, su temática y su elaboración nos muestran no solo madurez compositiva sino un pensamiento de avanzada para la época en que fue escrita.

Gato en La bemol mayor (1952), Canción del Llanto (1950), Andantino (1968), Danza del Sapo (1948) y La Caja Perdida (1968)

Juan, el otro hijo de Botelli, toca cinco temas: un gato que tiene reminiscencias del notable Carlos Guastavino, aunque el resultado final no deja dudas, es Botelli. Después una hermosa divagación musical sobre la conocida canción “Lloraré”, un “andantino”, música destinada, creo yo, para ser usada en una danza con coreografía de estilo moderno. Luego otra danza, La Danza del Sapo en la que el autor usa el ritmo de un gato. Y así arribamos al otro gran momento de este compacto: una suite titulada La Caja Perdida, obra de tejido musical universalista pero de fuerte raigambre popular que ofrece, por la enorme riqueza de sus temas, dos zambas, vidala y ritmo de gato con chacarera, todas las posibilidades para el instrumento solista, conjunto de cámara o versión orquestal como las que hizo el maestro Sutti en 1968 y en 1997.

Dos Coplas (1959)

El final, a cargo de un coro integrado por músicos que conformaron un excelente grupo vocal de cámara. A partir de dos coplas del cancionero popular salteño, Botelli compone una notable aunque breve obra coral con forma contrapuntística. El contrapunto es una de las herramientas básicas de la polifonía, es nota contra nota y por extensión, melodía contra melodía. Es una de las formas más difíciles de componer por las innumerables leyes y convenciones que se deben atender, que se deben cumplir. Pero superadas estas exigencias, el resultado no es más que la más bellas de las músicas que se puedan imaginar. En este caso, la tesitura va subiendo lentamente hasta llegar a un inesperado final que nos deja con las ganas de algo más.

Breves reflexiones

Hasta aquí, muy sintéticamente, el disco compacto que hoy se presenta. Pero este hecho dá pié para algunas consideraciones adicionales.

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Hubo un lapso durante el siglo pasado, el siglo XX, en el que la expresión folclórica de Salta, dominó largamente la escena de la música popular en nuestro país. Compositores de la talla del “Cuchi” Leguizamón, Eduardo Falú, Marcos Thames, Ariel Petrocelli, los Hermanos Gutierrez, intérpretes como Los Chalchaleros, Los Fronterizos, el mismo Falú, Los Cantores del Alba, Las Voces del Huayra, Los de Salta, Los Cuatro Hermanos Salteños, Los Nombradores, el Chango Nieto, Daniel Toro, poco después el Dúo Salteño, escritores como Manuel José Castilla, Juan Carlos Dávalos, José Rios, Jaime Dávalos, Antonio Nella Castro, César Perdiguero, Miguel Angel Pérez, Raúl Araoz Anzoátegui, José Gallardo, Jacobo Regen, Hugo Alarcón y cuantos que se me escapan de la memoria pero bastan para nombrar tal vez lo más representativo de la música, las letras y la interpretación de ese lapso que se inició a fines de la década del cincuenta y que duró hasta inicios de la década del ochenta. Estaban todos juntos, hablaban y musicalizaban las cosas que interesaban a los públicos de ese momento. Las cosas de la tierra, de la naturaleza, de los sentimientos. Cómo no trascender, cómo no liderar el folclor argentino con ese lenguaje de letra y sonido único e irrepetible. Ninguna región del país podía exhibir semejante conjunción de arte y talento. A esa época perteneció también el “Coco” Botelli ofreciendo su música, siempre, su letra, en no pocas veces.

La música de Botelli es netamente nativa e identificada plenamente con el arte popular del hombre de campo. Su labor de compositor representa el detalle que culmina la necesidad de comunicar sus otras facetas artísticas como la literaria y la plástica. Si tuviera que encasillar su pensamiento diría que Botelli es netamente nacionalista, asumiendo la idea que la identidad cultural nacional es el resultado de la suma de las identidades culturales de cada una de las regiones argentinas y en este sentido, su aporte al arte musical de Salta es más que significativo.

He escuchado mucha de la música de Botelli. He tenido en mis manos algunas de sus partituras que han llegado a mi por la gentileza y generosidad del autor y siempre tuve la sensación que Botelli realizó investigaciones acerca de temas criollos e indígenas. Tal vez lo hizo sin rigor ni academicismo pero lo cierto es que esos temas fueron rescatados desde sus raíces y transformados en particularidades melódicas, fórmulas rítmicas y giros armónicos no solo universalistas sino que en conjunto tienen mérito etnomusicológico.

Sus esquemas no son tan libres como podía esperarse pensando que un modo de universalizar lo folclórico es, paradójicamente, escapando de las normas y posibilidades de la música formal. Por el contrario, reiteradas veces recurre a ella como una necesidad de expresar un lenguaje superador. Botelli siempre fue un musicólogo que sabe música aspirando a manifestar lo nacional a través de lo regional y lo universal a través de lo nacional.

Es verdad que nunca fue un luchador por imponer su verdad. Y en ésto es parecido a lo que fue para Santiago del Estero y para el país Don Manuel Gómez Carrillo. Mas bien dejó que la comprensión de lo suyo llegara espontáneamente. Pero es que estaba y está seguro de su lenguaje musical, fresco, inspirado, de alegres acentos, de innegable buen gusto y refinamiento en la aparente simplicidad de su discurso. Suele ocurrir, por otra parte, que los hombres talentosos prefieren un perfil bajo porque el verdadero talento implica modestia atento a que no tienen real conciencia de su valor.

En el piano, la música escrita para su mano derecha es, ya sea en el acorde o en la nota individual, académica pero no rigurosa. En cambio su mano izquierda no es tan plena, no es todo lo armónica que podría haber sido y este detalle es deliberado, al menos así creo yo, dado el romanticismo telúrico del autor que prioriza la línea melódica antes que un complejo basamento armónico, evitando el riesgo de oscurecer lo importante, su particular melodismo.

Todo ésto que acabo de decir, tratando de sintetizar conceptualmente lo mucho que se puede decir del arte del “Coco” Botelli, lo apreciaremos ahora nomás, cuando los músicos invitados desgranen algunos temas del disco compacto que estamos presentando.

Dos breves reflexiones. Es elogiable la calidad del compacto en lo relativo al sonido. Creo que es uno de los mejores trabajos del Ingeniero Pedro Alurralde. Por otra parte, me resultó conmovedor ver cómo su hijo Juan produjo este disco. Además de un diseño de jerarquía puso habilidad, talento y calidad, pero sobre todo amor.
Para finalizar vuelvo a la música de Botelli. Sus partituras tienen lo que cualquier partitura tiene: escalas, acordes, tonalidades, los signos identificatorios de lo que desea expresar el compositor, pero en la partitura aún no hay vida. Como decía Gustav Mahler, la partitura tiene todo menos lo esencial y lo esencial es nada más y nada menos que el cómo. Yo creo que en la música de

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Botelli, el cómo es fácilmente alcanzable en la medida que se comprenda que esa música pretende fundamentalmente expresar los movimientos del alma o sean las emociones.

Cuando el compositor José Juan Botelli, vino a pedirme que presentara el disco compacto que con su música hizo su hijo Juan, me sentí honrado y por lo tanto acepté de inmediato. Escuché con atención el disco compacto, una sola vez, como hago con los conciertos en el teatro o donde se den. Con esa sola vez, escribí lo que antecede. Son mis impresiones más honestas sobre el disco compacto a las que uní los recuerdos que tenía de la música y la poesía del “Coco” Botelli. Llegó el día de la presentación y debo confesar lo siguiente: he dado muchas conferencias en mi vida, en hablado en público incontables veces, con papel, sin papel, con ayudas-memoria y pocas veces estuve tan nervioso como esta oportunidad. Es que a la presentación acudió un número impresionante de personas relaciondas familiarmente con Botelli, relacionadas amigablemente con Botelli, pero fundamentalmente relacionadas con la cultura de Salta. Me atrevería a decir que estaba lo más representativo de la intelectualidad salteña y ante ellos debía hablar, pero no solo hablar, debía entregarles mi pensamiento acerca de la música de Botelli. Cómo no estar nervioso.

El mejor premio lo tuve cuando terminé de decir lo que tenía que decir. Botelli levantó sus casi ochenta años de su asiento, me abrazó y me dijo: “no sabés, no sabés, cuánto te agradezco”. Luego se arrimó al micrófono y agradeció públicamente la presentación.

– Foto: camdipsalta

4 COMENTARIOS

  1. Recordando a José Juan “Coco” Botelli
    Mis respetos a un grande de Salta! Honremos su memoria haciendo música dignamente!

  2. Recordando a José Juan “Coco” Botelli
    Los maestros Coco Botelli y Cuchi Leguizamón definieron un pianismo totalmente salteño de tocar y de componer.. son referencias para todo músico y pianista que exprese arte desde los paisajes del noroeste argentino..aparte un fiel ejemplo de “independencia” creativa y artístca.. si no tenías una imprenta o alguien que edite las partituras, pues lo hacias en el fondo de tu casa y solucionado el problema…ese era el Coco Botelli, no dependía de nadie mas que de su talento, trabajo e invencíon..
    un fuerte aplauso para estos grandes ejemplos de vida…Coco, siempre estarás en el recuerdo y corazón para cuando hagamos música para tu Salta querida….

  3. Recordando a José Juan “Coco” Botelli
    Me ha sorprendido la partida del queridísimo José Juan “Coco” Botelli. Claro, todos sabíamos que su edad era avanzada, que había estado delicado de salud varias veces, pero como todos los grandes, el maestro Botelli para quienes le queríamos era eterno, era indestructible.

    Haber sido su amigo, haber sentido su sincero aprecio, el que me haya mencionado afectuosamente en varios de sus enaltecedores y entretenidos artículos, es una de las más honrosas experiencias que viví en Salta.

    Lo evocaremos como era, siempre sonriente, siempre animado, siempre optimista, fué un ejemplo para quienes le conocimos y aprendimos de él.

    Extrañaremos su ágil caminata, el movimiento de su bondadosa silueta por las calles de su Salta querida. Me siento orgulloso, eso sí, de haber promovido, preparado y dirigido un sencillo pero sentido homenaje durante mi gestión como director fundador de la Sinfónica de Salta, y que me haya honrado con su aprobación de nuestra interpretación de varias de sus obras.

    Descanse en paz, querido “Coco”, ha vivido usted una digna y productiva existencia, ha dejado usted una profunda huella de decencia, de sabiduría, de bondad. Su vida no ha sido en vano. Para recordarla quedamos quienes tuvimos la dicha de compartir el cielo salteño con usted, aunque fuera, como es mi caso, por poco tiempo.

    • Recordando a José Juan “Coco” Botelli
      En nombre de mi familia agradezco a José Mario Carrer y en particular al Maestro Felipe Izcaray por hacer tan bello recordatorio de mi querido padre.
      Justo es decir aquí y sin el ánimo de crear polémica alguna que el maestro Felipe Izcaray fue tal vez el único director en lo que va de la creación de la Sinfónica que hizo llegar al publico salteño la producción de los compositores salteños como fue con la obra de mi padre como con la de Gustavo Leguizamón, José Alberto Sutti o Eduardo Falú, E Alonso Crespo, etc. Fue también bajo la gestión del Maestro Felipe Izcary que se dio participación activa a músicos de la Escuela de Música de la provincia en conciertos de estreno de obras Latinoamericanas, como la participación de músicos populares como Los Nocheros y las extraordinarias e inolvidables versiones de música para películas, algo por cierto que no se volvió a repetir. Fue tal vez y sin ánimos de ofender a nadie el único director carismático que tubo la sinfónica a la cual la gente asistía en forma masiva por el deseo y el placer de escuchar su Orquesta, (la de la gente) y sus comentarios que por cierto eran verdaderas cátedras de historia, instrumentación y estética. Recuerdo sus antológicos conciertos didácticos junto a Jorge Lhez en localidades como Cerrillos. Su capacidad innata para llegar a la gente y que esta supiera que la orquesta les pertenecía. Se me ocurre pensar en este momento en directores como Eduardo Estorny , Pepe Sutti o Antonio Montero que con sus limitaciones supieron tener esta visión regional de ver lo de adentro. Para mi padre fue una de las alegrías más importantes de su vida el que la Sinfónica de su ciudad le interpretara sus obras. Ojalá estas posturas ante la música de nuestra región fueran imitadas.
      Sin que nos conozcamos personalmente nuevamente gracias Maestro Izcaray por sus palabras. Juan Botelli

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