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lunes, enero 25, 2021

Enrique Pinti es un artista ingenioso, puteador y crítico

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Un monumento al monólogo verborrágico, bien merecido lo tendría. Anoche en el Teatro del Huerto, Salta, lo menos que dijo es que los políticos son unos reverendos hijos de puta. Montado en su pingo, metáfora del país, recorre una historia argentina basada en una mixtura mitrista y “pignista”. No se salvó ningún presidente del mundo.

68 para 69 años, increíble. Hay que reconocer en Pinti que más que un tremendo hablante vertiginoso, es un actor incansable, un artista de talla, un atrevido empedernido, un creativo del lenguaje de cloacas aplicado al panorama político, un hombre esperanzado, amante de su país y seriamente preocupado por la realidad de los argentinos. Su discurrir, en Pingo Argentino, es una síntesis política en clave de humor desde 1810 y hasta el presente.

Un tipo inteligente, fundamentalmente; un talentoso. Apuesta a su “Cambalache” sin mesura, sin tapujos, sin miedo a decir lo que le venga en gana. Siempre con fundamento. Por momentos satiriza, como cuando se refiere al exterminio de los indios, de lo bien que se encargaron de hacerlos “mierda”.

Con simbolismo y un lenguaje absolutamente crítico, recorre la historia del país. Inicia con la Fundación de la “puta Buenos Aires” y compone escenas en las que exhibe dónde y cuándo nació la corrupción. No repara en decir que ni la izquierda, ni la derecha hoy, lo jpg_pingo_2.jpgrepresentan ni nos representan. Y refiere a paradojas tales como que los obreros votan a la derecha y los intelectuales a la izquierda. Irónicamente habla sobre la realidad de Cuba y como ejemplo del “no entiendo la libertad” dice que ahora les permiten tener un celular.

Critica el falso populismo: hoy cualquiera llena la Plaza de Mayo, hasta los pastores… y asesta: no creo en eso.

De su monólogo, lo único que podría cuestionarle, es que aunque elige la historia revisionista y no la oficial mitrista, le faltó echarle una puteada a Mitre, y que cuando refiere a Sarmiento, lo pinta como el gran maestro creador de escuelas sin aludir a sus facetas nefastas- aunque aclara que pese a todo lo malo, creó escuelas modelos en el país.

Comparto la elección de los grandes de la historia: Moreno, Belgrano, San Martín, Juan José Castelli… Me hubiese gustado preguntarle por qué no mencionó al Ché Guevara.

Gran parodia escenificada sobre la creación del Himno Nacional y la anécdota de aquel chico que en el programa “Feliz domingo para la juventud”, no sabía quién escribió el Himno. Hoy, cuenta en su monólogo, tendrá unos 30 años… y seguramente sus hijos ni siquiera sabrán cantarlo. Esto apunta a la falta de educación y a la falta de conocimiento de la historia, también le dio letra a la porquería que se inventó con la última Ley…

La alusión a la gran TV basura con el Gran Hermano fue magistral; la crítica a los argentinos que piensan en los dólares también pues acomodan su pensamiento a la conveniencia de lo económico…

Entre sus monólogos, un grupo de bailarines y cantantes, completaron el espectáculo. Destacables coreografías y vestuario, notables bailarines que lucieron su belleza y plasticidad, quienes se acoplaron a Pingo Argentino en un marco de calidad y excelencia artística. La música y la vestimenta- esta última en ciertos pasajes-, están atravesadas por la mísitica del tango.

No les perdona las cirugías y el colágeno a los políticos, tampoco a Cristina. Dice irónicamente que tiene miedo que se le aparezcan Néstor y Cristina en su habitación y lo “carguen a pedo” por hablar mal de ellos. La chispa nunca cesa, la gracia, la ductilidad, la rapidez, la elocuencia.

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Enrique Pinti y Ricky Pashkus han logrado complementarse para mostrarnos con altura, las bajezas de los presidentes mundiales, la corrupción instalada en el país y la mediocridad de la falta de memoria de los argentinos. El perfil de los políticos presidenciables de la Argentina, es un logro y una genialidad. Sólo Pinti puede “hacerlo bien”, abiertamente y a los cuatro vientos, gritándoles en la cara las verdades que todos reconocemos.

El público explotaba de risa y en un momento, como en otros, aplaudió el feliz invento que largó Pinti: crear una máquina de sexo que funcione con cospeles. Con esto mejoraríamos nuestras vidas y dormiríamos mejor, al decir de Pinti.

Hacia el final, luego de haber montado casi dos horas su pingo argentino y luego de haber recorrido otros pingos, como el de Italia, Rusia, Alemania, EE.UU., Venezuela, etc. y de haber expuesto sus contradicciones y sus miserias, rescata el valor del arte.

El gran credo del artista, un momento de emoción donde recorre nombres de la talla de Olmedo, Porcel, Nini Marshall, Tato Bores o Fontanarrosa; personajes que se encuentran en el sueño o en un lugar donde se unen: allí encuentra a Discépolo quien le da la gran lección del cambalache presente. Por eso, cree y creerá en los artistas que no dependen de ningún gobierno, sino del público, de la gente que los ama.

Pinti es un personaje argentino, un monumento al monólogo. Ovacionado en Salta, a sala llena en la primera función – con tres ya vendidas y agotadas- de las 21 hs., este actor- además locutor y también columnista del diario La Nación- nos salvó de la mediocridad de muchos espectáculos porteños. Se ha entregado, una vez más, al público, más allá de las fronteras que nos reclaman como el interior del país.

Pinti merece la pena, la risa, el elogio, la crítica y si fuese posible, un aplauso sostenido que valga sus 68 energéticos años.

Ficha técnica:

Libro: E. Pinti

Elenco: Agustín Álvarez, Andrea buosi, Jimena González, Pablo Juin, Mara Moyano, Roberto Peloni, Daiana Peralta, Carlos Pérez, Johanna Pomeraniec, Ariel Porchera, Pedro Velázquez.

Coreografía y dirección general: Ricky Pashkus

Diseño de escenografía: Oria Puppo

Diseño de vestuario: Renata Schussheim

Diseño de iluminación: Omar Possematto

Música, arreglos y producción musical: Julián Vat, Eduardo Criscuolo

Producción ejecutiva: Cipe Fridman

Producción artística: Lino Patalano

Nota relacionada:

https://www.salta21.com/spip.php?article743&var_mode=recalcul Cambalache con Enrique Pinti en “Pingo Argentino”

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