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viernes, septiembre 25, 2020

“La balsa de la Medusa”, una barca inabarcable

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Mauricio Sarmiento dirige al elenco santiagueño que se presentó en Salta la noche del 4 de agosto en el Salón Auditórium en el marco del Festival Teatro del NOA para mostrar un cuadro-denuncia elaborado desde la danza-teatro, representación descarnada de los quince tripulantes que iban en la balsa tras el naufragio de la fragata francesa Méduse que partió de Rochefort con rumbo al puerto senegalés de Saint-Louis.

Los bailarines-actores Anabel Gonzales Christen, Antonella Guerreiro, Christian Díaz Salto, Alejandro Ocampos y Néstor Basualdo componen plástica y creativamente la imagen de la desesperación ante la fragilidad de la vida. El color de sus cuerpos es el de los muertos o a punto de morir, desnudos, vivos o sin vida ya, la esperanza los alienta brevemente, pero su destino está marcado por el mar. El director agrega un personaje más, especie de demiurgo que crea seres, estos seres que “harán de” otros, que actuarán, que fingirán ser. Alimenta el recurso del distanciamiento: “yo soy el director, soy el responsable de todo lo que van a ver”. Además, se emplea el recurso de la metateatralidad: lo que se verá a continuación es ficción, teatro dentro del teatro: “ustedes creen que porque bailan pueden hacer lo que quieran?” También hay alusiones al afuera, a la realidad de los artistas: “Ana es cajera, trabaja diez horas en un supermercado y llega puntual a los ensayos”.

El único personaje de “La balsa de la Medusa” que habla es el director, metateatralmente, juega a ser el que dirige a los bailarines y en su papel de divinidad creadora, decide sobre la vida de los tripulantes: quién vivirá, quién morirá. Al mismo tiempo, esta imagen evoca al líder de un país, encarna al poder político que decide sobre el pueblo; deviene jefe de una empresa que elige al empleado del mes, al que será echado o continuará; en síntesis: un dios, pero que se entrecruza con ese siniestro personaje que engulle a diario a los hombres; es el poder que corroe; es el único que puede decidir; vulgarmente hablando: el que tiene la lapicera en la mano.

La pintura viviente no solo representa el naufragio de aquella balsa, es también el naufragio existencial, la pérdida de la esperanza ante los líderes y gobernantes que oprimen a los hombres y manejan sus vidas convenientemente, sin importarles sus destinos. Somos esos tripulantes medio vivos medio muertos, sobrevivientes del poder, quienes existimos como podemos mientras la brecha entre ricos y pobres se agranda. Los ricos, “son un fardo de inútiles”; los pobres “son peligrosos porque no tienen nada”. ¿Es acaso la pérdida de un centro? En muchos textos de Julio Cortázar e incluso en los de Jorge Luis Borges, los hombres buscan su centro. ¿Será acaso la justicia? ¿Será acaso el equilibrio o la felicidad? ¿El “creador”?

Entre los recursos, se apela a la intertextualidad a manera de cuestionamiento: “ser o no ser”. Como que se está entre los límites: vivir o morir. Siempre al borde de la tragedia, no solo en el sentido shakespeareano sino en el sentido metafísico. La obra conlleva un exquisito planteo metafísico. Somos seres trágicos. La pintura de aquel naufragio retrató no solo a esos tripulantes, sino a la humanidad toda.

El acierto de esta puesta del Grupo Cuerpo sin Código, de Santiago del Estero, es su lenguaje universal, su poesía danzada, su manifiesto artístico, su forma de decir “esto es teatro”, su comunicación materializada en signos no lingüísticos, sus palabras-imágenes y sus imágenes-vivientes.

Excelente!

Ficha técnica:

Sinopsis:
Obra inspirada en el cuadro de Teodoro Géricault, pintado en 1818. El autor toma como referencia un drama acaecido por el naufragio de la fragata francesa Medusa, sobre la costa occidental de África de 1816. La obra son palabras, palabras que son un margen de un río creado por el tiempo. El cuadro capta el instante en el que un grupo de náufragos avistan una vela en el horizonte, la fragata que no los recogerá. En el cuadro se pueden apreciar tripulantes entre los que hay muertos, desnudos y desperdigados sobre la pequeña balsa desecha por el oleaje.

Elenco:
Anabel Gonzales Christen, Antonella Guerreiro, Christian Díaz Salto, Alejandro Ocampos y Néstor Basualdo.
Música: Vicente Girardi Callafa
Iluminación: Yan Pilan
Asistencia de Sonido: Damián Luis Torres Flores
Dirección: Mauricio Sarmiento

– Fotos tomadas por Salta 21

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