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miércoles, septiembre 23, 2020

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El pasado sábado 7 de agosto de 2010, en las inmediaciones del denominado templete de San Cayetano, se realizó la procesión en honor a ese santo, y el orador principal fue el arzobispo de ésta Provincia de Salta, Mario Cargnello.

“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” (Lc 6, 37-42)

Entre otras cosas, el máximo exponente de la iglesia católica en la Provincia, comparó a los que tienen trabajo con los que deben vivir siempre mendigando, y afirmó que una sociedad basada en la prebenda y la dádiva es una forma sutil de esclavitud, en obvia alusión a los planes sociales que se generalizaron a partir de la última emergencia económica, generada hacia finales del año 2001. También apuntó en forma elíptica al funcionamiento de los comedores de emergencia, y valorizó que es mejor obtener el pan con el trabajo y compartir la mesa familiar. Ese diagnóstico, no tiene nada de novedoso, y cualquier persona que directa o indirectamente tenga alguna participación en ese tipo de organizaciones –comedores barriales para niños y ancianos- sabe perfectamente que sería mejor no disgregar la familia, y que tener que concurrir a un comedor improvisado año tras año, con todas las carencias y privaciones que eso significa, ha provocado en el curso de los años, una fractura social importante que tardará mucho tiempo en revertirse.

Ahora bien, de diagnósticos estamos llenos, pero de propuestas o programas serios carecemos.

jpg_hi_5-81.jpgEl discurso del prelado lo único que hizo fue aumentar la orfandad de soluciones, en boca de todos aquellos que defienden un sistema de organización económica que pregona la libertad individual –entre ellas las de las empresas- para terminar practicando la esclavitud colectiva. La mención del arzobispo de que los planes sociales generan una forma de esclavitud, es confundir la causa con la consecuencia. Esclavos del sistema de producción son los trabajadores que deben aceptar condiciones de explotación del sistema capitalista que acumula -plusvalía mediante- la parte del león, y que reparte las migajas de lo producido, después de cubrir ganancias, inversiones, dividendos, previsiones y ainda mais. Los excluidos del sistema, ni siquiera tienen ahora la posibilidad de que los exploten, porque en el sistema que defiende la iglesia católica en todo el mundo, se confunde acumulación de capital con desarrollo, y se prescinde de las personas bajo el eufemismo índice de desempleo. Y por ello los niños llegan a los comedores siendo ya hijos de esclavos, no se convierten en tales por recibir un plan o tener el tupé de pedir un plato de comida para su familia en esa vergonzosa asistencia. En el sistema que la iglesia católica defiende, esas personas deben sobrar por afuera del circuito económico, para formar lo que Marx llamaba el ejército industrial de reserva, que limita las pretensiones y exigencias de los que tienen empleo para no correr el riesgo de ser despedidos, y que otro excluido ocupe su puesto de trabajo.

Pero como se lee en la cita evangélica del comienzo, siempre fue mas fácil ver la paja en el ojo del vecino, que la viga en el ojo propio, porque al arzobispo de Salta le preocupan los subsidios a los pobres, pero no las enormes cifras que en el mismo concepto, debemos tributar todos los contribuyentes del País para sostenerlos a ellos. Y no me refiero solamente a los jugosos sueldos que percibe su jerarquía, sin consideración a ninguna escala productiva, sino también a los recursos que nunca llegan al Estado por estar toda esa organización exenta de todo tipo de obligaciones fiscales. Sólo por dar un ejemplo, recordemos que el arzobispado de Salta tiene registrado a su nombre en la Dirección General de Inmuebles, ciento ochenta y un (181) propiedades, varias de ellas rurales y que en conjunto importan sumas millonarias. A nombre de otras organizaciones religiosas del mismo culto existen otras ochenta y dos (82) propiedades. Y por ese conjunto de inmuebles no tributan absolutamente nada. También podemos mencionar que por ley nacional de transferencia de inmuebles nº 15.796, tampoco abonan suma alguna por ninguna operación relacionada a esos inmuebles, ya sea compra, donación, venta, etc.

Todo este esquema no puede denominarse sino, como un gigantesco subsidio, porque es exactamente igual que el Estado entregue una suma de dinero determinada, o que exima a quien debe pagarla de hacerlo, sin contraprestación alguna. No llega así a entenderse porqué al arzobispo de Salta le parece humillante el subsidio para que coman los excluidos, y no tenga igual concepto con el dinero que reciben en su seno.

Todos los que trabajan en asistencia social voluntaria, ayudando al sostenimiento de comedores infantiles en los barios de nuestra Provincia, quisieran cambiar el sistema para que los integrantes de la familia coman en su casa, y con sus propios recursos. Pero no pueden hacerlo. En cambio, quienes como el prelado mencionado, pertenecen a una poderosa organización económica predominante en todo el mundo, y que si tienen a su alcance los medios para cambiar el sistema de humillación que él mismo critica, se limitan sólo a la descripción del problema. El próximo año, en la próxima procesión, seguirán los discursos. También las exenciones fiscales.

3 COMENTARIOS

  1. La paja en el ojo ajeno
    El mal de Salta son los curas gordos… como en toda provincia feudal, Salta esta llena de curas gordos…
    Salvo la honrosa excepcion del Padre Olmedo y Los Claretianos, gente a la que los medios no le prestan mucha atencion.
    Saludos.

    P.D.: No me quiero olvidar de Chifri tampoco.

  2. La paja en el ojo ajeno
    Estoy totalmente de acuerdo en lo que dice Tort con respecto a Cargniello. Creo que es escandaloso que, justamente, obispos, arzobispos, o cualquiera que use sotana, se espante al enterarse que a los pobres tambièn les gusta comer. Los obispos, arzobispos y otros del gremio, comen muy bièn, eso se sabe (en exceso, dirìa yo). Pero no importa, ya que, si bièn es cierto que los curas se alimentan bièn, no cometen el pecado de la gula (transar con cura tampoco es pecado, no lo olvidemos). Mejor dicho lo cometen, pero luego anulan sus efectos perniciosos haciendo buenas obras. En efecto, se sabe que, si bièn los obispos y cardenales suelen comer como chanchos, TODA LA COMIDA QUE LES SOBRA Y YA NO ENTRA EN SUS CONGELADORES NI HELADERAS, SE LA DAN A LOS POBRES y eso , obviamente, es una magnìfica buena acciòn. De ese modo, y sin ningùn esfuerzo adicional, la clerecìa se gana el Cielo.
    Pero no era de eso sòlo lo que quierìa hablar. Hablando de Planes Trabajar , Subsidios y comedores de emergencia, quisiera saber es si Monsignore Cargniello, que es tambièn Canciller Magnìfico de la Universidad Catòlica de Salta, cobra, por tan elevada y sacrificada funciòn, lo mismo que cobra el Rector: Monseñor Puig: 25.000 pesos por mes, mas yuyitos, o màs. Lo cuàl sumados a lo que le pagamos nosotros: unos 10.000 mìnimo, harìan un gran total de 35.000 morlaquitos. Digo que me preocupa si Cargniello cobra en la Catòlica tambièn porquè, si fuera asì, si Monsignore cobrarìa igual o mas que Puig, para ganarse el Cielo ya no le bastarà donar su comida sobrante a los pobres. Tendrà que crear un comedero gigante, para los miles de bulìmicos a la fuerza que han dejado sus hermanos polìticos.

  3. La paja en el ojo ajeno
    Excelente comentario. Debo agregar que este obispo “tan preocupado” por los pobres, no hace lo que dice cuando por ejemplo no pone un peso para atender las necesidades de una escuela (que pertenece al obispado) como la de Villa Costanera. La escuela Nuestra Señora de la Candelaria es una de las más pobres de la Provincia (casi una escuela rancho).

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