Las noticias repetidas de la muerte de dos niƱos de la etnia wichi en el norte de la provincia de Salta ocurridas el pasado mes de agosto, corren serio riesgo de dejar de ser noticia.
āPara conducir a un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo. Quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista: el conductor siempre trabaja para los demĆ”s, jamĆ”s para Ć©lā. (J. D. PERĆN)
Si se coloca en el buscador de internet la frase āniƱos wichis qom muertosā se puede comprobar que aparece el mismo tĆtulo en octubre de 2008, febrero de 2011, enero, febrero, julio y agosto de 2015, julio y ahora agosto de 2016.
Ismael, Bianca, Brenda, JuliĆ”n, Leandro, RocĆo, Yanina, Marlen, Marcos, Mauricio, Samuel, NĆ©stor, y otros fallecidos de los que sólo se menciona el apellido, son referencias que ya nadie āexcepto sus padres y hermanos- recuerdan.
Mientras el gerente del hospital de Santa Victoria Este hacĆa conocer esta dramĆ”tica estadĆstica, el seƱor gobernador de la Provincia publicaba una selfie de su cumpleaƱos, rodeado de sus hijos y su prometida, con una fastuosa bodega de vinos de altura de fondo, ajenos a la desesperante realidad y fuera de todo riesgo, salvo claro el de ser irremediablemente livianos, superficiales y cholulos.
El mismo dĆa el grupo de funcionarios cercanos, expertos profesionales en la succión de calcetines, le ofrendaban un almuerzo en el comedor de su oficina. SĆ, la oficina privada del mandatario tiene un comedor con mesa de estilo para veinte personas y cinco copas de cristal por cubierto.
Totalmente ajena al padecimiento de los pueblos originarios de nuestra Salta, la futura primera dama pasa las horas en finca Las Costas, cerrando la lista de funcionarios, amigos, y allegados; y contratando el exclusivĆsimo catering para abusar otra vez mĆ”s de ese inmueble de uso pĆŗblico en su casamiento, que a pesar de ser un evento privado, celebrarĆ”n allĆ con total impunidad el próximo 24 de septiembre.
Mientras tanto,el jacuzzi de la residencia oficial que genera profusos masajes perfumados a la pareja oficial, contrasta obscenamente con la única canilla de agua caliente no totalmente potable a la que concurren adultos y niños originarios en los asentamientos precarios de adobe, lona y plÔstico, para sobrevivir a las altas temperaturas del lugar.
Y sigue asĆ el relato en el que casi ningĆŗn medio de comunicación de la provincia, mĆ”s cercanos a la pauta oficial que a la verdad, quiere tratar el tema del abuso indiscriminado del avión sanitario a manos del joven abogado gobernador, que nunca estĆ” para trasladar y salvar las vidas de las criaturas en el norte provincial, sino afectado a constantes viajes a Buenos Aires ālugar de trabajo de la novia- con cualquier excusa verdulera.
SerĆa un acto de sentido comĆŗn de las autoridades de Salud āo de falta de ella segĆŗn se mire- el disponer que las aeronaves para evacuaciones de emergencia estĆ©n en forma permanente donde estĆ” el alerta sanitario por dengue, zika y chikungunya en los departamentos del norte y no en aviación civil. Ā”Pero quiĆ©n se anima a quitarle el juguete al lord mayor!
De esta manera corren los dĆas de la particular sociedad en la que vivimos, en la que una elite oligĆ”rquica hace ostentación impĆŗdica de lujos y privilegios, frente a la exclusión, el hambre, la sed āla muerte de los dos fallecidos recientes fue por deshidratación segĆŗn el parte oficial- y las carencias de los mĆ”s elementales insumos bĆ”sicos de esos pueblos marginados.
Como irrespetuoso epĆlogo de cada muerte casi anunciada, los funcionarios de cada Ć”rea de gobierno que deberĆan haber velado para preservar las vidas, entre ellos el inĆŗtil, espasmódico y oportunista Ministerio de la Primera Infancia, se apuran a justificar lo injustificable.
Pero todos ellos en la complicidad planificada para el disimulo, se cuidan con pulcritud de nombrar las palabras āpobreza extremaā o āmiseriaā o ādesidiaā o para usar tĆ©rminos de la teorĆa polĆtica que para las campaƱas esgrimen, āinjusticia socialā.
Porque los niƱos y tambiĆ©n los adultos que a diferencia de sus hijos -cuando mueren ya no son noticia siquiera- sortean la muerte dĆa a dĆa y hasta donde pueden, con carencias elementales y olvidos de los gobernantes, falleciendo por causas diferentes a los que se mencionan en sus certificados de defunción.
Esta falta de conmoción y humanidad encuentra justificación en el esquema de la minorĆa gobernante que se sirve de la democracia como forma de abuso del poder, en la conciencia o mejor dicho, falta de ella, de que los salteƱos pobres solamente cuentan a la hora de votar, y hasta cuatro aƱos despuĆ©s sólo son una molestia.
AsĆ, la postal de Salta La Linda que con fines turĆsticos se exhibe en todo el PaĆs puede seducir a los habitantes de otras provincias, pero parece casi increĆble que lo haga con los nuestros.
Repugna de este modo, al mĆ”s elemental sentido de la equidad y de la solidaridad, la forma de vida soez que lleva la clase polĆtica local y sus integrantes selectos, los que a poco de asumir a la función pĆŗblica se convierten en exitosos empresarios que incrementan exponencialmente su patrimonio, cuando antes de ser nombrados apenas pichuleaban el mes en sus mediocres vidas privadas.
Y continĆŗa asĆ la dinĆ”mica entre la falta de gestión y el fatĆdico dĆa en que los enamorados darĆ”n el sĆ, y las revistas de chismes de la farĆ”ndula y la polĆtica farandulera llenarĆ”n sus tapas con el tul, el jaquet, el menĆŗ, los anillos y la lista de invitados, con los pocos protagonistas inmersos en su dibujada realidad, distante aƱos luz de la marginación y el olvido en el que sobreviven los muchos acosados por la ausencia del Estado.
De ese Estado que deberĆa bregar por la distribución justa de los ingresos, la satisfacción elemental de las necesidades bĆ”sicas de la población y la cobertura de los servicios esenciales que manda la Constitución, pero que por obra y gracia de los administradores de turno, ha invertido el rol para el que fue creado.
Los ricos y acomodados en el gobierno seguirƔn prostituyendo las instituciones en beneficio propio, y proyectarƔn sus futuros personales ajenos a la responsabilidad social para la que han asumido, mirando por y para cada uno de sus ombligos, con grosera indiferencia hacia los demƔs.
Mientras tanto los niƱos y no tan niƱos wichis de maƱana, como ayer y como hoy, seguirĆ”n muriendo cada vez mĆ”s anónimamente en el olvido criminal de quienes deberĆan velar por ellos, cuando en forma simultĆ”nea URTUBEY agudiza su vocación presidencial corriendo por el andarivel de la comidilla artĆstica y los programas de baile de poca monta, como un comerciante de lo ordinario, que vende sĆ, pero que no enaltece a quien asĆ se conduce, porque para ser conductor, como reza la frase del tres veces presidente de la Nación que encabeza esta nota, hay que pensar en los demĆ”s y no en uno mismo.
Pero es evidente que el horizonte no es ser del pueblo, sino de una minorĆa aprovechada de las circunstancias de clase, que en el afĆ”n de permanecer parada sobre la insulsa materialidad de los privilegios, pasarĆ”n sus inĆŗtiles vidas fingiendo ser y no siendo.