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miércoles, mayo 18, 2022

Otra vez Melania: la serenata en la capital salteña

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Tres días a puro folklore se vivió en Galería Palacio este fin de semana (23 al 25 de febrero); el público convocado por la artista Melania Pérez pudo disfrutar del cancionero popular, de las letras de los poetas de la tierra y la chicha. Casi en una conjunción sublime, la cantante salteña fue ovacionada de pie por un público que disfrutó a pleno este arte riquísimo de una privilegiada y virtuosísima mujer que enorgullece a la cultura. Con ética de artista, la convocatoria se extendió a Sergio Reyes y Luis Leguizamón, quienes van sembrando el cielo azul de la bohemia salteña. Se sumaron al evento durante estas tres noches, Juan Carlos Marín y el guitarrista Gustavo Kantor. Todos juntos dejaron al público esos vientos de la memoria oral, de ese lenguaje que se escribe en versos. Letras universales con color local, un desafío para nuestra cultura y nuestra incipiente historia vívida.

Melania en el escenario de la galería, parecía el retrato de una musa cerrillana. Su voz se esparce entre los cerros y los montes, sus ecos y su color y registro provocan esa sensación paradisíaca de la melodía sin vueltas, con ida a la tierra, con sabor a pueblitos lejanos, con profundidad y evocación. Entre los compositores se eligieron al Dr. Leguizamón, a Don Manuel, a Jaime Dávalos, Eduardo Falú, Teresa Parodi, César Fermín Perdiguero, David Pérez, Chacho Echenique, Carlos Difulvio, a Teuco y a Berruti. Chacareras, vidalas, bagualas, zambas, tonaditas evocaron el ayer, el hoy, la presencia de la tierra en la sangre, la huella memorable del duende que juega en cada uno de nosotros.

Letras como Tonada del angelito, La calladita, Vidala del nombrador (J. Dávalos y E. Falú), Celedonia Batista ( escrita para Melania por T. Parodi, inspirada en Jorge Amado), Chaya a la soledad (C. F. Perdiguero) o Pasáme el silbador (Teuco y Berruti) y La Chacarera del diablo, simplemente conmovieron el espíritu.

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Como anécdota Luis Leguizamón contó que hace diez años Melania le pidió que cantara y que tuvo la suerte de compartir guisos y encuentros culturales con ella y su hijo Lautaro. Un poco convencido por esta musa, empezó a cantar chacareras y así es que puso en su voz la Chacarera del diablo con un estilo propio, con esos aires de un concertista del terruño que se vino en forma veloz de Cafayate para no perder esta ocasión casi única. Elogió a Berruti como compositor: “lo rajaron los milicos pero volvió para siempre”.

Susana Vaca, sobrina de Melania Pérez, entre la felicidad y el recuerdo de su Tío Icho Vaca, con placer y con lágrimas al oír el viento expresó “la permanencia del aire, su sonido, es el recuerdo del pasado y la memoria que no se va”; y a la expresión de la cantante sobre la magia de ser artista tiró la frase “tiene que ver con lo real maravilloso”.

Sergio Reyes acompañó con coplas a la artista y luego largó con una chacarera. Dejó su presencia talentosa entre el público, lo que sumó más historia a este recorrido cultural tan nuestro. Con sensibilidad artística Raquel Peñalba elogió a la cantante con firmes palabras: “no puede ser humana”.

Tres días a puro folklore se vivió en Galería Palacio; el público convocado por la artista Melania Pérez pudo disfrutar del cancionero popular, de las letras de los poetas de la tierra y la chicha. Casi en una conjunción sublime, la cantante salteña fue ovacionada de pie por un público que disfrutó a pleno este arte riquísimo de una privilegiada y virtuosísima mujer que enorgullece a la cultura. Entre el público, Lola de Saavedra, también de pie reconocía el talento de otra musa salteña que, junto a los Dávalos y el Cuchi, entre otros, enriquecieron su vida con la magia de su poesía.

Con ética de artista, y entre una que otra copa de vino, la convocatoria se extendió a Sergio Reyes y Luis Leguizamón, quienes van sembrando el cielo azul de la bohemia salteña. Se sumaron al evento durante estas tres noches, Juan Carlos Marín y el guitarrista Gustavo Kantor. Todos juntos dejaron al público esos vientos de la memoria oral, de ese lenguaje que se escribe en versos.

“Poyeras llutas” sin ortografía, con ritmo y sonoridad para ser dichas y no escritas, para ser soñadas y sentidas. El cancionero popular salteño tiene ese amanecer sombrío, esas largas siestas, esos quebrachos que sangran dolientes de recuerdos y esos personajes que nos fecundan de verdad. Letras universales con color local, un desafío para nuestra cultura y nuestra incipiente historia vívida.

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