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n este último tiempo, tanto organismos internacionales como consultoras privadas han analizado el crecimiento de la clase media argentina. Mientras unos dicen que creció y hasta se duplicó, otros dicen que viene en caída. Lo raro es que ambas partes tienen razón. Creció mucho, pero viene en caída. Lo que cambia es el periodo considerado.

En este último tiempo, tanto organismos internacionales como consultoras privadas han analizado el crecimiento de la clase media argentina. Mientras unos dicen que creció y hasta se duplicó, otros dicen que viene en caída. Lo raro es que ambas partes tienen razón. Creció mucho, pero viene en caída. Lo que cambia es el periodo considerado.

Toda la discusión comenzó en 2012 con un informe del Banco Mundial en el que se describía la creación de clase media en Latinoamérica a comienzos del siglo veintiuno. Según el informe, entre 2003 y 2009 hubo cerca de 50 millones de latinoamericanos que pasaron de la clase baja a la media. De estas 50 millones de personas, 9,3 millones fueron argentinas. Es decir, el Banco Mundial calculó que en esos 8 años, un 25% de los argentinos pasó a formar parte de la tan anhelada clase media trabajadora. Dentro de la región, fue el país con mayor proporción.

A su vez, en el informe se detalla el rango de ingresos de una familia de clase media, siendo la que tiene un ingreso de entre US$ 10 y US$ 50 por día. Es decir, para una familia tipo con cuatro personas, se requieren entre US$ 40 y US$ 200 por día, o algo así como US$ 1.200 – US$ 6.000 por hogar por mes. A partir de este nivel de ingreso en dólares, el Banco mundial concluyó que, entre 2003 y 2009, la clase media se duplicó, superando ampliamente la performance de la región y siendo el mejor de la clase. A tipo de cambio oficial, esto implica un ingreso mensual de entre $ 11.022 y $55.110, según los valores actuales. Se puede calcular cuánto sería hoy el rango con distintos tipos de cambio.

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Hace pocos días, el gobierno se alegró de conocer un informe del Pew Research Center en el cual se reporta que, en línea con lo antes informado por el Banco Mundial, la clase media había crecido espectacularmente, alcanzando el 32,5% de las familias, lo cual significó un aumento de 117% entre 2001 y 2011. Ahora bien, sin importar el periodo que se tome, es obvio que entre 2001 y 2011 hubo una mejora considerable en los indicadores sociales, especialmente cuando se considera que el comienzo del periodo es en medio de la mayor crisis de la historia del país. El problema surge cuando se considera la última etapa del gobierno Kirchnerista, la que dejó atrás las mejoras de los primeros años, y se ve la actualidad. Más allá de lo beneficioso de los estudios antes mencionados, ninguno analiza la realidad posterior a 2011, es decir, ninguno analiza el último gobierno de Fernández de Kirchner.

Ahora bien, si se asume que el rango fijado por el Banco Mundial aun es útil para definir la porción que pertenece a la clase media, al primer trimestre de 2015 y tomando el tipo de cambio oficial, tan solo un 35% de los hogares tenía ingresos superiores al mínimo que el Banco Mundial plantea – y eso si se incluye la clase alta en este porcentaje. Por otro lado, si se considera que el dólar oficial no es un buen parámetro de la realidad y que el dólar tarjeta es más útil para medir el gasto efectivo en dólares, tan solo el 20% de la población podrá ser considerado de clase media (o alta) ya que solo esa porción de los hogares percibe ingresos por encima de los $15.000. Por último, tomar el dólar blue significaría excluir de la clase media a casi 85% de los hogares. Sin embargo, el dólar blue tampoco es un buen parámetro de la realidad, por lo que consideraremos el tipo de cambio oficial más el impuesto por compras en el exterior con tarjeta de crédito, que fija el piso en alrededor de $15.000 y una clase media cercana al 20% de los hogares.

Mientras que los estudios del Banco Mundial y de Pew Research Center consideran el periodo de auge de la economía local, los estudios de CCR e IDESA consideran la realidad más cercana en el tiempo. El primero, a partir de las divisiones que realizan las agencias de marketing y publicidad en base al consumo, concluyó que, en el último tiempo, la clase media se contrajo frente al aumento de la clase baja. Según sus cálculos, entre 2012 y 2014, la clase media pasó de ocupar el 48,7% de los hogares a ser el 47%. La clase alta, por su parte, cayó en 0,6 puntos porcentuales. Por otro lado, la clase baja pasó de 45,2% a 47,5%. Es decir, la clase baja le está ganando participación a las clases media y alta, lo que puede interpretarse como un retroceso y un empobrecimiento de la población. Hoy la clase baja representa una mayor proporción de los hogares que la clase media.

El estudio de IDESA analiza un punto más coyuntural pero que da cuenta del empobrecimiento de la sociedad y del problema a largo plazo. Según el informe, en promedio, el 28% de los asalariados percibe ingresos por debajo del salario mínimo. No obstante, en casi la mitad de las provincias esta proporción es mayor al 40%. Un dato extra es que, dentro del porcentaje que percibe menos del salario mínimo legal, un 73% son trabajadores informales.

Así, si bien la clase media se recuperó luego de la crisis del 2001 y retomó su lugar en la pirámide social, en los últimos años este terreno ganado parece estar cada vez más frágil. La clase media pierde terreno y cada vez hay más trabajadores por debajo del mínimo, lo cual da cuenta de la baja productividad con la que se ingresa al mercado laboral. Un aumento de productividad dado por la capacitación laboral y una reducción progresiva de las cargas sociales se vuelven imperativos para volver a generar las condiciones necesarias para la creación de una clase media sostenible.

– Por Federico G. Rouco – Licenciado en Economía por la UCA y la University of Leeds y está cursando el Posgrado en Economía Social de la UCA. Además es Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso.
Twitter: @fgrouco

– Fuente: Fortuna

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