Este fue el cierre de un intenso año de la Escuela de Música de la Universidad Católica de Salta que conduce el mismo Jorge Lhez que de a poco va mostrando el acierto de haberla implementado.
Lo vivido en la noche del miércoles es un ínfimo porcentaje de lo que significa aquella idea, pero para nosotros, los salteños, es un paso más que alguna vez conducirá a que similar intención, brinde la oportunidad para que algunos de sus alumnos lleguen cuando menos a la Orquesta Sinfónica de Salta.
La Orquesta Sinfónica de Salta ha hecho varias veces cada una de estas obras. Las tiene “en dedo” y esta circunstancia ayudó para que la labor del director visitante sea aceptable. Estoy persuadido que el maestro Céspedes las conoce bien, pero en lugar de lucirse, su labor fue algo opaca.
Toda la obra, el ballet, la música y la ambientación, tiene un hilo unificador: el misterio y la poderosa creatividad de la primavera. Este hilo unificador reemplaza la falta de melodías y la carencia de un argumento lo cual no impide que el movimiento coreográfico del ballet, creado por el inmortal Vaslav Nijinsky, brinde una acabada comprensión artística.
La agrupación salteña que dirige Beatriz Fernández de Briones regresó anoche luego de casi 15 días de muy intensa actividad, en las ciudades y lugares programados y anunciados oportunamente para la realización de sus conciertos en esta gira por Argentina, la cual fue declarada de interés provincial por el Gobierno de la Provincia de Salta y su Secretaría de Cultura.
Otra vez un director invitado conduciendo la orquesta sinfónica local, con acierto, con musicalidad, con un excelente trabajo previo, pero con un repertorio tal vez no muy llamativo ante un teatro cubierto a medias por el público. Espero que las autoridades observen este tema.
El maestro Javier Anderlini, uno de los mejores instrumentistas de la Orquesta Sinfónica de Salta, si no el mejor, ha dado una nueva demostración de sus innegables condiciones técnico-musicales. Su repertorio transitó por la inspiración de Ravel, la Viena bethoveniana y el pianismo de Chopin.
Un director invitado siempre mueve, cuando menos, a la curiosidad, a la inquietud de ver cómo se desenvuelve, qué puede dejar a nuestra orquesta, cuán diferente puede ser con el titular desde lo técnico pues desde el modo de relación entre conductor y dirigidos ya es sabido: el actual no despierta precisamente, la alegría de hacer música, de convertir el sonido en arte.
En otras oportunidades he hablado de este proyecto social, cultural y educativo que representa la creación de esta orquesta infanto-juvenil que hoy esta dividida en dos, denominadas respectivamente “Haydn” y “Mozart”.
La escuela de música Zoltan Kodaly de Maracaibo era un pandemonium. En el ingreso estaban los sonidos de violines, violonchelos, pianos, flautas, etc. que surgían de sus aulas en el marco de la sección académica del IX Festival y Academia del Nuevo Mundo.